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El matrimonio se ha deteriorado, desvirtuado y devaluado

INformando con Ale DienerHoy vamos a platicar un poco sobre la historia… La historia de la mujer, del matrimonio, de la familia, un poco de la historia de la sociedad.

Hace una década decían que el matrimonio era la cárcel del amor, que sometía a la mujer, que la sometía a quedarse en casa, cargada y en el rincón como escopeta. Alguna vez lo mencionó un político mexicano refiriéndose a la mujer, a lo que deberíamos hacer las mujeres.

Años después, podemos darnos cuenta de que lo que se suponía era una prisión para el amor se ha venido deteriorando, el matrimonio se ha desvirtuado y se ha devaluado.

Las mujeres antes se quedaban todo el tiempo en casa, es una realidad. La Segunda Guerra Mundial ayudó a que la mujer se diera cuenta de que podía hacer la diferencia en la calle, salió a trabajar. Ellas eran las que fabricaban las balas mientras los hombres luchaban en la guerra; ellas ayudaban a los heridos; ellas eran las enfermeras; ellas se dieron cuenta que también era divertido estar afuera, y después se dieron cuenta que también podían ganar dinero.

Pero, bueno, la historia ya se cuenta sola, y nosotras estamos ya viviendo en el siglo XXI, en donde “para qué me caso”, “si ya puedo vivir con mi novio o con mi novia”, “¿para qué tanto rollo?”, si ya está el divorcio exprés en todo México.

Le hemos dado al traste al matrimonio, a esta institución insustituible, socialmente valiosa, que sostiene a la familia. Hemos degradado tanto al matrimonio, que ahora cualquier cosa se puede llamar matrimonio, y pobre aquel que diga lo contrario, porque lo descalifican socialmente; y lo más triste de todo, es que se supone que con lo anterior hemos alcanzado la modernidad. Somos supuestamente evolucionados, somos supuestamente libres, la mujer se siente poderosa; pero en realidad somos las mujeres las que hemos abandonado el hogar, por encontrar el éxito y el reconocimiento social.

Debido a todo esto y más, leyes que van en contra de nuestra naturaleza, como el asesinato de niños por nacer con la legalización del aborto, o la legitimación de uniones de personas del mismo sexo, como si fueran matrimonios, y la oportunidad de éstos para adoptar niños, que tienen derecho a ser cuidados por padre y madre, tienen sentido.

Es obvio que si nosotros mismos: los matrimonios, los jóvenes, las mujeres y los católicos en particular, pintan sus vidas de colores porque quieren encajar, pertenecer y parecer actuales y tolerantes, cualquier forma de vida, de estilo y tendencia deberá de ser aceptada.

Resulta que ahora los raros son aquellos casados que protegen la vida y que creen en el matrimonio para siempre. Hay tal ataque ideológico en contra de los niños y de la mujer, con falsos derechos y leyes inventadas, que no se nos haga raro que se desmoronen las sociedades occidentales, en especial, dado que nos hemos dejado encandilar por la sensualidad y la vanidad, pero sobre todo por la soberbia de querer someter a la Creación, que nos fue prestada para administrar y no para aniquilar.


Alejandra Diener

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