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Ceguera parental

aliciarabagoEste término es muy claro. Habla de algo que no se ve (o no se quiere ver) y, evidentemente, de quien no lo quiere ver. Sin embargo, aunque nos parezca increíble de creer, cada vez más nos encontramos con padres con Ceguera Parental; aquellos padres que NO quieren darse cuenta que algo está pasando con sus hijos y que, si se dan cuenta, por supuesto que les cuesta mucho trabajo reconocerlo.

Son padres que escuchan historias que no pueden ni imaginar pero que, en momentos, se rehúsan a creer que sus hijos podrían estar viviendo alguna de esas historias, padres que piensan que sus hijos les cuentan todo y que solo los hijos de los demás son capaces de meterse en problemas. Éste es el primer error, no podemos confiar en que no suceda, hoy hay que prevenir, hay que hablar, hay que pensar, hay que adelantarnos para que, por lo menos, nuestros hijos escuchen lo que pensamos.

Me encuentro con padres, como aquellos de todas las generaciones, deseando que sus hijos sean felices, deseando que esos niños el día de mañana sean personas honestas, trabajadoras y buenas personas. Nuestro problema radica es que hemos perdido un poco la brújula; por un lado escuchamos que hay que tener buena comunicación con nuestros hijos, entenderlos, no dañarlos, preparar su autoestima, alimentarlos bien, darles la mayor cantidad de oportunidades que sea posible para que puedan lograr sus sueños y tengan un mejor futuro. Todo esto está perfecto y creo que todos estamos en la misma línea; el problema radica en que es tanto nuestro deseo por ser esos padres que resuelven, que están en todo momento, que quieren que sus hijos no sufran ningún descalabro, que les estamos evitando aprender.

Es necesario que, como padres, comprendamos que resolverles la vida a nuestros hijos no les ayuda, que muchas veces de los fracasos se aprende mucho más que de los éxitos y que la vida requiere de enfrentar también el dolor.

Tenemos que quitarnos esa venda que en ocasiones nos pone el cariño y el amor que tenemos por nuestros hijos. Esta venda les impide a ellos crecer y a nosotros ofrecerles las herramientas que necesitan para afrontar las dificultades de la vida; son vendas que nos impiden ser objetivos y descubrir que hay situaciones o conductas de nuestros hijos que a lo mejor no son favorables para ellos pero que, si no nos la quitamos, no podemos ayudar.

Tratar de ser objetivos pensando en nuestros hijos es una gran forma de descubrir en qué podemos ayudar. La objetividad nos ayudará a que todo ese amor que sentimos se traduzca en acciones reales.

¡Abramos los ojos!


Pedagoga Alicia Rábago

Maestría en Orientación Familiar, Master en Psicología Infantil y en Inteligencia Emocional y Educación
Blog: Edúcalos con Alicia Rábago
Twitter: @AliciaRabago
Mail: educalosparaquelosdemas@gmail.com



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