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¡Cuídate de los “7 peligros de la naturaleza humana”!

INformando con Ale DienerParece que el mundo está de cabeza. Mucha gente se queja que ya no alcanza para nada, que el dinero ya no es lo que era antes, que el trabajo es tanto que ya no nos da tiempo para nosotros mismos, y cuando salimos, es que queremos comernos al mundo y sacar todo lo que tenemos dentro para poder continuar y olvidarnos de la realidad, pero cuando regresamos, nos damos cuenta que la realidad ahí está y no se va.

Hoy les voy a platicar de:

Siete peligros de la naturaleza humana

Hay que tener mucho cuidado, son siete peligros que hay que tener muy en cuenta.
El primero: riqueza sin trabajo. Si te vuelves rico sin trabajar y si no haces gran esfuerzo, entonces cuidado, es un peligro, porque quiere decir que lo estás haciendo de una forma que no es lícita.

Placer sin responsabilidad. Ahí va para el tema del sexo recreativo. ¿En realidad el placer se puede obtener sin responsabilidad? Claro que sí, me dirán muchos de ustedes; pero, ¿qué implica que no te hagas responsable por ese placer? Bueno, pues hay que reflexionarlo.

Número tres, otro peligro de la naturaleza humana: conocimiento sin carácter. Cuando quieres conocer todo, pero no sabes en realidad el fondo de las cosas, que no tienes objetividad, que no tienes una opinión que esté basada en la realidad y no en ideas particulares, eso es conocimiento sin carácter.

El cuarto peligro de la naturaleza humana: negocio sin ética. Si estás haciendo negocios, pero que van encima de lo que sea con tal de obtenerlos, entonces es un negocio sin ética, es maquiavélico; es decir, el fin justifica los medios, y eso es un peligro de la naturaleza humana.

Número cinco: sería la ciencia sin humanidad. No se vale que aunque sea técnicamente posible, sea aceptable; porque cuando no es moralmente correcto, entonces ahí es donde no hay humanidad. Ciencia sin humanidad, no se vale que aunque se pueda, se haga.

Número seis: religión sin sacrificio. Esas religiones que de repente nos venden que mientras tú estés bien, da igual lo demás. Esas religiones son más bien falacias que nos hacen creer que mientras nosotros estemos bien, lo demás se puede ir por un tubo.

Y el número siete, el peligro número siete de la naturaleza humana sería: política sin principios. Cuando eres político y no tienes principios y te vendes al mejor postor, ahí es donde es un peligro para toda la humanidad.

Espero los tomen en cuenta siempre en su vida.


Alejandra Diener

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Ciudadano y habitante

INformando con Ale DienerTodos los mexicanos somos habitantes de este territorio extenso llamado el Cuerno de la Abundancia. Todos lo somos por el simple hecho de poblar una extensión de tierra llamada México. Por el contrario, no todos los habitantes, son ciudadanos. ¿Por qué razón? Porque los ciudadanos cuando éstos son excluidos de los derechos que la Constitución les otorga, dejan de ser ciudadanos. Un ciudadano es miembro de una comunidad política, lo que conlleva a esa persona a una serie de deberes y una serie de derechos. Entre los más importantes deberes es la participación política, mediante el derecho al voto que es la seña de identidad de las democracias representativas, predominantes en el mundo.

Asimismo, un ciudadano tiene el deber de hacer algo por su entidad, de ver por su bienestar, de ser honesto, de ser solidario. Es decir, un ciudadano debe de ser cívico y brindarle algo positivo a su comunidad. Un ciudadano tiene la obligación moral de lograr que su entorno se desempeñe de forma pacífica. No es posible concebir que un ciudadano no vea por su ciudad. Esa ciudad se hace gracias a los ciudadanos, y si éstos no hacen nada por su metrópoli, la urbe donde nació, donde vive será una cuna fallida que sólo dará como resultado contrariedades que trascenderán a las generaciones siguientes.

Estamos viviendo una época difícil en México, una era en que parece que el fondo aún no ha llegado. Algunos pesimistas dicen que esta situación de violencia, pobreza, de civismo carente, que este ambiente de hostilidad, de inseguridad, de incertidumbre política, lleva tantos años gestándose que para que se revierta faltan lustros ¡Qué digo! ¡Décadas! Y eso a mí, Alejandra Diener no me cuadra. Yo soy de la idea que se revertirá el momento en que nosotros, los ciudadanos mexicanos lo precisemos. Si queremos, lo lograremos. ¿Sueno utópico? ¿Imposible o romántico? ¡Puede ser! Pero créanme que los sueños son ilimitados y no tienen fin como una meta. Soy de la idea que si nos proponemos cambiar de actitud personal, este ambiente mejorará.

A su vez, también me atrevería a decir que así como estamos viviendo un contexto desafortunado y triste, igualmente veo que comienza a encenderse una chispa dentro de la esperanza que muchos no hemos perdido. Una centella que si continúa así, estoy segura encenderá un fuego de positivismo y de acción. Así es, de acción positiva. Porque veo muchos movimientos que comienzan a sacudir conciencias, que están despertando a ese gigante dormido que se llama “Mexicanos al grito de guerra” ese gigante que está formado por millones de manos trabajadoras que han tomado un camino equivocado, pero que no está perdido, porque siempre han sabido retomar el sendero correcto.

Esos mexicanos son todos ustedes que leen en este preciso momento, son todos los ciudadanos que se saben importantes para su patria, pero que por tal o cual situación han perdido la fe, la esperanza, han olvidado que tienen una obligación para con esta tierra que los vio nacer. Un deber con los más desprotegidos, un compromiso con la sociedad, con el civismo, la justicia y la legalidad.

Porque un ciudadano no es solamente el que participa en la política y le exige a sus políticos, un ciudadano es aquél que a su alrededor hace la diferencia. Un ciudadano va más allá de ejercer el voto en las elecciones y después olvidarse de su elección. Un ciudadano se preocupa por respetar las reglas, de imponer normas éticas y de ser honesto en su desempeño diario. Un ciudadano es quien recoge la basura aunque no la haya tirado él, es quien planta un árbol aunque sepa que le toca a su delegación, un ciudadano paga sus impuestos, educa a sus hijos a Ser y al deber ser. Un verdadero ciudadano habla de su país siempre buscando lo bueno y tratando de mejorar lo malo. Un ciudadano es quien ve primero en él lo que ha hecho o dejado de hacer para que su país esté como esté.

Ahora te pregunto: ¿tú qué eres? O ¿qué quieres ser? Solo en la medida en que asumamos nuestra responsabilidad como ciudadanos, haremos que nuestra comunidad, nuestra ciudad, nuestro Estado, nuestro País mejore y sea una Nación a la altura de sus ciudadanos.

Hagamos que esa chispa se prenda y forje un gran incendio de positivismo, de activismo y sobre todo de cambio para bien. Ese destello está en cada uno de nosotros, sólo falta que lo asumamos y nos sepamos capaces de cambiar, de mejorar. Que el soldado que en cada hijo hay de esta nación se levante y luche por su país, porque si no lo hacemos, los primeros perjudicados seremos los habitantes y ciudadanos de esta maravillosa tierra llamada México.


Alejandra Diener

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¿Cómo ha cambiado la mujer a lo largo de las décadas?

INformando con Ale DienerDurante los años 30 y 40, la vida de las mujeres se caracterizaba por la dificultad, el trabajo duro, la independencia y una mayor responsabilidad en casa y en el trabajo.

Les tengo un tema fascinante: ¿Cómo ha cambiado la mujer a lo largo de las décadas, sobre todo en el siglo XX y especialmente en los temas de maternidad, cuidado y crianza de los hijos?

Esto no quiere decir que haya sido bueno; al contrario, tal vez hoy estamos justamente cosechando todo aquello que parecía ser mejor, a la moda.
Por ejemplo, la libertad que proveyó a las mujeres de mayores oportunidades fuera de casa, a principios de los años 1900, inevitablemente fue transferida al embarazo. Las mujeres ya no quisieron estar confinadas y apartadas del mundo y de la vista pública cuando sus embarazos comenzaban a notarse.

La primera ropa de maternidad fue ofrecida en 1905, con un anuncio que retrataba la opción entre la imagen de una mujer sola y embarazada, mirando por una ventana el mundo de fuera, ajetreado y bullicioso; o a una mujer en suelta pero elegante ropa, de compras en una tienda muy concurrida.
También la alimentación artificial para los bebés se hizo cada vez más popular, no sólo porque se pregonaba que la leche materna no era tan buena como la fórmula, sino también porque contribuyó a liberar a la mujer del cuidado de los niños.

La libertad del dolor del parto es otro tema. Seguramente aquí encaja, en estas tendencias de disminuir el esfuerzo y trabajo de las vidas de las mujeres, la demanda del parto indoloro. Provino y fue mantenida viva por las mujeres en maternidad, que compararon el dolor con el peligro y la libertad del dolor con seguridad.

Todo esto ha ido pasando década tras década. Sin embargo, en este nuevo siglo XXI parece que estamos retomando la conciencia, nos estamos humanizando. La mayoría de los médicos, por ejemplo, en Estados Unidos, al principio estuvieron opuestos al nuevo sueño crepuscular, que le llamaban cuando las mujeres parían sin dolor, porque estaban totalmente dormidas y sedadas con una mezcla de fármacos y narcóticos, que no entendían ni lo que pasaba.

Las mujeres percibían a los médicos que se opusieron a este tipo de parto como “machistas”, como que iban en contra de la mujer. Y todos los artículos y publicidad para este sueño crepuscular equiparaban al parto sin dolor con infantes y madres sanos, en los tiempos en que una de cada 154 mujeres morían en el parto y la mortalidad infantil era del 13 por ciento.


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Hablar bien de los demás nos hace crecer como personas

INformando con Ale Diener¿Han practicado alguna vez para hablar bien de los demás, para que si no tienes nada bueno que decir de otros, mejor calles?

En esta ocasión les hablaré de la benedicencia basándome en el libro “Hablar bien para vivir mejor”, del P. Adolfo Güemes Suárez. Hablar bien también nos hace crecer.

¡Atención! Para conquistar una virtud no basta evitar el vicio contrario; es indispensable formarla a base de la repetición de actos virtuosos. Por eso, lo más importante es que te esfuerces practicando “que te muerdas la lengua cuando quieres criticar, cuando quieres hablar mal de alguien”.

La benedicencia no consiste en no criticar solamente porque si bien eso ya sería un gran logro, no construye absolutamente nada. Tenemos que ir más lejos: la persona benedicente es proactiva en descubrir las cosas positivas de los demás, de los acontecimientos de cuantos tienes cerca. Si a una persona te la quieres comer viva y quieres criticarla, detente, ponte a pensar: seguramente tiene algo bueno, vamos a encontrárselo. Cuenta con un sexto sentido para ver más allá de los defectos. Su vista no se centra en la mancha negra. Esa persona que encuentra algo bueno en la otra a pesar de que parezca que tiene puras cosas malas, es una persona con mucha intuición, no se queda en las espinas sino en la rosa viva y fresca.

No pienses que eso significa adular; todo lo contrario. Adular es inventarse halagos para ganarse un beneficio. La benedicencia busca sólo lo que es bueno de verdad, lo reconoce, habla de ello y así logra que cada vez haya menos manchas negras. La persona benedicente siempre anima a los demás.

Te invito a detenerte un momento. Piensa, ¿cuánta gente te ha alentado en momentos en los que tú querías tirar todo por la borda? En esos momentos no necesitabas un regaño o una crítica, sino una palabra de aliento. ¿Cuánto debes a esas personas? Bueno, vuélvete esa persona. Crece por hablar bien de los demás.


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Oxitocina, la hormona del amor

INformando con Ale DienerLa oxitocina, una hormona que producimos las mujeres principalmente en muchas ocasiones de nuestra vida.

Les pregunto: ¿Ustedes saben que esta hormona es también conocida como la hormona del amor? Ahora verán por qué:

La oxiticina es necesaria para el parto, para que provoquen las contracciones y el bebé pueda salir. Asimismo, es buena para eyectar la leche materna, junto con otras hormonas como la prolactina; pero la oxitocina es clave para la lactancia.

Aquí no termina todo. Resulta que cuando la madre ha parido, la oxitocina ayudará a que el útero o matriz se vuelva a involucionar o a enjutar, es decir, a hacerse chiquito. De haber sido del tamaño de un jitomatito, creció tanto con él bebé, que se volvió una sandía; pero después de que nace el bebé, ese útero debe de hacerse nuevamente como jitomate; si no, la mamá muere desangrada. La oxitocina ayuda a que esto no suceda.

Pero lo más impresionante de todo es que la oxitocina, llamada la hormona del amor, hace que mamá y bebé estén ya vinculados de por vida, aun sin conocerse.

Por eso, dicen que es la primera cita a ciegas que desencadena el amor. Resulta que no solamente por esto le llaman del amor, sino que se ha comprobado que cuando una mujer está teniendo una relación sexual, de igual manera está secretando oxitocina, provocando un vínculo especial con el hombre con quien se encuentra en el acto sexual. Esto es peligroso y a su vez sigiloso, porque la mayoría no lo sabe, y aunque lo sepa, se siente enamorada de un posible romance fugaz. Puede llegar a sentirse desesperada, y sobre todo angustiada, si solamente fue una relación pasajera.

En la maternidad, este químico se transforma con el tiempo en un amor verdadero. A su vez, en el amor de pareja, cuando esto sucede, se nubla la razón y las decisiones pueden ser tomadas con ceguera emocional puesto que la química es la que domina a la mente, y luego es cuando vienen las preguntas: ¿qué debo de hacer?, ¿me debo de casar?, ¿lo amo tanto que no puedo vivir sin él?, ¿qué pasa con mi vida? Siento un vacío en mi estómago, siento mariposas, no puedo pensar claro.

La oxitocina también se ha encontrado que es secretada por el hombre en menor proporción; pero lo poco que secreta, hace que se fortalezca su fidelidad a esa mujer por el vínculo que se genera.

Entonces, queridos amigos, es importante considerar que cuando se tenga una relación sexual, sea en una situación comprometida, para que todo este bombardeo químico no nos confunda y nos llegue a lastimar tanto, que hay quienes llegan a decir: “me quiero morir de amor”.


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¿Eres papá proactivo o reactivo?

INformando con Ale DienerEn casa debe de haber disciplina y seguramente tú tienes en tu casa. ¿Pero, tú sabes qué tipo de disciplina empleas en tu casa? Hay dos tipos que se engloban a grandes rasgos: una es la proactiva y la dos es la reactiva.

La proactiva es la disciplina a priori, es decir, se anticipa a los problemas; es como si fuera medicina preventiva y previene para gobernar. Una disciplina con esta característica intenta resolver problemas y el orden o la estructura es un medio para facilitar el aprendizaje. Un papá proactivo busca convivir y los conflictos los ve como una oportunidad para discutir propositivamente con sus hijos, los momentos tensos los ve como algo natural y positivo para mejorar. El lema de un padre que vive una disciplina proactiva es: “merece ser analizado para que no vuelva a suceder”.

O al contrario, la disciplina reactiva. Esta disciplina es más común porque los papás actuamos más en automático que en manual, es decir, no pensamos al actuar. Esa forma de educar es a posteriori. Continúan los problemas y el papá reactivo intenta resolver el pasado y el orden lo considera un fin en sí mismo, en lugar de verlo como una herramienta para educar. Un padre reactivo quiere ajustar cuentas y los conflictos los ve como un problema extraordinario y negativo, el lema de un papá o mamá reactivo es: “¡esto merece un castigo!”.

¿Ya te diste cuenta en qué disciplina caes tú? Para que empieces a trabajar en ello y mejores. Y me imagino que estás haciendo reflexión, que estás haciendo una introspección. De esta manera podrás equiparar con las normas que se emplean en tu hogar y percatarte si usas un reglamento tradicional o normas de elaboración progresiva. Estas dos las veremos en la próxima entrada.


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¡Tú tienes la libertad de elegir la virtud o el vicio!

INformando con Ale Diener

El cuerpo y el espíritu interactúan al unísono cuando se toman decisiones o llevamos a cabo cualquier actividad.

Hoy les voy hablar un poco de los hábitos y de las virtudes para lograr tener límites en la vida personal y así poder empleárselos a nuestros hijos, basado en mi último libro “Mi hijo no tiene límites… ¿seré yo quien no los tiene?”, de Editorial Porrúa.

Así es, los hábitos se tienen que comprender a partir de la persona. Si tú sabes que estás hecho de cuerpo y espíritu, vas a lograr entender cómo funcionas. La inteligencia, la voluntad y la libertad son facultades exclusivas del ser humano, son atributos que nos hacen distintos a cualquier otro ser vivo y que, a su vez, van a encaminarnos a ser mejores personas, mejores de lo que podemos ser. Como adultos, a pesar de no ser perfectos, somos capaces de mejorarnos a nosotros mismos, somos perfectibles.

Esta verdad nos orienta para comprender a nuestros hijos y saber que, a pesar de que nacen con una esencia, cada uno con su temperamento y dones, nosotros si nos conocemos bien, podemos ayudarlos a ellos a conocerse a sí mismos y a su vez a perfeccionarse.

En la medida en que logremos lo anterior, ayudaremos a nuestros hijos a que sean felices y por ende, verdaderamente libres, que no es lo mismo que absolutamente libres. Por ello entender los conceptos de virtud, valor y vicios es imprescindible; pero sobre todo saber aplicarlo en nuestra vida nos facilitará nuestro trabajo como padres.

Un hábito es un acto deliberado, bueno o malo; el hábito bueno es la virtud y el hábito malo es el vicio. Es una conducta que repetimos constantemente, volviéndose algo cotidiano en la vida de cualquier ser humano. Eso es la virtud, o el vicio, si es malo.

Evidentemente, lo que buscamos es un hábito bueno; pero esto implica mucho esfuerzo y trabajo en la voluntad. La conciencia nos ayuda a entender qué es lo mejor, pero como somos libres: podemos decidir si somos ordenados o no en lo que elegimos.

Entonces, ustedes ya saben: para tener límites en la vida, hay que entender qué son las virtudes, hay que poder trabajar en los valores y así ser mejores personas.


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El vínculo en la familia es vital para nuestros hijos

INformando con Ale DienerEl vínculo es algo necesario para los seres humanos; sobre todo, los especialistas nos dicen que un vínculo es muy importante entre un niño y un adulto. Para que un niño se abra a ser dirigido por un adulto, tiene que sentir un activo vínculo con ese adulto, desear su contacto y sentirse cercano a él.

¿Cómo están queridos amigos de EddyWarman.tv? Vamos hablar del vínculo.

Es importante mencionar que al comienzo de la vida, ese impulso a vincularse es del todo
físico; el bebé se adhiere, literalmente, a los progenitores y quiere que lo sostengan en brazos; esto es algo sumamente importante, sobre todo en las especies homeotermas, es decir, de sangre caliente.

Poseen un sentido innato de orientación, requieren recibir un sentido de orientación de alguien más. Al igual que un imán, gira automáticamente hacia el Polo Norte, los niños tienen una necesidad connatural de tomar su propia orientación, recurriendo a una fuente de autoridad, contacto y cariño. Los niños no soportan la falta de una figura así en sus vidas; y si esto les pasa, se sienten desorientados, no soportan lo que se llama un “vacío de orientación”. Por eso, es importante mencionar que educar a los hijos, amenazándolos que los vamos a dejar solos, es contraproducente, les causamos baja autoestima.

Esto es una realidad, y muchas veces los padres en la actualidad quieren educar a los hijos en esto que se llama “tiempo fuera” y los dejan solos un rato, los dejan abandonados, sintiendo que los están educando, cuando en realidad les están causando una angustia terrible, que los niños entonces no saben qué hacer.

Por eso es importante que nunca eduquemos de esa manera. Al educar de esa forma, lo único que creamos es miedo; los niños se van a portar bien, no porque comprendan que se tienen que portar bien, sino porque tienen temor a estar solos. La separación ha sido siempre en el ejercicio de los padres; y hoy, les repito, ese disfraz de decir “tiempo de descanso”, “tiempo fuera”, es un eufemismo, y son formas recicladas de abandono, aislamiento, no hacer caso, indiferencia, retiro del cariño.

Siempre han creado más problemas de los que han resuelto. Hoy conllevan una desventaja interior, contribuyen a crear condiciones que aumentan en los jóvenes la tendencia a la orientación a sus iguales; es decir, si se sienten abandonados por sus padres, entonces buscan a sus semejantes, es decir, a sus amigos. Los padres entonces no tendrán nada que ver en la vida de sus hijos, el vínculo se va a ver roto, y ellos van a buscar ese vínculo en otros que son sus amigos. ¿Queremos eso? No. Vamos a fortalecer el vínculo familiar trabajando en el amor, en el tiempo de calidad.


Alejandra Diener

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Mi hijo no tiene límites… ¿seré yo quien no los tiene?

INformando con Ale DienerEn las últimas semanas hemos estado hablando sobre el vacío existencial que nos lleva a consumir drogas en este mundo actual que nos ha tocado transitar, que nos ha demostrado que la drogadicción no necesariamente es un tema de adicción fisiológica, sino que es una adicción espiritual.

En esta ocasión hablaré un poco sobre los límites en la vida de una persona; estos límites nos van a ayudar a que ese vacío espiritual no esté tan vacío.

Esto está basado en mi más reciente libro “Mi hijo no tiene límites, ¿seré yo quien no los tiene?”, de Editorial Porrúa, que les invito a leer. Este libro está pensado en todos ustedes, sin importar si están casados, divorciados, o son padres o madres solteras; y tampoco no importa si no tienes hijos. Es importante que te conozcas para que seas feliz.

La libertad no es absoluta, la libertad es el valor fundamental del individuo; nuestros hijos son personas libres que deben comprender esa facultad como tal, para que vivan con límites que les ayuden a ser felices. Si comprenden que la libertad consiste en el desarrollo de capacidades del ser humano para ponerlas al servicio de la comunidad, heredaremos una sociedad mucho mejor. Por eso es importante que se conozcan, por eso es importante que sepan qué quieren de su vida para saber hacia a dónde van, y entonces así encaminar a sus hijos.

Los límites, queridos amigos, no son exclusivos para los hijos, sino que son útiles para toda persona. Tal vez si se detuvieran un momento a reflexionar sobre su vida, podrían comprender la de sus hijos, y así sabrían la necesidad que tienen, para guiarlos sin importar en qué estructura familiar ustedes estén desempeñándose.

¿Quién eres? ¿Ya lo sabes? ¿Qué quieres? ¿Sabes qué son los límites? ¿Estás dispuesto a vivirlos en tu vida? ¿Estás dispuesto a enseñar a tus hijos a vivirlos en su vida? ¿Eres tan honesto que aceptarías que quien no tiene límites eres tú? ¿Estás consciente de que la libertad absoluta es una mentira?

Te invito a leer este libro de editorial Porrúa, un viaje de reflexión, de introspección, en el que ganarás herramientas para encontrar paz en tu hogar.


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