Ignacia Guest House

Ignacia Guest House se encuentra en la colonia Roma y ha sido intervenida por Samsung para lograr la unión perfecta entre diseño y tecnología. Es dirigida por Gina Lozada, quien nos habla sobre el proyecto.

 

 

La Casa Samsung y Architectural Digest

El director de la revista Architectural Digest, David Solís, nos platica cómo trabajaron en conjunto para crear Casa Samsung.

 

 

Casa Samsung con Hervé Baurez

Conocimos Casa Samsung, un lugar donde diseño y tecnología se unen para brindar lo mejor en hospitalidad. El director de mercadotecnia de Samsung nos explica el concepto.

 

 

El trabajo de Orfeo Quagliata en Casa Samsung

El artista Orfeo Quagliata nos habla de su trabajo en la Casa Samsung, llena de diseño y tecnología. Parte de su trabajo se expone en el Museo de la Luz del 15 de noviembre al 31 de enero.

 

 

Qué es la Inmunoterapia

El Dr. Carlos Miramontes nos habla de la inmunoterapia, un tratamiento utilizado para tratar enfermedades como el cáncer.

 

 

Mezcal Matra

¿Buscando un buen mezcal? Los hermanos Ortega nos presentan Mezcal Matra, producto 100% oaxaqueño.

 

 

Frette México con Rosario Arnaud

La directora de Frette México nos habla sobre la gama de productos que tiene la marca y su presencia en el país.

 

 

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Wolfweinstein, Spacey City y otros lugares tenebrosos

El tsunami que arrasa la industria de Hollywood en estos momentos, cuya propagación, trayecto y ruptura somos incapaces de medir adecuadamente, es sin duda un hecho histórico que conmociona a la sociedad occidental y se constituye como un parteaguas en el pensamiento popular. Estamos viviendo un momento social clave, aunque no podamos identificarlo como tal.

El movimiento comenzó mucho tiempo despúes del inicio de las actividades que provocaron su surgimiento. Desde que la humanidad tiene uso de razón, los personajes poderosos han utilizado su poder, relativo y general, para proporcionarse placer a sus anchas sin que los plebeyos que les rodean pudiesen mover un dedo para denunciarles.

En Hollywood, el comportamiento de los reyes locales es perfectamente comprensible, aunque no justificable, por el solo hecho de que existen, a la par, miríadas de seres menores y desconocidos que hacen sus pininos en el mundillo artístico y que anhelan la fama y el estrellato. No pocas son las historias de las starlets (o aspirantes a starlets), que harían cualquier cosa, sí, cualquier cosa, con tal de tener una oportunidad de que su nombre y figura titilen con brillantez en el firmamento del espectáculo.

El problema comienza cuando los tiempos cambian, y con ello la óptica social. Lo que antes se veía como una situación común y corriente, ante la que había que callar bajo pena de ser desterrado para siempre del Olimpo, ahora es un comportamiento denunciable, sujeto a penalización legal y social.

Juzgar al rey H. Weinstein por sus abusos con las actrices que han levantado la voz, no es el objetivo de este artículo. Pero habría que preguntarse algo muy justo: ¿cuántas -y cuales- de todas estas actrices (que obviamente son más que las contabilizadas) llegaron con la firme idea de hacer “cualquier cosa”, inclusive darle placer sexual a un cerdo con poder? ¿Cuántas de ellas (y de ellos, porque debe haber también muchos ellos) realmente salieron de dichos encuentros oscuros en el ambulante Castillo de Wolfweinstein con la firme convicción de que esta práctica no sólo NO era un “abuso” del rey, sino una estrategia -de las ahora víctimas- que les permitía obtener oportunidades que de otra forma no podrían haber conseguido? Sí, estoy seguro que el “cerdo Harvey” forzó a muchas de ellas a situaciones en las que no tuvieron otra opción que dejarse someter. Eso es, sin discusión, una actitud reprobable.

Pero tomemos en cuenta que no podemos tener la certeza de los valores éticos y morales de cada individuo: el sexo es moneda corriente en el mundo del espectáculo. Sin juzgar la moralidad del asunto, ya que de juzgar, caeríamos en la insensatez de la cacería de brujas, tan emocionante en la dinámica de las redes sociales. Sin intentar despojar la “cerdez” de Weinstein, quien más que un tipo “enfermo” ha sido un “enfermo de poder”, como lo fue Nerón, Calígula, Helogábalo, Hitler, Durazo, Salinas de Gortari y tantos personajes que han pasado por los tronos de la historia universal. Así que, el hecho de reconocer que muchas de ellas, tal vez no contentas con el resultado de su “estrategia”, ahora se suman a la voz denunciante que se transforma en ejecutora. Maldito cerdo, no me diste lo que quería, ahora contribuyo a tu hundimiento total. Bastante justo (fair enough).

El Castillo de Wolfweinstein, que ahora se encuentra en ruinas y lleno de telarañas, es circundado por los condados de Rattnertown, Tobacktown, CK Town y varios pueblillos como Hoffmanville, Seagalville, Travoltownie y muchos más, de cuyos nombres no quiero acordarme: se me escapan por sus pequeñas extensiones y bajo impacto mediático. Hasta el momento. De última hora: parece que la Takei Space Station también ha resultado afectada por el tsunami.

Esa misma ruta, pasando por la tierra que alguna vez fue el floreciente Polanski State, muy cerca de Allentown, nos lleva a Spacey City, la maravillosa ciudad no tan moderna pero sí modernista, cuyo portavoz y responsable de su brinco a la fama es el actor Anthony Rapp (actualmente en el reparto de Star Trek: Discovery), quien a los 14 años hacía sus pininos en el medio y estaba tan vulnerable y deseoso que Kevin Spacey aprovechó para hacerle proposiciones indecorosas y -tal vez- conseguir su objetivo. De ahí la reciente sharknami ha llevado a la ruina la carrera del que una vez fue un celebrado actor, quien dio vida los memorables personajes en The Usual Suspects y Se7en, sin dejar de mencionar al icónico Frank Underwood de la (ahora) malograda serie House of Cards.

Spacey City se ha convertido en un pueblo fantasma que ni siquiera tiene atractivo turístico. Sus glorias pasadas quedan grabadas para la posteridad en soporte digital. Así como Jacksonville y su parque temático Neverland (al cual sólo falta que se pretenda juzgar y condenar a posteriori), igual que al glamoroso pueblo de Mooretown, que saltó a la fama hace unos años por un video de su fundación en 1982.

Éste último es un caso aparte. Llega un momento en que la línea entre el abuso sexual y el juego inocente picaresco se hace muy borrosa, y resulta tan amoral el condenarlo sin haber estado ahí, como la apariencia del acto mismo. Muchos vemos en el video de Demi Moore y Philip Tanzini un hermoso momento en que una chica de 19 años le obsequia un primer beso francés a un chiquillo quinceañero que seguramente el día de hoy, a sus 50 años, no anda por ahí violando ancianas indefensas. A muchos, afectados por el calentamiento global que se propaga por el internet, les hierve la sangre y gritan “pedófila” a una chica de hace 35 años, quien en ese tiempo ni siquiera había cumplido la mayoría de edad.

Indignarse por cualquier suceso sin el contexto adecuado, y pretender lapidar a sus protagonistas por el placer de ser héroes sociales, comienza a dejar de ser un acto de justicia y se convierte en la amenaza de transformar a la sociedad en un estado de barbarie e intolerancia. Igual que en Salem.

Del tenebroso castillo de Wolfweinstein y la libertina urbe de Spacey City, a la pacífica y ensoñadora Mooretown hay una gran diferencia. Pero también dicen que juzgar a los hombres y no a las mujeres, es sexista. La verdad, es que en plena efervescencia millenial, ponerse a atacar o defender tal o cual postura son puras discusiones bizantinas.

ADVERTENCIA: En este boletín histórico no se pretende justificar a los abusadores. Pero la historia tiene un particular modo de acomodar las piezas de manera que los héroes y villanos quedan indeleblemente establecidos en sus páginas. Lo complicado reside a la hora de intentar separar al artista, como persona, de su obra; y más aún, de las verdaderas motivaciones de los supuestos criminales y sus supuestas víctimas. Mejor dejemos que la ley, como debe ser y con sus propios métodos, imparta la ciega justicia que sea apropiada. Que no necesita tantos fiscales.

Ahora que, lo verdaderamente grandioso y espectacular, va a ser cuando estalle la burbuja del calentamiento global y el que caiga sea el Planet Trump. Pero dudo que eso ocurra, por lo menos en el futuro inmediato.

Creencias limitantes con Beatriz Peña

Beatriz Peña nos habla de creencias que nos impiden crecer o nos limitan de alguna manera ¿Qué hacer al respecto?