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¿Cómo ha cambiado la mujer a lo largo de las décadas?

INformando con Ale DienerDurante los años 30 y 40, la vida de las mujeres se caracterizaba por la dificultad, el trabajo duro, la independencia y una mayor responsabilidad en casa y en el trabajo.

Les tengo un tema fascinante: ¿Cómo ha cambiado la mujer a lo largo de las décadas, sobre todo en el siglo XX y especialmente en los temas de maternidad, cuidado y crianza de los hijos?

Esto no quiere decir que haya sido bueno; al contrario, tal vez hoy estamos justamente cosechando todo aquello que parecía ser mejor, a la moda.
Por ejemplo, la libertad que proveyó a las mujeres de mayores oportunidades fuera de casa, a principios de los años 1900, inevitablemente fue transferida al embarazo. Las mujeres ya no quisieron estar confinadas y apartadas del mundo y de la vista pública cuando sus embarazos comenzaban a notarse.

La primera ropa de maternidad fue ofrecida en 1905, con un anuncio que retrataba la opción entre la imagen de una mujer sola y embarazada, mirando por una ventana el mundo de fuera, ajetreado y bullicioso; o a una mujer en suelta pero elegante ropa, de compras en una tienda muy concurrida.
También la alimentación artificial para los bebés se hizo cada vez más popular, no sólo porque se pregonaba que la leche materna no era tan buena como la fórmula, sino también porque contribuyó a liberar a la mujer del cuidado de los niños.

La libertad del dolor del parto es otro tema. Seguramente aquí encaja, en estas tendencias de disminuir el esfuerzo y trabajo de las vidas de las mujeres, la demanda del parto indoloro. Provino y fue mantenida viva por las mujeres en maternidad, que compararon el dolor con el peligro y la libertad del dolor con seguridad.

Todo esto ha ido pasando década tras década. Sin embargo, en este nuevo siglo XXI parece que estamos retomando la conciencia, nos estamos humanizando. La mayoría de los médicos, por ejemplo, en Estados Unidos, al principio estuvieron opuestos al nuevo sueño crepuscular, que le llamaban cuando las mujeres parían sin dolor, porque estaban totalmente dormidas y sedadas con una mezcla de fármacos y narcóticos, que no entendían ni lo que pasaba.

Las mujeres percibían a los médicos que se opusieron a este tipo de parto como “machistas”, como que iban en contra de la mujer. Y todos los artículos y publicidad para este sueño crepuscular equiparaban al parto sin dolor con infantes y madres sanos, en los tiempos en que una de cada 154 mujeres morían en el parto y la mortalidad infantil era del 13 por ciento.


Alejandra Diener

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