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¿Quién es el más poderoso?

beatrizpena

Ya había empezado a escribir esta columna hace dos semanas, pero la interrumpí para viajar a Costa Rica, a un lugar maravilloso llamado “La Montaña Azul”, donde me desprendí del wifi, de mis tacones, del maquillaje y de toda clase de glamour. Fue como si allí, en la paz de ese lugar mágico, mi artículo se terminara de escribir por sí solo, y fue allí donde experimenté un nuevo tipo de poder: el de la sencillez, la serenidad y el amor.

Los dueños de “La Montaña Azul” son una pareja que se unió con el propósito de servir a otros; viven en un lugar paradisíaco donde todavía pueden tomar agua de manantial, oír el sonido del río y estar rodeados de naturaleza Se dedican a generar experiencias de crecimiento personal y de paz interior. Al verlos pensé que ellos son los verdaderos millonarios porque se tienen el uno al otro, viven con lo mínimo, pero con lo máximo que un ser humano puede tener: aire limpio, comida sana , sentido de vida , seguridad y propósito. Mejor dicho ¿Para qué más?

Desde hace algún tiempo empecé a preguntarme qué es lo que nos mueve a buscar el poder, qué fuerza se esconde detrás de él y por qué es una tentación que afecta tanto a las parejas como a los gobiernos. En un mundo donde parece que el poder lo tienen los medios, los ricos o los bellos, cabe preguntarse : ¿y si no estoy entre estos grupos, entonces qué…? ¿Qué se necesita para ser poderoso y quién es realmente poderoso?

En un mundo que nos invita a parecer mas que a ser, a consumir, a no dejarnos de los demás, a ganar y obtener, ¿quién es en realidad el más poderoso? Con los años he descubierto que el mundo está lleno de personas invisibles, que no salen en la tele ni en las redes, que no quieren aparentar y que como hormiguitas silenciosas aportan los mejores tesoros a los que los rodean.

Las personas más poderosas que conozco están más preocupadas por construir su propia felicidad que por mostrarle a otros una falsa imagen. No son famosas en Facebook, pero son indispensables en las vidas de sus familias y de las personas que las quieren.

Las personas más poderosas que conozco son capaces de manejar sus emociones, en lugar de que estas los manejen a ellos.

Son personas capaces de pedir perdón, de reconocer que no se las saben todas, de pedir ayuda y que saben que necesitan a otros para lograr sus objetivos . Por eso prefieren compartir que destacarse.

Las personas más poderosas que conozco son las que al pasar por una experiencia difícil, en lugar de mostrase fuertes e imperturbables, aceptan su dolor y son capaces de vivirlo, en lugar de disfrazarlo.

Las personas más poderosas que conozco tienen mucho de qué “creerse” pero no lo hacen.

Las personas más poderosas que conozco están trabajando en ellas mismas y reconociendo las cosas en las que deben crecer, en lugar de estar juzgando o pidiéndole a los demás que cambien.

Las personas más poderosas que conozco saben escuchar, en lugar de imponer su criterio; no le tienen miedo a diferir porque están seguras de sí mismas y porque saben que se aprende más escuchando que hablando. En lugar de ponerse por encima de los demás, construyen el respeto desde el amor y no desde el temor.

Las personas más poderosas que conozco, están haciendo algo por otros en lugar de estar absorbidas por sus “súper egos”. He descubierto que es más poderoso el que se arriesga a amar a pesar de haber sido lastimado, que el que crea una coraza impenetrable para no sufrir nunca más. Es más poderoso porque sabe que amar equivale a vivir.

Más poderoso es quien sabe reconocer sus errores que el que busca todos los argumentos posibles para convencer a los otros de que están equivocados. Es poderoso porque sabe que querer tener siempre la razón es una pérdida de tiempo y que es una búsqueda que lo aleja, en lugar de acercarlo a los demás.

Es poderoso aquel que sabe desprenderse y hacer más con menos. El poder basado en tener más cosas, en el fondo nos genera pobreza, porque nunca nos sentiremos satisfechos

Es más poderoso quien busca los acuerdos, cede y es flexible, que el que se impone a través de la fuerza. La flexibilidad nos ayuda a adaptarnos a los cambios y a la vida; en cambio, la dureza nos termina rompiendo por dentro y lastimando a los que amamos.

Hay un poder enorme en la aceptación, en el fluir con la vida y con las circunstancias. La resistencia y el aguante parecieran herramientas poderosas, pero en fondo nos debilitan y nos quitan nuestra verdadera fuerza, que es la aceptación de lo que nos ocurre, para poder enfrentarlo con los ojos abiertos.

Es poderoso quien descubre que el mayor poder radica en ser capaz de soltar todo aquello que nos crea dependencia o una falsa felicidad.

Es poderoso el que hace su mejor esfuerzo pero sabe que todo lo demás depende de un poder mucho más grande que él.

Las personas más poderosas que conozco saben que la fuerza más poderosa de todas es el amor y que el verdadero poder se ejerce desde dentro de nosotros mismos.

 

Beatriz Peña Pacheco

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Una moderna historia de amor: Y vivieron cómodos para siempre…

beatrizpenaMis padres crecieron en una generación en la que el matrimonio era para toda la vida y el divorcio era algo impensable. En algunos casos muchas parejas tuvieron que encontrar la manera de convivir toda la vida, fueran felices o no. Afortunadamente yo fui testigo de un tipo de amor que pocas parejas logran construir. Pero critiqué muy fuerte el que en esa época muchas parejas no tuvieron, como nosotros, la opción de retirarse cómodamente de la relación cuando no funcionaba.

Mi generación fue tal vez la primera en vivir el divorcio como una opción. Aunque todavía seguía existiendo un estigma respecto a las personas divorciadas, éste fue desapareciendo rápidamente y las estadísticas sobre el divorcio han venido aumentando vertiginosamente; incluso dejar a una pareja es hoy tan sencillo, que hasta existe la figura del llamado “divorcio exprés.”

Siempre creí que frente a nuestros padres, éramos una generación afortunada porque no habíamos tenido que permanecer “a huevo” en una relación y porque, por fin, habíamos desmantelado al “felices para siempre”. Hoy me doy cuenta de que, aunque difícil, esto les dio la certeza sobre cómo guiarse, certeza que hoy no tenemos.

Hace dos años me sumé a las cifras de divorcio del país y, obviamente, ingresé al mundo de “los solteros con equipaje” o, por decirlo de forma más cruel, “al mercado del usado”. Porque cuando uno ya se ha casado, ha tenido hijos y ha vivido varios años con una pareja, regresa a un mundo de la soltería completamente diferente al que vivió cuando estaba en edad de casarse por primera vez. Al estar en este mundo de solteros con equipaje he descubierto que la historia de amor con la que crecí y la que me vendieron las películas de Disney y de Hollywood: “y vivieron felices para siempre” ha sido reemplazada por una nueva: “y vivieron cómodos para siempre”.

Me he encontrado con hombres que, desde la segunda cita, te advierten que no quieren volverse a casar y que pasan una gran cantidad de tiempo explicándote por qué el matrimonio es lo peor. He hablado con mujeres cansadas de intentar una y otra vez establecerse con un hombre y no lograrlo, con desesperados y desesperadas, con solteros y solteras eternos y con los que ya llevan varias vueltas… pero en medio de todo esto me he encontrado también a un gran grupo de personas con mucho miedo: con miedo a ser decepcionados, con miedo al amor y también muy cansados de estar solos.

Pareciera que este miedo ha llevado a nuestra generación a echar mano de este nuevo cuento de hadas como una forma de justificar o de vivir con una realidad muy fuerte: que hoy no sabemos cómo amar y que por eso es mejor permanecer como estamos. Minimizar todos los riesgos que uno podría correr, creando una vida en la que no dependan de otra persona, sino exclusivamente de sí mismos, cada uno en su casa, con sus espacios y sus reglas propias.

Observo esto y me doy cuenta que nos fuimos de un extremo a otro: de la obligación a estar, a la huida del compromiso. Y parece que ninguno de los dos extremos nos ha funcionado de verdad. Por lo menos nuestros padres vivían eso como una verdad o como un valor y ni se lo cuestionaban. Pero pienso que en el campo de las relaciones nosotros estamos bastante perdidos. Ojalá que habernos ido al otro extremo sea la antesala de un cambio, del movimiento del péndulo, de encontrar un balance.

Me parece que entre los dos extremos: “y vivieron felices para siempre” y el “vivieron cómodos para siempre”, podemos encontrar un término medio que integre los dos y que nos permita volver a creer que sí es posible vivir feliz en pareja por muchos años, recuperar el valor del compromiso, entender que es imposible estar feliz todo el tiempo, pero que también es imposible tener una relación profunda con alguien, si lo único que se busca es la comodidad de no tener que ceder en absolutamente nada. Estar cómodo puede ser fácil y conveniente, pero no es necesariamente lo que nos hará crecer ni lo que nos generará mas satisfacción a largo plazo.

Necesitamos crear una nueva metáfora sobre el amor para perder el miedo y dejarnos mover nuevamente por la fuerza de su impulso pero en la que aceptemos que el amor es un trabajo de los dos, que muchas veces implica ceder. Sí, a veces puede ser un poco incómodo, pero el resultado de trabajar en medio de las incomodidades y en los desacuerdos puede significar un gran crecimiento para las dos personas.

No conozco ningún espacio más poderoso para crecer que el de la relación de pareja; solo alguien tan cercano puede reflejarnos más sincera y fielmente nuestras carencias y debilidades, pero también puede recordarnos cuán valiosos somos. Tampoco conozco un lugar más seguro para vivir que el del amor incondicional, ese que nos da la certeza de ser amados sin condiciones y a pesar de nuestras imperfecciones.

Necesitamos abrirnos a nuevas formas de amor que no estén contaminadas por el miedo al fracaso y por el egoísmo, pero tampoco por una idea falsa de que el amor debería ser un espacio perfecto donde se es siempre feliz.

Cada pareja necesita crear su propia forma de convivir; seguir un modelo preestablecido nos ha salido muy caro.

Si queremos vivir esta experiencia maravillosa, necesitamos aceptar que el verdadero amor es una entrega, es confiar y soltar, es estar dispuesto a crecer al lado del otro, respetar que piense diferente de mi y que no por eso nuestra relación tiene que volverse un campo de batalla;, necesitamos aprender a disfrutar y divertirnos, a crear armonía a pesar de las diferencias .

Le tenemos tanto miedo a la palabra compromiso, ¿pero no es acaso indispensable para ser exitosos en cualquier campo de la vida?

Con todo esto no quiero decir que todo el mundo debería apostar por el matrimonio como forma de vida; en eso creo que sí hemos tenido un gran avance, en el respeto a elegir diferentes caminos para encontrar la felicidad, así como formas diferentes de vivir en pareja.

Lo que quiero transmitirles es que se cuestionen desde dónde están eligiendo lo que eligen: ¿Es mi elección de estar soltero algo que hago desde el miedo a sentir, a fracasar o a comprometerme, o es realmente la manera como yo quiero y he elegido vivir? ¿Es mi elección de tener una pareja una forma de llenar mis vacíos, o realmente elijo estar ahí para compartir y crecer? Elige lo que quieras pero por las razones correctas.

Tampoco defiendo que se deba permanecer en una relación que dista mucho de hacernos felices. La que propongo es una opción intermedia, en la que no estemos guiados ni por la obligación ni por el miedo, pero tampoco por la fantasía de que amar es ser feliz siempre. Propongo una tercera opción, en la que el amor sea una experiencia de disfrute, de compartir, pero también de crecer y madurar. Una opción que no signifique quedarnos únicamente por compromiso, pero tampoco “tirar la toalla” al primer desacuerdo o a la primera situación incómoda. Una opción en la que no tengamos que optar por dos tipos de perfección: felicidad 100% o comodidad 100% . Una opción, en la que aceptemos que la imperfección es parte de la vida y que compartir nuestras imperfecciones con otro es también una forma de crecer, de vivir y de amar.

Yo por mi parte podré parecer soñadora pero sigo siendo de las que creen que amar es un riego, pero es un riesgo hermoso que vale la pena correr.

 

Beatriz Peña Pacheco

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Conéctate

beatrizpenaSé que los tuve abandonados por un buen rato, pero la verdad a veces hago tantas cosas, que lo único que me falta es aprender mandarín mientras camino en la cuerda floja… Además, con tanta basura que anda rondando por ahí, prefiero escribir menos, pero decir más.

A raíz de un taller de manejo del estrés que di hace dos semanas para un grupo de blogueros muy jóvenes, me ha estado rondando en la cabeza una reflexión: somos la generación más “ conectada” pero a la vez menos conectada con nosotros mismos.

¿Y esto qué implica? Que si estamos desconectados de nosotros mismos, probablemente son otros los que están reinando en nuestras vidas: los medios, internet, la tv y las ideas de otras personas.

He observado, en mí misma y en muchos de mis amigos y amigas, que sufrimos de lo que yo llamo “síndrome de ocupación crónica”, es decir en el “hacer por hacer”. Pareciera como si la meta de la vida fuera estar ocupados, y que cuando tenemos un momento para estar en silencio y encontrarnos con nosotros mismos, nos diera miedo. Como digo en mis cursos, “estar en paz no es sospechoso”.

No quiere decir que ocuparnos esté mal, pero cuando es una ocupación sin propósito, o simplemente para distraernos y no sentir, entonces es exceso de ocupación.

Hemos perdido la relación más importante de la vida y la única que seguro durará por siempre: la relación con nosotros mismos, hasta el punto de que cuando nos encontramos a solas sentimos tanto temor que preferimos ocuparnos y distraernos.

Cuando estamos desconectados de nosotros mismos, la vida se vuelve algo “que nos ocurre” en lugar de hacer que la vida ocurra. Nos desconectamos de nuestro propósito, dejamos de plantearnos metas, nos perdemos.

Estamos tan clavados en nuestras ocupaciones y en nuestra angustia de mantenernos ocupados y “conectados” a todo, menos a nosotros mismos, que no nos tomamos un tiempo para conocernos, para “parar y pensar” qué queremos y a quiénes queremos en nuestra vida, en qué necesitamos crecer y hacia dónde queremos dirigirnos. No nos conocemos a nosotros mismos.

Una vez vino a verme una paciente. El motivo de su consulta era que se había dado cuenta de que nunca había tomado decisiones en su vida, que más bien la vida había decidido por ella: estaba con el novio de turno, el trabajo que le pusieron en frente, ni siquiera sabia qué quería en su vida… Adivinen que descubrió: que no sabía quién era, ni qué le gustaba, que siempre había buscado la opinión de los demás para guiar su vida y que nunca se había conectado consigo misma.

Necesitamos estar en silencio para escuchar nuestra propia voz y podernos guiar en la vida, pero tenemos tanto ruido exterior que hemos perdido nuestro centro.

Otra consecuencia de esta desconexión es no poder estar presentes ni en nuestra vida ni en el momento que estamos viviendo. La mayoría de nosotros hemos permitido que nuestra mente sea conquistada por la reina: “la preocupación”, es decir la obsesiva y destructiva tendencia a preocuparse por algo que nunca sabremos si llegará.

Esta terrible obsesión por preocuparnos es una de las mayores causas de estrés en nuestra vida y anula una de las cosas más poderosas que podemos hacer: conectarnos completamente con nuestro presente, con lo que está sucediendo en el aquí y el ahora, que es a lo único que podemos responder.

Cuando un ser humano se conecta consigo mismo y asume su momento presente tal cual como es genera aceptación hacia la vida, es más realista y toma mejores decisiones.

En un libro que estoy leyendo dice que también estamos desconectados de la belleza, que estamos gobernados por “la estética de los medios” , que por cierto es una estética bastante negativa y bastante pobre. Dime cuándo fue la última vez que te detuviste a observar algo de verdad , la ultima vez que te dejaste conquistar por la belleza de un atardecer o de un cielo estrellado, la ultima vez que oíste música y entraste en “trance” o que te sentaste en una banca por el simple placer de estar y de ser tú mismo.

La más triste de todas las consecuencias de este no estar presentes es la desconexión con nuestros seres queridos. Hemos reemplazado el tiempo de conversar, por el tiempo en internet; el tiempo de disfrutar, por el tiempo de jugar en la compu, y el tiempo de estar presentes , en tiempo de preocuparnos. Creo que fue Einstein el que predijo que nuestra generación estaría conectada a los aparatos no a las personas. Las comidas familiares y sociales se han convertido en espacios para compartir celulares y los chistes contados de viva voz han sido reemplazados por memes.

La tecnología es maravillosa, nos permite hacer la vida más fácil y estar más cerca de otros, pero cuando esta remplaza a las conexiones verdaderas es cuando pierde su propósito. Y es peligrosa cuando a través de ella creamos la ilusión de estar compartiendo y relacionándonos.

Podremos reemplazar lo que sea con tecnología pero nunca el calor, la compañía , la diversión y el crecimiento que nos ofrecen las relaciones personales.

¿Parece una locura no? Que vivamos en la época en la que contamos con los instrumentos de comunicación, pero que al mismo tiempo seamos la generación más incomunicada. Lo triste es que la falta de comunicacióin y el estrés son la causa numero uno de problemas familiares y de divorcios.

Te invito a una reflexión sobre qué tanto estas conectado contigo y con los demás, que tanto estás presente en cada situación de tu vida. Te invito a hacer una reflexión sobre los momentos que son verdaderamente valiosos y dejar a un lado las cosas que te impiden comunicarte y conectarte de verdad con los demás y contigo mismo.

 

Beatriz Peña Pacheco

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Diez medicinas contra el desamor

beatrizpena¿A qué se debe que las rupturas amorosas sean una de las fuentes más importantes de inspiración de canciones, poemas, libros, etc.?

A que no hay experiencia más universal que el amor, pero también, porque así como es de dulce experimentarlo, se siente de la patada cuando lo pierdes.

A partir de mi propia experiencia de haber pasado el infierno del desamor al igual que la de mis amigos, mis pacientes y la humanidad entera, quise escribir sobre algo universal sobre algo que nos toca o tocará a todos alguna ves. Pero quise aportar algo que pudiera animar un poco a los desperate hearts porque, aunque duele, hay mejores y peores medicinas contra el desamor. La pérdida de un amor importante sólo la cura el tiempo pero he descubierto algunas herramientas que pueden ayudar a que la pena se haga más leve o, al menos, no hacerla más grave.

 

MEDICINA 1: PERDISTE LA RELACIÓN, NO TODA TU VIDA

La primera cosa que hacemos todos cuando perdemos una relación es, literalmente, “mandar todo a la fregada”, no sólo perdemos a la persona amada, sino pareciera que perdemos nuestra vida. Nos adelgazamos o engordamos, le echamos menos ganas al trabajo, nos encerramos, nos desconectamos. ¡Se vale por un tiempo!, pero no se te olvide que tu vida es como un edificio y que mientras más fuertes estén los cimientos mejor vas a poder responder cuando se presenten temblores. Por eso, retoma tu vida cuanto antes, encárgate de lo que SÍ CONTINÚA, como los amigos, el trabajo, el ejercicio, etc. Esto no sólo te ayudará a recuperarte mejor de la pérdida, sino que es una obligación que tienes contigo mismo.

No debes darle a nadie el poder de “robarte” la felicidad, nadie puede convertirse en “tu vida”. Tienes la responsabilidad de crear tu propia felicidad y de llenar tu vida de otros sentidos, que exclusivamente la relación de pareja.

MEDICINA 2: PRACTICA EL “NETWORKING”

Muchas veces, lo único que deseamos después de haber perdido un amor, es refugiarnos en la soledad y aislarnos del mundo, pero está demostrado que las personas que tienen una red de apoyo: bien sea, familia, amigos o compañeros de trabajo, se recuperan más pronto de su pérdida. Es verdad, el cariño de los seres queridos no reemplaza el de la pareja, pero nos ayuda a sentirnos acompañados y nos brinda una forma de amor incondicional, que puede sostenernos y ayudarnos. Si eres de los que hace de su pareja su único mundo, y estás sin amigos o familia porque los abandonaste para darle todo a esa persona, entonces es momento de empezar a crear tu red o a reconectarte con la que tenías. Vuelve a llamar a tus amigos, inscríbete en una actividad grupal, toma un curso. Y, por favor, no vuelvas a abandonar toda tu vida por tu pareja; en una buena relación, cada uno respetará los intereses, individualidad, amistades y vida del otro. Si tuviste que abandonar por completo tu vida para amar a alguien, entonces esa no era la relación más sana.

MEDICINA 3: ACEPTA LA LOCURA TEMPORAL

Seguramente tú o alguien que conoces entró como en un estado de “locura temporal” después de una ruptura amorosa. Esto incluye extremos como salir con muchas personas o no salir, encerrarse o no poder estar ni un minuto solo, volverse irresponsable o hiperresponsable, caer en alguna de las tantas formas de adicción: al trabajo, al alcohol, al sexo etc. Esta “locura temporal” es la forma como nuestra psique nos protege de tanto dolor. Imagínate que te broncearas dos horas sin bloqueador al medio día, sin la menor duda te arderías. Lo mismo pasa con las experiencias dolorosas, necesitamos ir digiriéndolas poco a poco. Estas estrategias aparentemente “no tan sanas”, nos ayudan provisionalmente para, no tener que enfrentar el dolor de un solo jalón. Pero ojo, dije TEMPORALMENTE. El punto es darte cuenta y retomar cuanto antes tu vida, porque si se convierten en tu única manera de resolver lo que te está pasando, lo que ocurrirá es que no trabajarás tu duelo y éste se quedará como congelado, afectándote más tarde en una nueva relación o en tu vida en general. Tarde o temprano, cuando estés más fuerte y preparado, necesitarás empezar a sentir el dolor, es la única manera de sanar la herida.

MEDICINA 4: SE SIENTE HORRIBLE PERO VA A PASAR

No hay mal que dure cien años… Aunque nos parezca una idea superficial, cuando estamos en medio de la tormenta creemos que esta nunca terminará pero el solo hecho de pensar que aunque tome un tiempo igual terminará, es un pensamiento que te puede animar. Obviamente, la cura no llega sola, también dependerá de qué tan proactivos seamos ante lo que estamos viviendo, de nuestra actitud y de nuestro deseo de estar mejor. Si decidimos permanecer en estado de víctimas, en lugar de encargarnos de estar mejor, va a ser muy difícil poder superar la pérdida. En lugar de esto, debemos pensar que si la relación se acabó fue porque hubo una razón para ello y preguntarnos qué aprendizaje nos dejó esta experiencia. Esta actitud nos ayudará mucho más que darle vueltas una y otra vez a lo que se fue. Sentirnos estancados y tristes durante un tiempo es algo normal, pero en algún momento tenemos que tomar la decisión de dejar de sufrir para empezar a vivir.

MEDICINA 5: ESTÁS EN DUELO, NO ERES DUELO

De pronto se te antoja tirarte en tu cama todo el día a revolcarte en tu pena. Está bien por un tiempo pero después escoge una hora del día en que te permites estar sólo y sentir tu tristeza, enojo, miedo etc. No conviertas toda tu vida un duelo. Separa un espacio para continuar con tu vida y otro para sentir lo que te pasó. Si vuelves tu vida solo dolor y duelo, no sólo habrás perdido una relación sino que esto afectará otras áreas importantes como tu trabajo, tus relaciones, tu salud y quién sabe que cosas más. Seguir encargándote de crear tu propia felicidad es una de las herramientas más poderosas que tienes para salir adelante.

MEDICINA 6: UN CLAVO NO SACA OTRO CLAVO

Si una relación fue muy importante y quisimos mucho a la otra persona, no será tan fácil que otra nos ayude a olvidarla. Puede ser que temporalmente nos ayude a sentirnos mejor, que seguimos siendo importantes o atractivos. Pero la realidad es que, cuando estamos en duelo, lo que atraemos, no son siempre las mejores opciones, porque muchas veces suelen ser personas incompletas que se cuelgan de nosotros o nosotras de ellas, y a las que nos aferramos desde el dolor y el miedo, no desde una elección consciente. Y cuando esas relaciones terminan, la herida de la pérdida se hace más intensa. Necesitamos sanar primero, para luego sí empezar una relación formal de nuevo. Así que, durante este periodo te sugiero que intentes mantenerte light en cuestiones del amor; ten amigos, gente con quien salir, diviértete y disfruta porque involucrarte demasiado rápido con alguien puede terminar en más dolor o en que repitas los mismos errores del pasado. Todavía estas vulnerable, date un poco más de tiempo para estar más fuerte.

Algunos tienen tanto miedo al vacío que dejó la otra persona, que creen que alguien más lo va a llenar, en lugar de aprender a llenarlo de “sí mismos”.

Si tratamos a nuestras relaciones como si fueran “cojines decorativos”, quitamos uno y ponemos el primero que encontramos, no nos damos el tiempo suficiente de evaluar nuestros errores para no repetirlos, ni nos damos el lujo de esperar a que llegue, no la primera persona que pasó, sino la que yo elegí.

MEDICINA 7: ESTAR CONMIGO NO ESTÁ TAN MAL

En nuestra cultura latina existe la creencia de que estar solo es casi como una enfermedad y que necesitamos de una pareja para estar completos y felices. Yo era de las que creía eso hasta que descubrí que la soltería puede ser también una elección o una forma de vida plena. Creo que es fundamental aprender a disfrutar la compañía más importante que tenemos: la nuestra. Estar soltero, así sea por un tiempo, puede ser una oportunidad para conocernos más, para disfrutar, para descubrir cosas nuevas. Visualiza esta etapa como un periodo de autodescubrimiento, de ser el dueño de tus decisiones, de estar abierto a la vida. Acepta temporalmente tu soltería como algo que seguramente pasará, un estado que puedes disfrutar en vez de sufrirlo.

La calidad de tu siguiente relación dependerá de qué tan bien te encuentras tú como ser humano, por eso aprovecha este tiempo para convertirte en una mejor versión de ti mismo, de esa manera en tu próxima relación también podrás atraer a alguien mejor. Mientras más completo y seguro te sientas como persona, más probable será que atraigas a personas completas y plenas.

MEDICINA 8: ADOPTA LA “ACTITUD DE TURISTA”

Cuando viajamos como turistas, estamos abiertos a aprender cosas nuevas, a soltar un poco el control y la rutina, a hablar con personas que no conocemos. Cuando andamos en plan de turistas estamos más presentes, más observadores, dejamos a un lado nuestra personalidad robótica y volvemos a sorprendernos y olvidamos por un tiempo de nuestras preocupaciones. Asumir la actitud de turista significa decir sí a aprender nuevas cosas, a conocer personas diferentes, a salirnos de la ruta conocida, a explorar otros horizontes, en otras palabras ¡estar abierto a la vida! Inscríbete a ese curso que siempre quisiste tomar, vete de viaje, haz nuevos amigos, lánzate…

(Puedes leer más sobre este tema en mi columna http://eddywarman.tv/la-cura-para-todos-los-males-la-actitud-de-turista)

MEDICINA 9: DATE UN ESPACIO PARA CRECER

El miedo no nos deja aceptar lo que se perdió pero también nos perdernos de estos momentos únicos que nos da la vida para conocernos, para redescubrirnos, para hacer una pausa y darnos un espacio para redefinir qué queremos, quiénes somos y hacia dónde queremos llevar nuestra vida. A veces, tenemos que perder algo para darnos la oportunidad de construir algo nuevo. Invierte tus energías en ser un mejor ser humano, en lugar de desgastarte por algo que ya hace parte del pasado.

MEDICINA 10: HAGAS LO QUE HAGAS, NO VIVAS ENOJADO

Es perfectamente normal que durante un tiempo te sientas enojado con lo que pasó, incluso que sientas momentos de ira y descontrol. Es más fácil estar enojado que estar triste…
Pero, por favor, no gastes tu maravillosa vida pasándola enojado, no vale la pena invertir toda esa energía en algo que ya pasó. Mejor invierte en ponerte bien, en estar feliz. Invertir tanta energía en el pasado es como tratar de sembrar en un terreno seco y árido. Empieza a vivir en el presente, que es el único lugar en el que verdaderamente puedes crear la vida que quieres de ahora en adelante.

Así como se aprende a bailar mejor bailando, también ¡se aprende a amar mejor amando! Tal vez no has perdido sino has ganado: la oportunidad de aprender a amar de manera más profunda, más madura y más sana.

 

Beatriz Peña Pacheco

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Mejor cambia tú

beatrizpenaTodos enfrentamos diferencias con nuestros seres queridos y dificultades en nuestras relaciones. Cada ser humano tiene su forma única y particular de ver la vida, fruto de su crianza, de las experiencias y de su personalidad. Es por eso que en cuestiones humanas no se trata de quién tiene la razón sino del significado que cada uno, desde su propia vivencia, le da a los eventos y a lo que ocurre en su vida.

A pesar de esto, a veces pareciera que creyéramos que somos los dueños de la verdad, una de las creencias que más lastima nuestras relaciones. Esto se expresa en frases como: “cuando nos casemos va a cambiar”, “si me quiere va a cambiar “ “si no cambia, entonces dejo de quererla.”

Consideramos que nuestra visión de la vida es la correcta o, peor aún, la única válida. Esta idea nos lleva a afrontar los problemas que tenemos con otras personas pidiéndoles que cambien o modifiquen, ya sea una conducta o su manera de pensar. ¿Pero es válido esto?

En realidad no lo es, porque intentar cambiar a otros es como intentar mover una pared con tu propio cuerpo, sólo porque tú lo quieras así las personas no cambian. Cambiamos cuando lo elegimos por nosotros mismos, porque sentimos el deseo desde dentro de nosotros o porque ciertas circunstancias nos mueven para que realicemos una transformación.

Poner el problema afuera es una manera de protegernos y de no mirarnos a nosotros mismos. Es más fácil culpar o decidir que el otro es el que “está mal”, que tomar responsabilidad sobre lo que yo debo hacer.

Cuando chantajeamos o manipulamos a las personas para que hagan lo que deseamos, tal vez lo logremos, pero ¿es éste un cambio real o desde la conciencia de la otra persona? A veces, lo único que conseguimos es que aprendan a mentirnos mejor o, peor aún, puede haber a largo plazo un “efecto rebote” porque, cuando alguien cambia para complacerte y no porque realmente lo desea, se siente resentido y controlado, y esa no es una buena receta a largo plazo.

En realidad, el único que se puede ocupar de su transformación eres tú mismo. Intentar cambiar a otros es un acto de soberbia y una manera de gastar inútilmente el valioso tiempo que podríamos invertir en nosotros. Cuando cambiamos la mirada hacia nosotros, entendemos que no estamos en control de las circunstancias ni de las otras personas, sino única y exclusivamente de la actitud con la que queremos vivir.

Cuando dejamos de intentar controlar a los demás, ocurre una gran liberación, invertimos la energía en lo que está en nuestras manos, que es preguntarnos ¿qué puedo hacer yo para estar mejor?, ¿cómo quiero vivir esto que me está pasando?

Por otro lado, cuando intentamos cambiar a otros y nos enfocamos en sus defectos, no en la razones verdaderas por las cuales los queremos, lo único que conseguimos es hacerlos sentir mal y que se defiendan, en lugar de ayudarlos. Cuando le señalamos a alguien permanentemente sus defectos o cuando condicionamos nuestro cariño hacia ellos a que cambien, logramos el efecto contrario. A nadie le gusta sentirse criticado o juzgado.

Es más probable que una persona tenga el deseo de cambiar si la hacemos sentir aceptada, amada, si la respetamos y le decimos lo que pensamos desde un lugar de aprecio y no de crítica.

Otra forma como podemos inspirar a otros es a través de nuestro propio proceso de transformación. Toda relación es un sistema en el cual, si una de las partes se mueve, la otra también, para bien o para mal, lo tendrá que hacer necesariamente.

Las expectativas son las enemigas número uno de las relaciones; cuando esperamos cosas de los demás y estas no se cumplen, nos frustramos y sufrimos. Es natural que esperemos cosas de nuestros seres queridos, pero cuando la relación se vuelve un reclamo o tenemos permanentemente expectativas que no se cumplen, se hace difícil para las dos partes. Si la condición para que una relación funcione es que la otra persona cambie, es probable que lo que necesites preguntarte es si debes permanecer en esa relación. Pero si tú no has trabajado aquellas cosas tuyas que impidieron que la relación funcionara, muy seguramente las arrastrarás a otra relación. Por eso es tan importante que te preguntes qué puedes transformar en ti, antes de intentar cambiar a los demás.

Al elegir ser proactivos y encargarnos de nuestro propio cambio, la situación empieza a acomodarse y podemos observar qué tanto el otro está dispuesto a participar en el cambio. En ocasiones lo que ocurre es que, a través de nuestro propio cambio, despertamos el deseo en los demás, y entonces ocurre la magia.

¿Que ocurre si alguien está haciendo algo que te lastima y no quiere cambiar? Puede ser momento de establecer unos límites claros que le den a la otra persona información acerca de lo que no estás dispuesto a tolerar. Tú no tienes derecho a cambiar a otros, pero sí a decidir qué permites y qué no en tu vida. Si ya hiciste todo lo que está en tus manos, ya te encargaste de hacer lo que dependía de ti, pregúntate sino es momento de soltar.

En algunas situaciones, el otro está dispuesto a cambiar pero somos impacientes y no respetamos el proceso que necesita para lograrlo.

El verdadero control no proviene de controlar o a otros sino de ser capaces de elegir nuestra respuesta y actitud ante una situación, en lugar de ser controlados por ésta. Cuando lo logramos nos hacemos más libres y dependemos menos de otros para sentirnos bien.

Así que como dice la canción de Shakira “cuando hay que hablar de dos es mejor empezar por uno mismo”.

Beatriz Peña Pacheco

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Perdonar no es para cobardes

beatrizpenaEl perdón es una de las capacidades más difíciles de desarrollar pero también una de las más poderosas que podemos desarrollar como seres humanos.

Muchas personas se sienten mal porque no pueden perdonar algo que les hicieron, porque no saben cómo pedir perdón o no han podido perdonarse a sí mismas.

¿Pero por qué es tan difícil? Porque estamos equivocados respecto a lo que es el verdadero perdón. En primer lugar, perdonar no es olvidar; tal vez lo que te lastimó o lo que la otra persona te hizo quede para siempre como una huella en tu memoria, pero recordar es diferente a seguir teniendo dentro de ti el resentimiento o incluso la sensación de querer lastimar a cambio.

El rencor o el deseo de venganza no dañan a la otra persona, te dañan a ti mismo, te lastiman y te mantienen anclado en el pasado.

El perdón tampoco es algo que le das a la otra persona, es un regalo que te ofreces a ti mismo, porque no quieres vivir intoxicado para siempre por un sentimiento destructivo que no te permite ser feliz ni mirar hacia delante.

Perdonar es aceptar que somos humanos, que no somos perfectos y que por esto a veces lastimamos a otros, con o sin intención.

Perdonar no significa que “harás las paces con la otra persona”. A veces es necesario mantener una distancia sana que empeñarse en permanecer en una situación tóxica. Puedes perdonar, pero aun así, eliges estar alejado. Es más bien, encontrar un lugar en tu corazón desde donde puedes elegir una actitud más humana, más abierta y más comprensiva.

Perdonar es entender que muchas veces las personas no se equivocan intencionalmente, sino porque no conocen otra manera de hacer las cosas.

Perdonar o pedir perdón no significa ser débil; todo lo contrario, perdonar es el acto más valiente, porque te exige dejar a un lado tu condición de víctima, soltar emociones muy fuertes a las que puedes haber estar aferrado por años y decidir proactivamente: ¡NO MÁS! Es elegir cómo quieres vivir y qué tipo de ser humano quieres ser: una persona bloqueda, enojada y detenida en algo que ya ocurrió, o alguien que decide seguir adelante y aprender las lecciones que las experiencias dolorosas le dejaron.

Perdonar es aceptar que ni la vida ni las personas son perfectas, que no tenemos todas las respuestas. Es aceptar que a veces tenemos que fallar y caminar por el camino incorrecto para encontrar el correcto. Perdonar es aceptar las partes tuyas o de otros que no son exactamente como quieres. Es elegir el amor en lugar del temor.

Perdonar nos acerca a otros, es el bálsamo que necesitan las personas para reencontrarse, para recordar que lo que las unió fue el cariño y no el rencor.

Perdonarnos a nosotros mismos puede ser a veces incluso más difícil que perdonar a otros. A veces sentimos que no merecemos darnos ese regalo. Como consecuencia, nos invade la culpa y podemos tener acciones autodestructivas como una manera de castigarnos o de decirnos: “eres un mal ser humano, te equivocaste, no mereces ser feliz.”

El sentimiento de culpa tiene dos facetas: una positiva y una negativa. La primera es una guía que nos ayuda a identificar que algo que hicimos no estuvo bien, que nos ayuda a sentir cómo nuestras acciones han dañado o lastimado a otros Es la culpa sana, la que nos invita a pedir perdón, a la reflexión y al amor.

Por el contrario, la culpa negativa es destructiva, no nos deja vivir en paz, nos paraliza. No nos permite resarcir el daño, ni buscar otra oportunidad para actuar diferente. Nos mantiene en un estado de dolor permanente.

No importa cuán negativo sea lo que hayas hecho o te hayan hecho: ¡Perdona! Es más, mientras más negativa ha sido la acción, más poderosa es la intención de cambiar.

Perdona y perdónate porque siempre tendremos una nueva oportunidad de hacer las cosas de manera diferente, siempre y cuando utilicemos el arrepentimiento de manera constructiva.

Perdónate y perdona todas las veces que sea necesario, porque es la única manera de ser feliz, porque es la única manera de estar en paz contigo mismo, porque lo mereces, porque es la única manera como podemos vivir en un mundo que está lejos de ser perfecto. Porque sólo perdonándote a ti puedes perdonar a otros y porque sólo el perdón te ayudará a construir una relación, una familia y hasta mundo diferente.

Perdona, pide perdón y perdónate, porque, aunque sea muy difícil, es el mejor regalo que puedes dar y que tú puedes darte.

 

Beatriz Peña Pacheco

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A veces hay que desequilibrarse un poco

beatrizpenaCuando les pregunto a las personas qué necesitan para ser felices, muchas de ellas me contestan “estar en equilibrio”, entre otras cosas. Cuando me dicen esto, siempre pienso: entonces la felicidad debe ser un estado muy frágil, porque creo que estar en equilibrio no siempre es posible. Ni la la vida, ni las personas, ni las circunstancias son siempre perfectas. ¿Deberíamos entonces perder nuestra felicidad por esto?

Yo opino lo contrario: creo que el desequilibrio hace parte de la vida y que

“Para encontrar un mejor equilibrio, algunas veces es necesario experimentar el desequilibrio”

Todos tenemos ciertas cosas que nos hacen sentir que nuestra vida fluye y va por buen camino, pero a veces este “equilibrio” se rompe porque se presentan cambios, algunos que buscamos deliberadamente y otros que no dependen de nosotros. La sensación, cuando estos cambios ocurren, puede ser de inestabilidad o, incluso, cuando son muy fuertes, llegamos a sentir que literalmente nuestro mundo se viene abajo.

Algunos tenemos tanto miedo a pasar por esta incomodidad, que intentamos mantener relaciones o situaciones que en el fondo nos resultan insostenibles o dañinas, todo con el fin de “mantener el equilibrio”, incluso si este es destructivo para nosotros. ¿Que tal si por estar defendiendo este aparente “equilibrio” nos estamos perdiendo de una mejor relación, un trabajo o una oportunidad?

La realidad es que es imposible vivir una vida sin cambios y sin desbalances. De hecho, son esos cambios los que nos impulsan a convertirnos en mejores seres humanos .

Cuando tenemos la sensación de estar en “equilibrio” nos refugiamos cómodamente en nuestra zona de confort y no sentimos la necesidad de crecer o de realizar ningún cambio; pero cuando el piso se nos mueve, se despierta en nosotros una necesidad y un deseo, que de otra manera tal vez no despertaría. Es muy duro perder una relación o un trabajo, o que alguien nos diga que no le gusta algo de nosotros, Ante eso tenemos dos opciones: enojarnos, frustrarnos, paralizarnos, o decidirnos a utilizar esas experiencias para motivarnos a transformar y mejorar nuestras vidas.

Cuántas personas reconocen que han pasado por una crisis que creyeron los iba a derrumbar, que no iban a poder con esta carga, y unos meses después descubren que están mejor o que se decidieron a cambiar y crecieron en algún aspecto.

Las experiencias dolorosas y difíciles que enfrentamos pueden convertirse en nuestra motivación y motor para crecer, pero depende de nosotros asumirlas así, en lugar de verlas como una amenaza a nuestra felicidad. ¿No será que a veces la mayor luz viene de superar la mayor obscuridad?

Desequilibrarse un poco no es algo negativo, somos nosotros los que lo vemos así, por la idea que se nos ha transmitido de que para ser felices todo debe estar en su lugar y bajo control. Pero, en realidad, la felicidad no es la consecuencia de estar en equilibrio, es una actitud ante la vida, un deseo de crecer, una elección que hacemos todos los días y a pesar de las cosas difíciles que nos puedan estar pasando.

¿Qué pasaría si toda la vida fuera completamente equilibrada y sin ningún cambio? Perderíamos la posibilidad de transformarnos y descubrir maneras más novedosas y creativas de enfrentarnos a la vida. Perderíamos la oportunidad de descubrir de qué somos capaces, de conocer nuestras fortalezas y de crear nuevas herramientas para enfrentar la vida. Perderíamos la oportunidad de reinventarnos.

Pareciera que entrar en desequilibrio es “peligroso” pero, para mí, es más peligrosa una vida en la que nada se mueve, nada cambia y nada se transforma. El aprendizaje es una consecuencia del desequilibrio y nuestro esfuerzo para volverlo a encontrar.

Imagínate que somos como una compu que a veces necesita ponerse lenta o bloquearse porque requiere actualizarse a una nueva versión. Lo mismo pasa con nosotros: los desequilibrios generan en nosotros un movimiento interior que nos lleva a reinventarnos, a actualizarnos a una mejor versión de nosotros mismos.

Podemos ver estos desequilibrios como oportunidades o como amenazas: puesto que ningún ser humano puede vivir bajo tensión y en estado de crisis permanente, las situaciones desequilibrantes se convierten en grandes oportunidades de Transformación.

¿QUE PODRIAS DESCUBRIR AL DESEQUILIBRARTE ?

  • Salir de la monotonía, al buscar una forma de vida diferente.
  • Crecimiento en las relaciones, el trabajo, las emociones.
  • Descubrimiento de nuevos valores y sentidos.
  • Encontrar otras opciones que no buscaríamos si no tuviéramos que superar la incomodidad y tensión emocional que implica estar en desequilibrio.
  • Convertirnos en personas más fuertes.
  • Nos da flexibilidad, al tener que buscar alternativas de solución diferentes de las que conocíamos.
  • Nos puede ayudar a descubrir herramientas y recursos internos que de otra manera no hubieran salido a relucir.
  • Ganar confianza y seguridad en nosotros mismo, al saber que ¡SÍ PODEMOS!

 

Beatriz Peña Pacheco

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Te viste lento y ahora quieres ir rápido. Haz un proceso reflexivo de tu vida. – Bea Peña.

En nuestra actualidad queremos que todos los procesos sean rápìdos, solucionar nuestros problemas, cambiar de pareja, ser atendidos inmediatamente. Tener todo fácil e inmediato nos hace saltarnos el proceso de duelo en todas las situaciones complicadas del sentir.

 

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La cura para todos los males: la actitud de turista

beatrizpenaEl inicio de este año fue un poco difícil para mí. Por alguna extraña razón, no sentía la energía ni la motivación que suelo sentir siempre que inicia un nuevo año. Esto hizo que empezara a cuestionarme qué podría ser lo que me estaba pasando. Un día, mientras corría por Chapultepec, una idea muy clara vino a mi mente: “lo que necesitas es tener actitud de turista”.

Así que empecé a imaginarme cómo sería vivir nuestra vida con actitud de turistas. Cuando somos turistas, estamos abiertos a aprender cosas nuevas, a soltar un poco el control y la rutina, a hablar con personas que no conocemos. Cuando andamos en plan de turistas estamos más presentes, más observadores, dejamos a un lado nuestra personalidad robótica y volvemos a sorprendernos y olvidamos por un tiempo nuestras preocupaciones. Por eso los viajes son experiencias tan liberadoras.

Pero preguntémonos qué pasaría si pudiéramos mantener algo de ese espíritu en nuestra vida cotidiana, si estuviéramos dispuestos a seguir aprendiendo cosas nuevas, a salirnos de la ruta conocida, a descubrir otras personas, probar cosas diferentes.

Cuando estamos iniciando algo nuevo: una relación, un proyecto, un trabajo, nuestro deseo se activa, nos sentimos motivados y abiertos. Le metemos pasión, energía, ganas.

Pero, tristemente, el tiempo, la rutina y nuestra la tendencia a buscar nuestra “zona de confort”, terminan por llevarnos a vivir una vida “plana” y monótona que muchas veces se reduce a trabajar u ocuparnos de las cosas de la casa.

Al convertir nuestra vida en una serie de rutinas, perdemos la oportunidad de desarrollar otras áreas de sentido, otros intereses, como el deporte, el ejercicio, el arte, o aprender algo nuevo y así dejamos de nutrir nuestra vida de muchas otras posibilidades.

Hemos anulado la creatividad, la intuición, la apreciación de la naturaleza y nuestra capacidad de asombro, en función de una vida “cómoda” y rutinaria.

Muchas personas que vienen a mi consulta porque han perdido su entusiasmo ante la vida, se sienten deprimidas, añoran la época en que hacían otras cosas como bailar, escribir o reunirse con amigos. Pero es tal la fuerza de la rutina, que el simple hecho de pensar en invertir su energía en hacer algo nuevo queda descartado. En cambio, cuando lo logran, es increíble el efecto positivo que tiene en las personas el simple acto de reconectarse con sus pasiones, o simplemente, cambiar de “escenario”.

La rutina es el enemigo número uno de la pasión.

Esta actitud “robótica” puede terminar por trasladarse a nuestras relaciones personales. Las damos “por hecho”, nos acomodamos y las convertimos en otra más de nuestras rutinas. Las dejamos de nutrir y de enriquecer. Estoy convencida de que el peor enemigo de las relaciones a largo plazo es el aburrimiento.

Aburrirse es una elección, la vida está llena de posibilidades, opciones y sentidos, somos nosotros los que rechazamos estas oportunidades.

La actitud de turista es una invitación a vivir vidas más apasionadas, más presentes, más divertidas, más ricas. Es una invitación a cambiar el no por el sí, a vivir abiertos a nuevas relaciones y experiencias, a disfrutar nuevas opciones, a hacer algo nuevo, soltarnos, dejar la monotonía, y salir de nuestra zona de confort.

Es quitarnos de la mente las barreras que nos dicen que ya estamos demasiado viejos para aprender algo nuevo o que no tenemos tiempo o dinero. Muchas de las cosas que nos hacen sentir más felices no cuestan dinero, y tienen que ver con compartir. Si no puedes salir a un restaurante, prepara una cena romántica, disfruta de las miles de actividades que ofrece esta maravillosa ciudad. Cambia el “chip” y empieza a buscar, a indagar y a lanzarse a cosas nuevas, sin excusas.

Ser turistas de la vida es dejar de posponer cosas que queremos hacer desde hace tiempo, retomar algo que nos llenaba de energía y felicidad. En una palabra, es dejar a un lado la rigidez y volvernos más abiertos y flexibles. Ser turistas de la vida es estar dispuestos a compartir más, es volver a invitar la pasión y la seducción a nuestras vidas.

La actitud de turista consiste en aceptar el cambio, el movimiento, ser capaces de soltar nuestros hábitos y rutinas y eliminar de nuestra mente la idea de que “chango viejo no aprende maroma nueva”. Todo lo contrario, como seres humanos estamos diseñados para crecer, para reinventarnos, para aprender.

La actitud de turista nos ayuda a manejar el estrés, a divertirnos, a conectarnos con otros a través de la diversión y la presencia. Es un antidepresivo maravilloso, una fuente de aprendizaje y de sentido de vida.

Todos tenemos rutinas, trabajos y obligaciones que cumplir, pero preguntémonos: ¿Realmente es imposible hacer de vez en cuando algo nuevo? La vida no es aburrida, somos nosotros los que la hemos vuelto aburrida y los que, al convertirla en rutina y confort, le hemos quitado el picante y el sabor.

Dejemos de culpar al tráfico, a nuestros seres queridos o a la vida de nuestro aburrimiento. Dejemos nuestros celulares y la tele a un lado y conectémonos con el mundo real, llamemos a un amigo que no hemos contactado hace días, lancémonos a visitar un museo o a un concierto, tomemos una clase, hagamos ejercicio, salgamos a caminar, cocinemos ese platillo que tanto nos gusta, conozcamos el sinnúmero de pueblos y de lugares hermosos que nos esperan en nuestro país.

¡Por Dios! ¡Gocémonos esta vida, que sólo hay una!

Somos responsables de tener una vida mejor, más rica y llena. Encarguémonos y hagamos de ésta una experiencia más plena y apasionada, recuperemos la actitud de turistas en nuestras relaciones, en nuestros trabajos y en nuestra vida en general.

Y tú, ¿qué estás haciendo para ser turista de la vida?

Y tú, ¿cómo podrías empezar a tener actitud de turista? Escríbelo en los comentarios.

 

Beatriz Peña Pacheco

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Ante todo y contra todo: Actitud de turista – Beatriz Peña

Adrián_Presi

Cuando el ser humano cae en la monotonia de la ciudad, es importante recordarnos que solo hay que cambiar la forma de ver lo mismo desde otra actitud.