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Mujeres: Lo que se ve no se juzga

Gracias por venir, amigos. A propósito de éste pasado mes del amor y la amistar y del día internacional de la mujer, esta plática está dedicada precisamente a ellas. Podemos hablar de las mujeres desde distintos ámbitos y puntos de vista y siempre tendríamos algo más que decir, de manera que tenemos bastante tela de donde cortar y ¡vaya que bastante! Así que delimitaremos un mucho este universo de posibilidades y nos enfocaremos a la mujer en aspectos muy generales y de su relación en pareja, ya sea como novia o esposa y, bueno, desde la óptica particular de su servidor.

¡Va por ellas, aunque mal paguen! ¡Salud! Cuántas veces no hemos escuchado esta frase en boca de hombres heridos de amor acompañados de una copa de vino ya sea en escenarios de la vida real o de la televisión; pobres hombres tirados al vicio y la perdición, convertidos en piltrafas humanas por culpa de una mala mujer… Y nadie hace nada, como diría nuestro querido Jaime Maussan. Pues bien, para que no quede en nada, vamos a hacer algo.

Y para empezar quiero de alguna forma aclarar que mi intención no es echarle porras a las mujeres sólo por echarles o por querer quedar bien, como las que avientan los acarreados de un partido político a su candidato. Tampoco quisiera que alguien fuera a pensar “lo dice porque seguro le tocó una buena vieja” (aunque, la verdad sea dicha, soy muy afortunado por tener la esposa que tengo) o la otra de “se ve luego luego que no sabe nada de mujeres” sino, más bien, la intención es platicarles sobre esas cualidades positivas que saltan a la vista y que muy bien podemos englobar en el dicho “lo que se ve no se juzga”.

Permítanme un brevísimo paréntesis para comentar que, a pesar de que en la actualidad se habla mucho de la igualdad entre hombres y mujeres, es innegable que hombre y mujer son diferentes y que ese discurso sobre igualdad debe, más bien, encausarse en aceptar conscientemente esa diferencia porque en tanto ésta no quede asimilada, seguiremos siendo testigos y/o participes de situaciones marcadas por discusiones, roces y enfrentamientos entre estos dos géneros en donde, en la mayoría de los casos, el hombre resulta “vencedor” pero dejando resentimiento en la otra parte.

Ahora sí, volviendo a lo que estábamos, déjenme comentarles algunas de las muchas cosas que las mujeres hacen y que verdaderamente son sobresalientes. Esas habilidades naturales que en la casa, en la escuela y en los entornos donde interactúan van desarrollando y perfeccionando son de llamar la atención y hay que decirlas. Por ejemplo, en la escuela es sorprendente esa naturalidad que tienen para crear, para dedicarse y poner esmero en sus trabajos escolares. También es notoria su sensibilidad, solidaridad y empatía para con lo que le pasa en su entorno y con quienes les rodean.

En casa, gracias a ellas, todo marcha en orden y armonía pero no se piense que es fácil; detrás de ello hay trabajo duro y constante que requiere de esa fuerza que sólo ellas tienen para poder jalar la carga en los momentos de subida.

Cómo no mencionar también que han sido fuente de inspiración a lo largo de la historia para que los hombres muestren lo mejor de sus talentos al mundo. Y esto sucede cuando se sabe valorar y disfrutar del amor de una mujer. Precisamente, este es el punto medular en ellas: su capacidad de amar.

El amor de una mujer a un hijo es la mayor fuerza de atracción de la naturaleza; nada de que la fuerza de gravedad o las fuerzas nucleares en el átomo, esas son patrañas. ¿Y el amor a un hombre? Es una extensión del amor al hijo, por eso luego se dice que la esposa es como la mamá del esposo.

En relación a lo anterior, tengo un mensaje para mis compañeros hombres. Imaginen ustedes, de entre tantos millones de seres en el mundo, con el tiempo y un ganchito podemos tener la inmensa fortuna de que una mujer deposite su amor en nosotros: ¡sí, de entre millones, una mujer puede amarnos! Tomemos conciencia de ello para poder aquilatar y disfrutar en su justa medida ese amor y si así lo hacemos, ellas harán que conozcamos el paraíso en vida. De no hacerlo así, conoceremos el lado opuesto del paraíso y terminaremos acompañados de una copa de vino y diciendo cosas como las que mencionamos al principio.

Hay una frase que dice que a las mujeres no hay que entenderlas sólo amarlas. Perdonen mi insistencia pero creo que sí hay que entenderlas para poder seguir creciendo juntos. Pero como también dije al inicio, esto es sólo la opinión de su humilde servidor y una invitación a atreverse a mirar desde otras perspectivas para aprender más sobre el interesantísimo tema de las mujeres. Al final cada quien tomará su postura. De verdad, verán que si lo intentan sin rendirse, su relación con las mujeres en cualquier ámbito traerá para ambos resultados que los llenarán de satisfacciones. Y para ayudarles en esta reflexión, les recomiendo echar un vistazo a la columna de Tere Chacón “No entiendo a las mujeres” y leer el libro de la doctora Gina Zabludovsky Kuper que lleva el mismo título de la columna de Tere.

Muchas gracias por haber venido, amigos. ¡Hasta pronto!


Antonio Carlos Martínez

Las cosas buenas pasan pero el trabajo con esfuerzo y dedicación, dando lo mejor de nosotros, es lo que hace que sucedan.

Email: ankar_26@hotmail.com



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