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Ayuda a tus hijos a prevenir trastornos de alimentación. Tips por grupos de edad

Si crees que por trastornos de la alimentación (TCA) me refiero a anorexia o a bulimia, estás en lo cierto, pero también existen otros trastornos que aunque no tienen un nombre tan conocido y se les conoce más como desórdenes alimenticios, pueden tener consecuencias muy graves en la salud de quien los padece y nosotros como padres podemos ayudar a prevenirlos. Se dice que alguien puede padecer un desorden alimenticio cuando:

a) Lleva mucho años en distintas dietas.- a esto se le llama “yo-yo dieting” y la persona sube y baja de peso constantemente.
b) Realiza frecuentemente dietas muy estrictas o dietas de moda
c) Siente culpa cuando no logra apegarse al regimen de alimentación o ejercicio que considera adecuado.
d) Tiene una constante preocupación por la comida, el cuerpo y/o el ejercicio, que provoca un impacto negativo en su calidad de vida.
e) Come compulsivamente o por razones emocionales.
f) Realiza conductas compensatorias después de “pecar”.- Puede ser desde dejar de comer, purgarse, uso de laxantes o hasta la realización de ejercicio extremo o por mucho tiempo después del supuesto “exceso”.

Estamos tan acostumbrados a ver estas actitudes en las personas, que parecerían normales y hasta deseables (LO QUE SEA con tal de estar delgad@ o fit), pero no lo son y tenemos que saber que pueden provocar problemas graves que van desde obesidad, anorexia, bulimia, pérdida ósea (del hueso), problemas en el balance de líquidos y electrolitos en el cuerpo y problemas cardiacos, hasta problemas graves de ansiedad, depresión y hasta aislamiento social.

Es cierto que los anuncios de televisión, las fotos de las revistas, las pasarelas y lo que se ve en internet ha provocado una gran presión por estar delgado o en forma y detona estos problemas, pero muchas veces esa presión y/o ansiedad en temas de alimentación inicia o crece en casa y es ahí donde nosotros como padres, abuelos, cuidadores, guías, etc., tenemos un papel fundamental para su prevención.

Así es que ahí van unos tips por edad que podrían ayudar a disminuir desórdenes alimenticios y por ende TCA en etapas posteriores:

Cuando son bebés y/o pequeñitos:

  • Lactancia materna.- Si el bebé está creciendo bien, debe ofrecerse leche materna de manera exclusiva hasta los seis meses de edad. Si el bebé es pequeño puede iniciarse con sólidos desde los 4 meses, sin dejar de dar leche materna. Esta práctica disminuye el riesgo de bajo peso, sobrepeso y/u obesidad a largo plazo y entre más tiempo se brinde más anticuerpos y nutrimentos saludables se pasan al bebé.
  • Acostumbrar a texturas y variedad de alimentos lo antes posible.- El inicio con alimentos sólidos antes de los seis meses de edad puede aumentar riesgo de intolerancias, alergias y otros problemas gastrointestinales. Después de esta edad puede iniciarse con papillas, preferentemente caseras, para que no sean tan molidas y ayuden al bebé a acostumbrarse a diferentes texturas, sabores y aromas que lo ayudarán a ser menos quisquilloso y ser un mejor comensal en etapas posteriores.
  • Evitar alimentos condimentados, endulzados y/o salados. Evitar los jugos. Entre más tarde se introduzcan sabores intensos, los niños aprenderán a disfrutar el sabor real y natural de los alimentos.
  • Integrarlos al horario familiar lo antes posible.- Los bebés y niños pequeños deben adaptarse a los hábitos familiares y no la familia a los horarios y/o hábitos del pequeño. Aunque éste tenga más tiempos de comida, intentar que por lo menos desayuno, comida y cena los pase disfrutando junto a la familia. Es importante regresar a aquellas épocas en las que la alimentación era más que introducir alimento y era además un tiempo para socializar, reír, convivir y disfrutar. Evitar discusiones durante las comidas para no asociar la comida con emociones negativas.
  • Establecer reglas familiares claras.- Cada familia debe decidir lo que es adecuado o no adecuado en base a la información dada por el nutriólogo. Transmitir esas reglas familiares de manera clara a los hijos brindando una explicación enfocada en la salud para cada una de ellas. Por ejemplo: número de dulces al día o a la semana o al mes, comer o no viendo la televisión, etc.
Es muy importante ayudarlos a identificar si tienen hambre o no por lo que nunca se les debe obligar a comer o a terminarse lo que está en el plato y de preferencia servir en platos pequeños para acostumbrarlos a tamaños de porción adecuados para cada edad, permitiéndoles servirse las veces que sean necesarias hasta quedar satisfechos. Reforzar la importancia de comer lento, masticar y disfrutar los alimentos.

Cuando ya van a la escuela:

  • Dar educación de cada alimento enfocada a la salud y no al peso.- evitar decir: “no puedes refresco o dulce porque engorda” y preferir hablar acerca de las frutas como un superalimento que ayuda a su cuerpo a curarse cuando se raspan o lastiman.
  • No hay alimentos malos o buenos.- Es importante que el niño desde pequeño entienda la razón de no consumir tanto algunos alimentos y que no lo sienta como una prohibición sin sentido. Explicar que hay alimentos que debemos preferir para proteger al cuerpo y ayudarlo a que funcione bien y otros que debemos comer de vez en cuando porque en exceso nos pueden enfermar y dependiendo de la edad dar ejemplos.
  • Promover el desayuno.- En México, la mayoría de niños y adolescentes salen de casa sin desayunar, lo que se ha asociado a menor rendimiento escolar, irritabilidad y un mayor consumo de alimentos no saludables en otras horas del día. Para aquellos que no están acostumbrados o no les da hambre se recomienda empezar con una pequeña fruta o mordida de quesadilla o un poco de leche para ir despertando de nuevo las señales internas de hambre en el niño e ir acomodando poco a poco sus hábitos del resto del día.
  • Mandar lunch saludable pero que de saciedad.- En este tema estamos viviendo dos extremos, por un lado cada vez más niños que compran algo en la tiendita (poco control de los padres en la elección) y por el otro, niños con lunch demasiado saludable que no brinda saciedad y que promueve que el niño busque alimentos menos saludables en los amigos y se hagan intercambios. Por eso la recomendación es brindar refrigerios saludables pero muy saciadores como frutos secos, sándwiches con proteína magra (pechuga de pavo, pollo, atún, quesos bajos en grasa) o proteína vegetal (crema de almendra o de cacahuate) frutas, yogurt y verduras, así como incluir, de vez en cuando, frituras o botanas menos saludables para que el niño/adolescente aprenda que de vez en cuando se pueden consumir sin problema. Esto baja la ansiedad en los niños y evita el consumo de estos alimentos menos saludables a escondidas o con culpa.

Niños no tan pequeños y adolescentes:

  • Dejar que decida cuánto comer.- La responsabilidad de los padres, abuelos y/o cuidadores es ofrecer alimentos saludables, buscar recetas, informarse en temas de alimentación y nutrición y dar esa información de manera atractiva e interesante a sus hijos. La responsabilidad de los hijos es probar nuevos alimentos y decidir la cantidad de alimento que van a consumir dependiendo de sus señales de hambre y saciedad.
  • Evitar ser un padre controlador en temas de alimentación.– Las reglas claras no deben verse como un excesivo control de los padres sino como una estructura que ayuda a la familia a vivir más y con mejor calidad de vida. Si el adolescente “rebelde” encuentra sentido a las reglas, las respetará, sabiendo que su salud está en sus manos, es decir, se hará responsable de sus decisiones. Si siente excesivo control y/o no le hacen sentido las reglas, intentará tomar el control y seguramente lo hará desarrollando un TCA que enseñe a los padres quien tiene realmente ese control.
  • Fortalecer su autoestima.- Lo más importante de todo es que los hijos sepan que los amamos como son, que cada cuerpo es único y bello y que son queridos y admirados por ser quienes son y no por su cuerpo o imagen. Un adolescente con buena autoestima cuidará su cuerpo pensando en salud, disfrutará de los alimentos sin culpa y con moderación, tendrá menor ansiedad ante los obstáculos a los que se enfrente y tendrá más herramientas para comentarios negativos que pudieran detonar un TCA.
Y sin importar la edad de los hijos, los padres debemos: evitar hablar de dietas o de cómo odiamos las verduras, evitar comentarios negativos de nuestro propio cuerpo o el de otros, debemos comer sin culpa, disfrutar cocinar y comer en familia, fomentar el deporte haciendo actividades divertidas en familia los fines de semana y muchas otras cosas, pero al final lo más importante siempre será…. DAR EL EJEMPLO, ya que disminuyendo nuestra propia ansiedad en temas de alimentación lograremos que nuestros hijos tengan una mejor relación con la comida y tengan menos desórdenes alimenticios que los que tenemos hoy en día.

Esther Schiffman

Nutrióloga, especialista en obesidad y síndrome metabólico, apasionada por promover la comida mexicana como parte fundamental de una alimentación saludable así como en lograr un cambio verdadero y a largo a plazo en las personas mediante el logro de pequeñas metas, con dietas deliciosas, con todos los alimentos, con la práctica de ejercicio regular y sin cambios radicales que a la larga no puedan mantener o que pongan en riesgo su salud.

Tel. Consultorio – 55966646
Twitter – @nutestherschiff
Email – nut.estherschiffman@gmail.com



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