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Karma No Instantáneo

La situación es muy conocida y no es la primera vez que ocurre.

En una tienda departamental de algún lugar de México, un empleado despistado pretende poner el precio de una televisión LED de 42 pulgadas en $6,450 pesos y, por desconocimiento de las matemáticas fraccionarias más elementales, comete el error de escribir $64.50. Un joven matrimonio llega y descubren el error, y con toda la “inocencia” del mundo, llevan el anuncio del precio equivocado a la caja para intentar obtener el producto a ese precio.

Al encontrar la respuesta negativa de los encargados de caja y de la tienda, acuden a la PROFECO (Procuraduría Federal del Consumidor, en México) para denunciar el incumplimiento comercial, una violación flagrante a la regla (tal vez no escrita) que si una tienda anuncia un precio, está en la obligación de cumplirlo, no cueste lo que no cueste y valga lo que valga.

Por supuesto, muchos estamos en contra de la actitud de la señora. Claro que el amable lector tiene todo el derecho de opinar lo contrario, pero apelando a la ética más básica no es difícil deducir que los clientes esta vez no tienen la razón. Tal vez sea legal, pero no moralmente correcto. Gracias a su insistencia y su ambición, tal vez alguien quedará sin trabajo – sin entrar a detalles sobre las políticas de la empresa, que si se lo descuentan al empleado, que si la mercancía está asegurada, solamente un jefe con aún menos escrúpulos que la señora sería capaz de cobrar el seguro de ese producto y encima cobrárselo al empleado para clavárselo a su propio bolsillo. Es lo de menos. Por la más mínima decencia, no deberíamos aprovecharnos de los errores de los demás, esperando no se entienda esto como un sermón circunstancial. Sintonizándonos con el sentir popular, podríamos pensar que el “dar un palo” a estas grandes empresas es un acto de heroísmo socialista o que es como “quitarle un pelo a un gato”. Eso ya depende de cada quién, pero por lo pronto hay que fijarse si nuestra ambición no afecta a alguien que tiene menos que nosotros.

Sin embargo, aunque son bienvenidas las opiniones en los comentarios, el objetivo de este artículo no es determinar si la señora tiene razón o no.

Lo que me llama la atención son los comentarios en las redes con respecto a este video. Por regla general, habrá quien aplauda la hazaña de la señora, pero la gran mayoría la condena. Y un detalle me salta a la vista, las opiniones de algunas personas cuando afirman “Pero hay algo que se llama karma, y tarde o temprano vendrá alguien que la chingue a ella”.

Obvio, es una creencia popular (proveniente de las religiones dhármicas), muy afianzada en el colectivo, el célebre “karma”. El cual, como el proverbial experimento del bote de leche, puede ser instantáneo, o no, o simplemente puede nunca llegar.

El “karma” es entendido por la mens populi como una especie de conciencia vigilante, como una policía del comportamiento que acude raudamente -o no tan rauda- a hacer pagar a cualquiera que haya cometido un mal hacia sus semejantes. En especial, hacia sus semejantes. Muchos están seguros que, al haber esta señora reclamado su tan mezquino derecho y poner en aprietos a un desconocido -cuyo único crimen es la falta de atención o la ignorancia- puso en marcha una maquinaria de justicia cósmica (sospechosamente enfocada en humanismo mundano) que en unos momentos, o días, o meses, va a traerle su merecido castigo. O tal vez este sistema de justicia padezca un poco de burocracia y la sentencia tarde más en llegar, tal vez años… o quizá la solicitud se traspapele y la acción correctiva nunca llegue.

Realísticamente hablando, hay una probabilidad de que esto suceda, pero no ahora y no por esa mala acción. Y esta reside en que la persona en cuestión -ya no hablemos de esta señora, sino de cualquiera que obre mal- constantemente cometa actos que atraigan, no de una manera mística sino por un muy natural sistema de causa-efecto, consecuencias negativas para ellos.

Roba a las personas, estáfalas, aprovéchate de la ingenuidad, de la buena fe, de la inocencia, y se irán acumulando en tu fama varias manchas que tú no verás, pero que tarde o temprano van a repercutir en una animadversión hacia tu persona, y al final, alguien te denunciará, por venganza o por mero deseo de justicia. Y puedes ser muy hábil, y nunca conocerás la cárcel. Hay gente que lleva toda una vida ganándosela de esa manera. Y el hecho de que no les ocurra nada, significa que el karma no es tan instantáneo como creen, o de plano, no es. Y a quienes sí le rebota en la cara, hay una razón muy sencilla. Tira piedras constantemente a un tejado y acabarás haciendo un hoyo. Maltrata a un animal poderoso y en el momento menos esperado te dará una buena coz. La ciencia estudia la causalidad y la causalidad. Pero ese legendario “karma”, igual que otras entidades de su vuelo, a veces está tan ocupado que no puede atender a todos los infractores que quisiera.

Hace unos meses, el famoso “ruso nazi” recibió tremenda paliza por haberse dedicado sistemáticamente a molestar a quienes él consideraba una raza inferior y el resultado no se hizo esperar. Una multitud se reunió para apalearlo y no salió bien librado. Honestamente, ¿ustedes creen que eso fue karma? ¿Semi-instantáneo, o tardío? ¡Pero le llegó! De acuerdo, aunque hay (y existieron) infinidad de personas que han cometido actos infinitamente más atroces, y nunca han recibido su merecido.

Sin embargo, tal parece que las redes y la impartición de justicia proyectada son una especie de catarsis. Atiendan a los comentarios y encontrarán cientos de guerreros sociales de teclado que pronostican que a tal o cual villano le llegará su castigo, y una vez hecha la predicción, se retiran a seguir con sus tranquilas vidas, la mayoría de las veces sin comprobar si el mentado karma llegó o hizo acto de ausencia.

Igual, el mismo ejército de guerreros en la red usa su derecho a odiar a los personajes que es necesario que existan como los depositarios del odio colectivo, pero eso ya es tema del próximo artículo.

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Julius Hernández

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Julius es conocedor del mundo de la ficción y la fantasía en muchas de sus encarnaciones; escribe desde tiempos inmemoriales, aunque esta actividad nunca la había tomado en serio. Habla 16 idiomas, de los cuales sólo 2 son terrestres. Autor de la novela El Pecado del Mundo, de venta en Amazon.



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