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Marioneta, sé libre

Soñaba que era una marioneta y él movía los hilos a voluntad. Alza mi brazos, yo quiero bajarlos, inmoviliza mis piernas, deseo ejercitarlas. Tapa mi ojos, necesito ver el camino. Jala mi cabello, dolor. Fue este sueño que abrió el camino para salir de la situación. Como una marioneta había permitido ser manipulada y dañada tantos años. Pero sólo algunos de los hilos los manejaba él, los demás se conformaban por mis miedos.

¿Qué hacer cuando las cosas no salen como esperamos? Vivir violencia, ser agredida no era parte del plan de vida. La vergüenza, yo una mujer con educación, siendo golpeada por aquel que también era estudiado. El monstruo no lo vi venir o tal vez sí y lo dejé pasar justificando lo injustificable. Concluí en un principio que era un hombre malhumorado. Traté de mantenerlo contento, la comida favorita, los hijos bien portados, no trabajando para atender cada una de sus necesidades y caprichos. Aún así la insatisfacción escrita en toda su persona.
Imposible confiar y revelar el secreto del terror vivido en casa, con qué cara explicar lo inexplicable. Por fuera la familia se ve bien, la casa, los hijos, él con un puesto alto en el gobierno; al fin jóvenes con la vida por delante.

Y ahí frente a mí el dolor se dibujaba, sabía que quedarme sería una condena segura pero a veces es necesario aferrarse un poco más pues el dolor es algo a evitar. La caída es segura, decidimos caer lentamente sin percatarnos del daño diario, raspones de amargura, tirones de humillaciones, torceduras de golpes. La mente se aletarga quedando con una sola idea -no puede ser- ¿qué voy a hacer? ¿cómo continuaré viviendo? Drama mas drama hasta no querer andar, quedarse en cama es tentador paro el tiempo, duermo para ver si al despertar alguien me rescató, quiero ser pequeña ¿dónde estás mamá?

Grito, expreso mi angustia, lloro, limpio el dolor, no pruebo bocado, alimento la agonía. ¿Cuántos días más?

Al pasar el tiempo su intolerancia empezó a permearse a los hijos, un grito aquí, una nalgada por allá, y yo mirando con lágrimas en los ojos, suplicando paz y benevolencia de su parte. Él se mofa de mis ruegos, insiste en que estoy loca. Su risa macabra retumba en la casa.
Los ojos de mis pequeños emanan terror al ver cada noche a su padre. Pavor yo, lo soporto, pánico los pequeños ¡no¡ En ese momento decidí terminar y tomar un camino de paz. Me había equivocado, elegí un hombre violento pero mis hijos no habían ejercido dicha elección. Ellos no tenían que sufrir la violencia como consecuencia de mi equivocación. Me armé de valor y le pedí que se fuera. Resultó mas sencillo de lo que pensé, sus palabras al salir de la casa fueron “mejor para mí ya no lidiar contigo, mi amante me espera con los brazos abiertos”.

Mi hija, con tan solo dos años de edad, corrió a su lado y susurró a su oído: “Dios te bendiga, papá”.


Psicoterapeuta Blanca Almeida

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Todo cambió aquella Nochebuena

Hubiera deseado no escuchar la conversación de mis padres aquella Nochebuena, la situación económica ese año había sido precaria. Comentaba mi madre -¿ qué diremos a los niños cuando vean que no hay regalos bajo el árbol?-a  lo cual mi padre respondió-¡mujer el problema no son los regalos sino las cuentas por pagar !

Al termino de la conversación regresé  a mi cama abracé la almohada y lloré desconsoladamente, pensé que mi padre era un ser egoísta no había querido comprar los regalos, que le pasaba por qué arruinar la navidad de esta forma y, dentro de mi concluí que él era una mala persona y mi mamá era quien en verdad nos quería.

Determiné a partir de ese día que mi papá no merecía mi cariño si él quitaban los regalos yo quitaría mi atención y afecto. Sentía que estaba haciendo justicia a un acto injusto. No comenté con mis hermanos lo escuchado aquella noche, simplemente generé una promesa secreta.

Dicho juramento fue cumplido fervientemente, pues a a partir de ese momento, ignoré a mi padre, retiré cualquier muestra de afecto y lo sustituí por indiferencia.

Por supuesto él se percató del cambio tan drástico, preguntó que sucedía y mi respuestas fueron un conjunto de excusas insustanciales. Durante un tiempo trató de acercarse sin resultado. Mi madre percibió el alejamiento más no intervino. Ella estaba contenta con la nueva cercanía de mi parte y siempre ha creído que las cosas se solucionan con el tiempo.

Es curioso como los cambios se instauran sin percatarnos, dejamos pasar lo obvio, vemos normal lo anormal y la apatía fue el tenor de la relación con mi padre.

Una promesa tonta, una venganza infantil, una suposición errónea pueden restar momentos preciados a la vida.

Pasó el tiempo, mi infancia matizada con las prisas constantes, las responsabilidades diarias, envuelto en un torbellino de actividades, se unieron las preguntas de identidad e inseguridades propias de la adolescencia y de pronto cumplí 22 años. Mi padre trabajando y proveyendo lo necesario para la familia. Yo cegado a sus logros y seguridad brindada.

En la universidad conocí el primer amor, ella notó incongruencias las grietas en la relación con mi padre.

Fue ella quien formuló las preguntas que trajeron luz a la oscuridad.

¿Por qué ignoras a tu padre? ¿Te ha dañado en el pasado? ¿Qué sucedió pues lo miras con resentimiento?

Respondí relatando lo sucedido aquella NocheBuena con la misma mentalidad de un niño de 8 años. Al finalizar me miró perpleja y comentó– ¿has ignorado a tu padre tantos años porque no había dinero para comprar los regalos? Él ha sido el sustento de la familia, ha cuidado, alimentado, ha brindado un techo, paga tu educación, es un excelente padre, está presente.

La respuesta que dio a tu madre fue sensata los regalos son extras, primero es necesario tener comida, pagar renta y escuelas.-

Y continuó- hoy eres un hombre de 22 años y sigues llorando los regalos de esa Navidad. Mira los regalos que tu padre te ha brindado toda su vida. Agradece el respeto que tiene hacia tu madre, su constante trabajo para darles bienestar, confort y estudios. Son bendiciones, gracias a él hoy tu tienes mayores oportunidades para ser feliz. –

La venda cayó y vi el gran error cometido, las lagrimas rodaban cual arroyo, me arrodillé, la humildad invadió mi ser. Generé una nueva promesa – crear una relación inolvidable con mi padre- temía que fuera demasiado tarde, debía intentarlo.

Lo invité a cenar y con el corazón en la mano pedí perdón por el daño causado, expliqué porque había retirado erróneamente mi amor.

Mi padre, hombre serio, comenzó a llorar, durante años se había preguntado qué mal había hecho para recibir desprecio de uno de sus hijos.

Me permitió entrar en su corazón, un amor de padre puro sin rencores, y hoy mantenemos una relación inmemorable.

Te invito a revisar las promesas que restan a tu vida, sustitúyelas por promesas de unión, comprensión, empatía y agradecimiento.

¡Bendiciones hoy y siempre!


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Una mirada a la infidelidad

Ayer descubrí la infidelidad de mi pareja. Todo empezó con un sutil malestar interior -algo está pasando ¿qué es?-

Volteaba a mi alrededor para revisar y no encontraba nada fuera de lugar. La misma casa, los mismos gestos, las mismas actividades, las mismas preguntas; todo igual.

Sin embargo, la voz interior con un constante mensaje -algo no está bien- me alertó. Fue entonces cuando noté esos pequeños cambios en mi pareja. -Ponía más cuidado en su arreglo personal e incluyó colores diferentes.

Notaba que ahora usaba colores de moda, el estilo tradicional fue desapareciendo. El corte de pelo de años lo modificó por algo más juvenil. Mi pareja se iba quitando años en su aspecto.

Empecé a mirarme en el espejo y me desconocí. Esa mujer, esa imagen en el espejo, ¿quién era?

Me percaté que había perdido la figura al aumentar tanto de peso. Mi cabello y piel sin vida -dejada de la mano de Dios-. Yo, una mujer que juré nunca descuidar mi apariencia… Yo, una mujer orgullosa y valiosa. ¿En qué momento traicioné dicho juramento?

Mi pareja estaba despertando a la vida por alguna razón desconocida para mi. Su despertar hizo notar mi apatía ante la vida. De pronto, él estaba alegre y cantaba en la regadera y yo literalmente me arrastraba de la cama para bañarme. En mi sueños él volaba y yo quedaba estancada en el lodo.

No lograba recordar cuando habíamos tenido relaciones sexuales. Por qué ahora lo preguntaba si en realidad no era importante. Estábamos juntos, nos llevábamos bien, cumplíamos y organizábamos las responsabilidades. Los gritos y faltas de respeto eran inexistentes.

Y la voz insistía – algo no está bien-.

Ante tanta insistencia, puse de lado el aletargamiento generalizado de años y activé la curiosidad para centrarme en las acciones de mi pareja. Me percaté de sus canas, ¿cuándo aparecieron?

Disfruté nuevamente de su andar ligero el cual me cautivó cuando lo conocí. En ese entonces describía a mi novio como “el muchacho que caminaba bailando.”

Noté que él siempre estaba en el celular. Sonreía de una forma juguetona al contestar mensajes. Y yo desde cuando no sonreía con una plenitud, dónde estaba mi jugueteo con la vida, mi gozo por la vida, sentirme viva, me percibí vieja.

Empezó a llegar tarde del trabajo, las juntas y los pendientes parecian acumularse como nunca. Él seguía siendo amable, complaciente pero su atención era dispersa. Lo sentía ausente, sus preguntas eran automáticas, sin emoción. Dejó de mirarme a los ojos cuando hablaba de su carga de trabajo.

Y la voz resonaba más fuerte en mi cabeza -algo no está bien-.

Desde un principio decidimos no tener hijos, para dedicarnos tiempo completo a nuestro amor. Nuestro amor, antes tan vívido, certero, mi corazón latía ante su presencia.

¿Qué nos pasó? ¿Qué me pasó? ¿En quién me convertí? ¿Cuándo se instaló la indiferencia?

Desde cuándo habíamos dejado escapar los sueños, los objetivos. La frescura, las carcajadas y el agradecimiento por la dicha se fueron. Lloraba sin cesar ante la pérdida.

Al día siguiente, cuando mi pareja estaba en la regadera, sonó su celular. Contesté y escuché la voz de una mujer -buenos días amor- .


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La ballena azul; la nueva modalidad de suicidio

Blanca Almeida nos habla sobre el Reto de la Ballena Azul.


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Ciclo de la violencia ¿estás dentro?

Blanca Almeida explica el ciclo de la violencia. Podemos vivir violencia y no darnos cuenta de la gravedad; la violencia no disminuye, aumenta.


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¿Cuántos ocupan la cama?

¿Te has puesto a pensar cuántas personas ocupan tu cama en realidad?

Blanca Almeida nos deja claro que ésta puede estar habitada por ideas, expectativas, pendientes y problemas invadiendo la intimidad.


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La ansiedad es un mensaje emocional

La ansiedad se manifiesta en el cuerpo sin embargo es un mensaje emocional. Aprende a decifrarlo para sanar.


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¿Cuándo es infidelidad?


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¿Qué es un diario energético?

Los niveles de energía se relacionan directamente con la motivación y las emociones, descubrir tus mejores momentos energéticos y su uso elevarán tu éxito.


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Erotismo en picada

Toma acciones para reavivar el erotismo en la pareja.

Blanca Almeida te da tips para lograrlo.

 


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