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¿Dios es la respuesta para ser feliz?

Hay muchas formas en que las personas buscan su felicidad, desde una sociedad que busca desesperadamente el éxito que se esconde bajo fama, fortuna y belleza; hasta cuestiones como el bienestar, mantenernos con buena salud, salir a pasear, hacer ejercicio de forma moderada y tener la mente ocupada con trabajos sociales o ampliando estudios.

Sin embargo, “The London School of Economics and Politica Science” publicó recientemente un estudio que muestra que participar en las actividades de la Iglesia puede ser incluso mucho mejor para la salud mental de los mayores que todas estas recomendaciones.

Este estudio muestra el seguimiento que han hecho durante cuatro años a 9,000 europeos mayores de 50 años y la gran sorpresa es que la única actividad asociada a una felicidad sostenida, está relacionada con la asistencia regular a la iglesia, a la sinagoga o la mezquita.

El epidemiólogo Mauricio Avendaño explica: “La iglesia parece desempeñar un papel social muy importante para mantener a raya la depresión y también como un mecanismo de supervivencia durante los períodos de la enfermedad en la edad adulta”.

El experto, al principio se cuestionó si se trataba de la religión en sí o el sentido de pertenencia a algo lo que ayudaba a la salud mental, pero datos del mismo estudio explican que la pertenencia a organizaciones políticas y de la comunidad sólo proporciona beneficios a corto plazo en términos de salud mental y parece, de hecho, que dan lugar a un aumento de los síntomas depresivos a largo plazo.

“Los participantes reciben un mayor sentido de la recompensa cuando por primera vez se unen a una organización, pero si se trata de un gran esfuerzo y no reciben nada a cambio, los beneficios pueden desaparecer después de un tiempo”, apunta Avendaño.

Claro que esto contrasta con un mundo a inicios del siglo XXI no solo ateo sino agnóstico; donde no solo se cuestiona la existencia de un Dios, sino que no se le ve la utilidad. Y ciertamente en edades más jóvenes, esta tendencia crece mucho más, pero así también crecen estadísticas de pérdida de sentido de vida, de suicidios o de depresión.

Y sin pretender correlacionar estos datos, en mis conferencias que imparto acerca de la felicidad, uno de los elementos fundamentales que planteo es la vida espiritual. Esto lo hago con la analogía de una mesa de 3 patas, que es muy frágil, mientras que una de 4 es robusta y fuerte.

Así es el ser humano, todos tenemos 4 dimensiones: Física, mental, emocional y espiritual. Y normalmente las 3 primeras somos conscientes y trabajamos en ellas. Pero ¿Qué pasa con la vida espiritual? Normalmente la tenemos presente cuando hay crisis, enfermedad, muerte o emergencia. Digamos que está ahí para “usarse en caso de emergencia”.

Hoy la sociedad crece de manera silvestre, sin un sustento espiritual acusado de estar obsoleto y caduco. Sin embargo, pregunto ¿Para qué sirve la vida espiritual? Para una sola cosa… para aprender a tener fe… Y ¿Qué nos enseña la fe? Una sola cosa… Nos enseña a creer. Y esto es tan importante cuando la vida te golpea.

Cuando la vida te golpea, y te pone de rodillas, ningún consuelo humano es suficiente, y para que te levantes, debes alzar la mirada y buscar a una fuerza superior, un Dios como quieras llamarlo. Y para que creas tienes que tener fe, y cómo tener fe sino tienes vida espiritual.

Pero para levantarte no basta que creas en un ser supremo, ese solo es el primer paso; para dar el 2º. Paso tienes que creer en alguien más… en ti mismo. Pero de nuevo, cómo vas a creer sino sabes lo que es tener fe, porque no tienes vida espiritual.

Es por eso que es tan importante. Y no hay que confundir la religión con la espiritualidad; sin embargo, el poder integrarse y participar en comunidad, buscando ese alimento al alma, como lo dice el reporte de esta universidad inglesa, propicia que el ser humano tenga mayor plenitud, mayor sentido, y finalmente una mayor felicidad.

Recordemos que ser feliz no es un estado celestial o permanente de alegría; ser feliz es una decisión que se toma a pesar de momentos de desesperación, angustia, miedo, desesperanza. Y es en esos momentos tal vez donde la fortaleza de la vida espiritual hace que la vida pase, tengamos esa resiliencia que permita que todo pase; y porque no pensar que también en nuestros grandes momentos, tengamos esa paz y esa plenitud; que en ambos casos pueda venir de tu experiencia espiritual.

Así que un regalo que te da tu Dios, llámalo como quieras… es vivir principios y valores espirituales que provoquen que tengas esa plenitud y digas en paz: Soy feliz.


Arturo Villegas

Happiness developer
Speaker internacional
Especialista en aumentar la productividad organizacional a través de la felicidad
hola@arturovillegas.com.mx
www.arturovillegas.com.mx
Youtube: arturovillegasmx
+52 (55) 12 04 08 61 ext. 101



2 replies
  1. Cristina Solis
    Cristina Solis says:

    Nadie puede encontrarle el sentido a la vida atraves del egoísmo o la tacañería. La única forma de encontrarle sentido a la vida es atravesar del servicio. Bien sea a Dios o a tus semejantes. l

    Responder
  2. Emmy mayo
    Emmy mayo says:

    Excelentes palabras. Tienes que tener una vida espiritual para llenar tu alma. Si ella no se alimenta. Todo lo demas no sirve siempre nos vamos a sentir insatisfechos buscándo llenar ese vacío con cosas materiales.
    Por ello los problemas de familias separadas cada día más.

    Responder

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