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La bioquímica del cerebro y el amor

dragabrielafriasLas investigaciones que enmarcan el amor como un proceso bioquímico no han concluido. El descubrimiento que la feniletilamina está vinculada con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, quienes sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de esta sustancia y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando nos enamoramos.

Al inundarse el cerebro de feniletilamina, este responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, de la capacidad de desear algo y de repetir) un comportamiento que proporciona placer. También de norepinefrina, de oxitocina y prolactina -que además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche- parecen ser mensajeros químicos del deseo sexual y el comienzo de la acción de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado.

Los expertos coinciden en que la pasión radica en la corteza cerebral, en concreto en las sustancias llamadas anfetaminas. Al inundarse el cerebro de ellas, se produce la secreción de dopamina, el neurotransmisor que refuerza la capacidad del deseo y el placer.

Estudios indican que el cerebro de una persona apasionada contiene cantidades de feniletilamina, una de las anfetaminas más potentes.
Naturalmente, con el paso del tiempo, esta pasión se desvanece. Según Shere Hie, el amor pasional suele durar unos tres años, pero al final la bioquímica cerebral decae y los sentimientos se van mitigando.

Es la fase del cariño más pausado, el afecto personal y la comprensión. O, por el contrario, el desamor total y la separación de la pareja. Pero lo cierto es que todo el entramado químico que originó el amor pierde fuerza, tarde o temprano. Ese “amor para toda la vida” suele quedar en una relación de complicidad, amistad o compañerismo.

Existe, por tanto, en el cerebro humano un gran laboratorio que potencia los sentimientos, estímulos, atracción y rechazo. Ello explica que, en ocasiones, las personas pasen del amor al odio, de la seducción a la frustración, sin ningún motivo aparente.

También de la fogosidad sexual a la insatisfacción, controlado por los niveles de testosterona y serotonina, otras sustancias que influyen en la conducta afectiva. En definitiva, las relaciones personales se mueven en este complejo laboratorio químico cerebral, que dirige los pasos de la pasión y el desamor.

Diversas indagaciones han concluido que se puede incluso hacer una matriz con las variadas manifestaciones y etapas del amor y sus relaciones con diferentes sustancias químicas en el cuerpo. De esta manera, el deseo ardiente de sexo está unido a la testosterona; mientras que la atracción y el amor en la etapa de euforia, así como el sentirse involucrado emocionalmente están relacionados con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina. El vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.

La atracción física es un suceso que involucra efectos químicos en nuestro organismo que nos hace sentir algo especial por alguien. Además del encanto de una persona, los factores fundamentales son las feromonas y el olor particular que emite cada cuerpo.

Las feromonas son producidas por hombres y mujeres y éstas son liberadas a través de la piel. Aunque no se percibe de forma consciente, éstas ingresan por el olfato. Nuevamente, el culpable es el cerebro.

La locura de la pasión del primer momento se desvanece gradualmente en favor de sentimientos más emocionales y afectivos, gracias a que aumenta el protagonismo de otra sustancia química: la endorfina, la hormona de la felicidad, que genera una sensación de confianza, tranquilidad y armonía. Este ingrediente esencial hace que los humanos puedan mantener relaciones estables por largos años, eso es, quienes logren adecuarse a los nuevos cambios.

Dentro del mismo tema de la bioquímica del sexo, hablaremos de una situación que molesta a la mayoría de las mujeres; para muchas mujeres, la correlación entre sexo y ronquidos es uno de esos molestos hechos de la vida, no importa la hora a la que se produzcan los encuentros apasionados, casi el total de los hombres parecen quedarse dormidos inmediatamente después…… ahí también el cerebro y las hormonas son los responsables, hablaremos de ello en nuestra próxima participación.

 

Dra. Gabriela Frías A.

Dermatóloga Certificada
gabifriasdermatologa@gmail.com

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