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¡Que no solo sea un gran deseo!

aliciarabagoCuando hablo con Padres de Familia y les pregunto ¿qué desean para sus hijos?, en su mayoría me contestan: “que sea feliz” o la otra respuesta más común es: “lo mejor”. Sin embargo, cuando hago la siguiente pregunta: ¿cómo piensas lograrlo?, su respuesta no viene tan rápidamente como la primera.

Por supuesto que todos queremos o por lo menos tenemos claro que nos encantaría que nuestros hijos sean felices y que tuvieran todo lo mejor pero las dudas comienzan cuando pasamos del “qué” al “cómo”. Definitivamente no existen recetas ni manuales que nos digan cómo lograrlo pero si hay ciertas estrategias o situaciones que debemos tratar de seguir para encaminar a nuestros hijos a disfrutar de la vida para aprender a ser felices todos los días.

Yo creo que este deseo que se tiene para con los hijos viene desde que el hombre existe, aunque lo que ha cambiado mucho es la forma en que los padres estamos cooperando para que esto suceda. Hoy me encuentro con muchos padres cuestionándose a si mismos si lo están haciendo bien. Se juzgan duramente y son juzgados por otros padres de familia y, en muchas ocasiones, esto no nos hace tomar las mejores decisiones. Esta generación que educa con la premisa de “quiero darle lo que yo no tuve” creo que en ocasiones pierde la brújula entre el “ser” y “tener” y lo único que ha sucedido es que me encuentro con muchos padres necesitados de que alguien les “resuelva” cómo lograr esto que la mayoría busca.

Sin temor a equivocarme lo primero que tenemos que hacer es tratar, como padres (porque eso somos “PADRES” -personas que educan, guían, acompañan, enseñan, forman etc.-), de ser mejores personas ya que el ejemplo será lo primero que los hijos aprendan de nosotros y si queremos lo mejor para ellos tenemos que enseñarles que nosotros buscamos ser mejores personas todos los días. Los niños cierran muchas veces los oídos a las palabras pero nunca los ojos al ejemplo.

Otro aspecto a considerar es tener muy claro el objetivo que queremos lograr con nuestros hijos. Quiero que sea honesto, que sea leal, que sea respetuoso, que sea íntegro, etc. El plantearnos qué buscamos nos hace tener más claro qué camino seguir. Esto implica en nosotros tengamos muy claro la escala de valores que queremos que nuestros hijos tengan.

Entender desde hoy que, tenga tú hijo la edad que tenga, no siempre podrás estar ahí para resolver todo problema que se le presente por lo cual tendrás que tratar de darle la mayor cantidad de herramientas para que él pueda ser capaz de resolverlas cuando no estés para ayudarle. Irle quitando piedras de su camino en lugar de enseñarlo a quitarlas él no lo hace feliz; quizá en lo inmediato le resuelvas el problema pero le estarás generando uno mayor a la larga ya que creerá que él no es capaz de resolver nada solo. Del fracaso también se aprende.

Desear para tus hijos lo mejor es maravilloso pero de solo desearlo no se cumple. ¡Hay que actuar!


Pedagoga Alicia Rábago

Maestría en Orientación Familiar, Master en Psicología Infantil y en Inteligencia Emocional y Educación
Blog: Edúcalos con Alicia Rábago
Twitter: @AliciaRabago
Mail: educalosparaquelosdemas@gmail.com



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Cambio de estrategias

aliciarabagoEn ocasiones, como padres estamos cansados, muy cansados, de repetir lo mismo muchas veces y ver que no funciona que sigue dejando todo tirado, que no se lava los dientes, que no se mete a bañar cuando es hora, etc.

Pues es momento entonces de cambiar la estrategias que hemos venido ejecutando:

+ Comienza analizando tus comportamientos. Esto es, pregúntate ¿qué haces cuando le pides algo? Gritas, das muchas órdenes al mismo tiempo, tus órdenes son confusas, no verificas que te esté escuchando… Quizá, al analizar tus comportamientos, descubres que ahí se encuentra el fallo.

+ No siempre des la misma respuesta, no seas tan predecible. Incluso puedes decir lo mismo pero utiliza otras palabras. ¿Cuántas veces no te ha pasado que tus hijos te dicen, “ya se lo que vas a decir” o incluso te arremedan diciendo lo que siempre dices?

+ Piensa que según la edad que tiene tú hijo, es el nivel de exigencia que tiene que haber: debemos pensar en objetivos y metas alcanzables para que ellos se motiven. No podemos pedirles de más pero tampoco podemos exigirles de menos; todos necesitamos que confíen en nosotros.

+ No con todos los hijos funciona lo mismo: quizá con un hijo cierta estrategia funcionó y tratas de aplicarla con otro y no sirve. Todos somos diferentes; el lograr conocer a cada uno de tus hijos te da la posibilidad de entender cuál es la mejor manera de acercarte a él.

+ Conocer su mundo y sus reacciones: el saber sus intereses, sus preocupaciones, sus gustos, siempre será una ayuda en esa vía de comunicación. Interésate por sus dibujos animados favoritos, su mejor amigo, su materia preferida o la que más dificultad le cuesta. Como seres humanos nos gusta compartir tiempo con gente que comparta los mismos gustos que nosotros.

Y uno de los puntos más importantes es que muchas veces queremos que algo cambie pero no hacemos nada para que suceda: los cambios comienzan por uno mismo.


Pedagoga Alicia Rábago

Maestría en Orientación Familiar, Master en Psicología Infantil y en Inteligencia Emocional y Educación
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¿Cuándo ya no sabes qué regalarle?

aliciarabagoLa Navidad es una época perfecta para llevar a cabo muchas cosas como pasar más tiempo en familia y compartir muchos momentos, todo el ambiente es favorecedor para que esto suceda, pero también la Navidad nos da la oportunidad de trabajar con nuestro hijos ciertos valores que quizá hoy se han desvirtuado.

Es evidente el consumismo en que estamos inmersos, sin duda, la mercadotecnia hace bien su trabajo y más en esta época en que los niños piden muchos regalos, antes de saber ¿qué? Y ¿cuánto debemos de regalar?, es importante mencionar que el exceso de regalos lo único que logra es perder la atención del niño, hoy a esto se le conoce como el “Sindrome del niño Hiperregalado”, seamos sinceros, es triste ver a un niño abrir un juguete rasgando el papel lo más rápido posible para pasar al siguiente sin darle mucha importancia al regalo en sí, han pasado de disfrutar el regalo a contar cuantos regalos tienen y también muchos de ellos se quedan arrumbados en una esquina sin ser utilizados.

El tener tantos juguetes les hace perder la ilusión y evidentemente es tanta la estimulación que no saben ni cuál les gusta más ni con cuál jugar, es como cuando llegamos a la heladería y encontramos infinidad de sabores nos cuesta más trabajo decidir, que si solo nos ofrecen dos o tres sabores, pues a los niños les pasa lo mismo hemos logrado que pierdan mucha ilusión por que los saturamos de regalos y juguetes que muchas veces ellos no han pedido, esto es reflejo de muchas compensaciones que hacemos los padres por sentir que no pasamos tiempo suficiente con nuestros hijos, pero sin duda, esto no es la solución, un niño siempre preferirá pasar más tiempo con sus papás que tener juguetes que ni si quiera el escogió.

Lo que estamos consiguiendo es formar niños con bajo nivel de tolerancia a la frustración, ya que obtienen incluso más de lo que desean y cuando no lo tienen no lo pueden manejar.

Y sin duda con el exceso de juguetes también estamos limitando su fantasía, esperan que todo venga resuelto, que sea divertido solo de verlo o de apretar un botón, limitamos sus tiempos de creatividad con tanto a su alrededor.

Con todo esto no quiero parecer “grinch” y decir que los niños no reciban regalos, no para nada, lo único que intento es que seamos mucho más conscientes de lo que regalaremos este año.

¿Qué? Y ¿Cuánto?

Estos podrían ser algunos criterios a tomar en cuenta a la hora de elegir el regalo para está Navidad

  • Sin duda tendría que haber un regalo que le generará mucha ilusión, ese del que te habla constantemente, ese del que quizá tiene colección, ese por el que ha esperado mucho tiempo para tenerlo.
  • Un regalo necesario, algo que le sea útil.
  • Para mí un indispensable; algo que pueda compartir contigo o con la familia (un libro para leer juntos, un juego de mesa, unos boletos para un espectáculo etc…)

Recuerda que todo lo que fomentes en tú hijo marcará su vida y creo que está época es un buen momento de reflexión y de cambio.

 

Pedagoga Alicia Rábago

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La autoridad positiva, la mejor arma para educar a los hijos – Alicia Rábago.

Para padres por primera vez es muy dificil tratar de ponerle limites a los hijos. Alicia Rábago nos dice si existe y como podemos aplicar la autoridad positiva, un conjunto de reglas y formas de actuar que serviran para el trato en la educación de nuestros pequeños.
Visita: www.educalosconaliciarabago.com

 

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¿Cómo hablar de la muerte?

aliciarabagoMuchos de los temas que a nosotros nos ocasionan miedo, vergüenza o dolor solemos trasmitirlos de igual forma. Es necesario que analicemos cuál es nuestra reacción o postura ante está situación y, de esa forma será mas sencillo encontrar la mejor manera de transmitir cualquier cosa a nuestros hijos.

A partir de los 5-6 años comienza aparecer el miedo a la muerte porque en está edad aparecen muchos miedos tales como al rechazo social, miedo al cambio, a la soledad, a la separación, al abandono.

Para hablar con ellos de la muerte es necesario que utilicemos un vocabulario adecuado a su edad, palabras que pueda comprender y físicamente situarse a su altura para que nos sienta cerca.

También es importante evitar hacer comentarios que lleven al niño a entender situaciones equivocadas como: “Era tan bueno que ya está descansando”, porque él, en su mente, podrá pensar pues si es malo pues no se muere.

Tampoco es recomendable engañar al niño con historias falsas como: se fue de viaje, se fue a vivir a otro lado, etc., porque puede sentir un abandono y pensar que fue por su culpa que se fue.

Entre el año y los 2 años de edad no se comprende el concepto de la muerte por lo que pueden mostrar que su conducta sigue siendo la misma pero si es una persona muy allegada el niño quizá no expresará con palabras lo que siente pero puede presentar poco interés por jugar, comer o realizar otras conductas habituales o presentar comportamientos más infantiles para llamar la atención.

De los 2 a los 5 años debemos de ser especialmente precavidos al comunicarlo ya que al encontrarse en una etapa llena de fantasía y pensamientos mágicos; pueden creer que con solo desearlo pueda volver a vivir.

De los 5 años a los 9-10, aproximadamente, ya tienen claro la diferencia entre fantasía y realidad y sabrán perfectamente que la muerte es irrevocable así que quizá comiencen a cuestionar más sobre el tema: ¿Por qué se murió? ¿Qué le paso? ¿Le dolió? etc., y se le tendrá que dejar claro que la muerte forma parte del ciclo de la vida para que el niño comprenda que es parte del proceso.

Algunas manifestaciones que se pueden presentar durante un duelo infantil son: negación, tristeza, sentimientos de culpabilidad, sentimientos de ira, temor y ansiedad, molestias gastrointestinales, conductas regresivas, falta de motivación, incapacidad para dormir, llanto, tendencia a suspirar continuamente, cansancio físico, un sentimiento de vacío y pesadez, sentir como un nudo en la garganta, signos de ansiedad como palpitaciones muy aceleradas, tensión y nerviosismo, falta de energía e inquietud, respiración entrecortada y, como en todos los temas antes mencionados, si no nos creemos capaces de explicar o ayudar al niño es necesario acercarnos a un especialista para pedir ayuda.

El que el niño asista a un velorio se sugiere a partir de los 6 años que tiene mejor comprensión de los hechos pero esto es decisión familiar: Lo que sería prudente es explicar lo que va a ocurrir durante está situación o ritual.

 

Pedagoga Alicia Rábago

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¿Tu hijo manda en casa?

aliciarabago

“Están tremendos los chavitos…

Si vieras qué contestaciones me da…

Se le ocurre cada cosa y solo tiene 4 años…

Si ahorita está así, qué me espera cuando adolescente; nada le llena…

Afirmaciones como éstas son muy comunes entre padres de familia que, en parte, les preocupa y, en parte, les parece fabuloso que sus hijos tengan tantas habilidades desarrolladas. Aquí el cuestionamiento es: ¿cómo llegar al equilibrio?

Hoy por hoy nos encontramos que en muchos hogares los niños son los que toman las decisiones y cuando nos damos cuenta es mucho más difícil regresar porque ellos ya están acostumbrados a mandar. Hoy los niños cuestionan, argumentan e incluso hasta amenazan y yo creo que esto ha ocurrido siempre; la diferencia radica en la respuesta que viene después de que el niño tome esa actitud.

Los padres y los educadores nos enfrentamos a generaciones diferentes pero nunca debemos olvidar que los adultos somos nosotros, los niños están aprendiendo y ellos aprenderán de lo que ven, escuchan y viven. Es necesario que entendamos que hay edades en las que no se puede negociar, en las que se dice que hay que hacer y punto, para más adelante las negociaciones sean más justas y mejor llevadas.

Permitir que un niño mande en casa con los años nos hará no tener una muy buena relación con ellos. Los niños piden que alguien les ponga límites, piden una figura que les enseñe el camino y esa figura somos los padres de familia. No debemos delegar esta responsabilidad a nadie.

Los padres y educadores tenemos que tratar de prepararnos más para comprender que hoy la educación es muy distinta y si queremos entender a los niños actuales, es indispensable que nos empapemos de lo que ellos ven, escuchan y viven.

Hoy más que nunca hay que acercarse a los hijos ya que reciben mucha información de distintos medios. Hoy tienen al alcance de un click mucha información que a veces no sabemos que tienen; es necesario involucrarse y no perder nunca el lugar de padres. Recuerda tu hijo va hacer muchos amigos en su vida pero padres solo tendrá unos.

 

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Según tu generación es tu educación: Generación “Y” (millenials)

aliciarabagoLa generación “Y o Millenial” tiene enormes retos para educar, particularmente a la generación venidera que es la “Z” (los nacidos del 2000 a la fecha) porque son dos generaciones que nacieron en una ruptura entre las jerarquías, los valores y el compromiso. Ambas generaciones no creen en ellos, todo es relativo, no lo han aprendido, por lo tanto no saben transmitirlo ni establecerlo.

Basta imaginar a un maestro de veintitantos años dando clases en primaria, lo que nos puede dar una falta de autoridad, falta de límites y una amplia relatividad en los valores (sin generalizar). La misma situación se puede presentar en los padres de familia educando a sus hijos.

Los “Y o Millenial” se encuentran atrapados continuamente en confrontaciones con otras generaciones porque justamente en esta generación es donde más cambios han existido en la escala de valores: el respeto hacia las jerarquías y la falta de compromiso se han presentado. Estos aspectos han sido pilares importantes en el sistema educativo tanto en la casa como en la escuela y se han visto confrontados.

Por otra parte los “Y o millenials” pueden aportar grandes niveles de adaptación, el poder atender a varias tareas a la vez, globalización, conciencia social y el espíritu emprendedor, lo que hace que existan continuamente que el sistema educativo no se estanque y busque evolución.

Sin duda la generación “Z” es conocida como la generación del cambio pues se dice que están moviendo el mundo estos niños que son un 25.5% de la población. Esta generación ha crecido en plena época de smartphones, redes sociales y tablets y está sometida a muchos estímulos. Son tecno-dependientes y muy impacientes, sin duda son niños empoderados y emprendedores pero muchas veces sus objetivos no tienen claro el esfuerzo que conllevará llegar a ellos y abandonan porque se aburren fácil de lo que dura mucho.

Es una generación autódidacta viviendo en un mundo ocupado por muchas generaciones tratando de entenderlos. Sin duda, es un reto educarlos pero lo más importante es tratar de permanecer para guiar y aprender.

 

Pedagoga Alicia Rábago

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¿En que momento nos dejamos de creer?

aliciarabagoHay una época o etapa en nuestra vida en que realmente creemos que somos lo más hermoso, los más listos, los más rápidos y aunque nos damos cuenta que hay otros niños que también hacen cosas increíbles eso no importa: nosotros somos lo máximo y nos miramos al espejo llenos de orgullo y fe en nosotros mismos.

En esa etapa subimos una resbaladilla y el mundo nos queda pequeño. Nos ponemos un disfraz, un vestido, vaya lo que sea y podemos vernos en el espejo y dar vueltas para que ese vestido se eleve o ese disfraz nos haga grandes.

El punto es que la confianza que tenemos en nosotros es inmensa, cantamos, bailamos, nos dejamos tomar fotos en la situación que toque sin pensar si quiera si nos hemos peinado, sin preocuparnos si salí bien o mal, porque creemos en nosotros y la pregunta aparece aquí es: ¿En qué momento nos dejamos de creer? ¿En qué momento dejamos de ser esas reinas de castillos, esos grandes héroes, esos que todo lo que hacen puede salir bien? ¿En qué momento empezamos a dudar de nosotros? ¿Cuándo aparecieron todas esas inseguridades que hacen que me cuide de cómo salgo en una foto o en un video? Esas que hacen que dude si lo que me puse me va bien, si ese que se mira al espejo puede conquistar al mundo… ¿Cuándo fue?

Y la mayoría de la gente responde: en la adolescencia.

No se si esa respuesta sea la correcta; lo que sí tengo claro es que la vida esta llena de prejuicios, paradigmas establecidos, de creencias aprendidas y no cuestionadas. Es necesario que a los niños de hoy, jóvenes en unos años, les enseñemos a creer en lo que son y en lo que pueden llegar a ser; que no se dejen ganar por todos esos prejuicios y estereotipos impuestos, que desafían a su mente y sean capaces de seguir confiando en sí mismos, de enseñarles que hay que trabajar en esas debilidades que todos tenemos pero que se deben de aprovechar las fortalezas, que aprendan a reconocer sus defectos pero que estén preparados para sobreponerse a fracasos y situaciones nuevas.

Hoy más que nunca es necesario que nos preparemos como padres para poder preparar a nuestros hijos a luchar por lo que piensan y creen. Alimentar esas ideas que tenemos de niños para seguir luchando por ellas cuando crecemos es hacerles seguir subiendo esa resbaladilla y disfrutar la lanzada de igual forma que cuando eran pequeños. Es hacerles saber que seguimos ahí pero solo acompañando el camino, que son fuertes y decididos, que no alimentamos falsas esperanzas.

Es hacerles ver el mundo real pero no dejar de luchar por los sueños, es forjarles una imagen de ellos mismos tan sólida que pueda moverse algunos pisos del edificio pero que la base sea sólida. Todas y cada una de las etapas de nuestra vida son importantes, la infancia, la adolescencia etc… pero lo más importante es estar ahí, no sucumbir, permanecer y acompañar, caer, levantar y seguir.

¡Hoy más que nunca hay que creer! Recuperar esa imagen que nos hacía pasar horas frente a un espejo y gustarnos lo que veíamos, hoy hay que recordar que nos hacía creer que éramos grandes y seguir creyendo.

 

Pedagoga Alicia Rábago

Maestría en Orientación Familiar, Master en Psicología Infantil y en Inteligencia Emocional y Educación
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Abuelos de la nueva época

aliciarabagoEn la actualidad, los abuelos forman parte importante de las familias. No es que no lo hubiesen sido antes pero ahora, muchas de las cosas que hacemos los padres las hacemos porque los abuelos son un gran apoyo.

En un gran porcentaje, los abuelos hoy ejercen el papel de cuidadores o encargados de los niños, ya que en la actualidad ambos padres trabajan y encontrar una guardería adecuada o que cubra las necesidades de la familia es complicado. Es por eso que los abuelos se han vuelto un pilar importante.

La Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social (ENESS) 2013, que es la más reciente del INEGI, indica que tres millones de niños se quedan en casa y 61 por ciento de ellos están a cargo de la abuela.

Hoy los abuelos se encuentran muy involucrados en la vida de sus nietos. Muchos manejan los gadgets más modernos, otros saben de que caricaturas se están hablando, otros hacen las tareas con los nietos, etc.. Estos abuelos no solo se sientan y platican, los abuelos de hoy interactúan mucho más por que las necesidades así lo han requerido y esto es beneficioso para todos.

Lo importante sería que, como padres, entendamos que no es obligación de los abuelos el cuidar o hacerse cargo de los nietos sino que ellos están colaborando con la familia y no abusar de la ayuda.

Una de las quejas más comunes cuando los abuelos nos ayudan con el cuidado de los hijos es que están muy consentidos o son muy caprichosos pero debemos tener claro que los abuelos nos están ayudando y el papel lógico de los abuelos es consentir, apapachar y disfrutar de los nietos. Obvio menos disciplina y mucho apoyo a esos nietos que rápidamente se darán cuenta de ello; si necesitamos que los abuelos nos ayuden en cuanto a disciplina, norma y reglas tendremos que hablar muy claro en la familia porque no se les puede delegar todas las obligaciones y no dejarles ningún derecho.

Tener un abuelo/a que ayuda y comparta con los nietos momentos importantes es algo fabuloso. Los niños que conviven con abuelos aprenden a escuchar historias, a caminar a su paso, a ser adaptables y ser tolerantes. Agradece y disfruta de esos abuelos que todavía tienes a tu lado.

 

Pedagoga Alicia Rábago

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Me cuesta poner límites, ¿qué hago?

aliciarabagoSin duda, el tema de límites es uno de los que da más tela de donde cortar. Casi siempre todos los temas que trato con los padres o se acercan a límites o terminan en el tema de límites y también, tristemente, descubro que cada vez a los padres de familia les cuesta más trabajo ponerlos.

Uno de los principales problemas que creo que existe es la propia connotación que se le ha dado a la palabra “límites”. Se le escucha e inmediatamente se imaginan a un padre o madre gritándole a sus hijos o transformándose en un ogro y eso no es real.

Los límites son solamente reglas y normas que se van poniendo según la edad y el contexto de cada persona y si partimos de que somos unos seres sociales que convivimos con muchas personas la única manera de hacerlo es seguir normas de sociedad para poder subsistir.

Todos necesitamos límites e incluso los pedimos porque nos dan tranquilidad, un niño que tiene límites aprende a respetar, a tolerar, le generan seguridad, lo ayudan a tomar decisiones, los límites generan estructura, como vemos el establecimiento de límites solo genera beneficios no problemas.

Es muy importante qué como padres o educadores seamos muy claros, consistentes y congruentes en las normas y reglas que se establezcan. Los niños tendrán que comprender claramente lo que se pretende y no se debe suponer que lo entendieron, sino verificar que así fue.

Si establecemos límites claros en casa desde la primera infancia llegada la adolescencia será mucho más sencillo tener negociaciones porque los adolescentes sabrán que a toda acción hay una reacción y eso no solo es bueno para vivir en sociedad si no también para establecer como personas a donde queremos llegar.

Ahora lo difícil, porque en teoría todo es más fácil: ¿cómo le hago?

  • Ten claro el objetivo que quieres lograr con ese límite que estás estableciendo. Así será mucho más fácil no desistir porque sabes a donde quieres llegar.
  • Claridad – Verifica que el límite que se establece fue entendido por todas las partes.
  • Congruencia – No pidas algo que tú mismo no puedes hacer.
  • Consistencia – No desistas, respira y sigue.
  • No prometas algo que no puedes cumplir ni para bien ni para mal. Si no, estarás dando mensajes equivocados.
  • Recuerda que los niños pueden tener muchos amigos,pero padres solo unos y parte de la tarea que tenemos como padres es enseñarles a vivir sin nosotros y eso es vivir en sociedad respetando reglas, piensa que estas ayudando a que su vida sea más sencilla

Empecemos con estos puntos y poco a poco veremos resultados. No es sencillo, es un trabajo que requiere compromiso, esfuerzo y mucha dedicación pero ¿quién lo merece más que tu hijos?

 

Pedagoga Alicia Rábago

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