Salo Grabinsky, 30 años

Consultor, asesor y conferencista. Escritor de amplia experiencia y con sólida formación académica ha sido constante colaborador en esta revista y distinguido miembro de la comunidad de la Facultad de Contaduría y Administración. En conmemoración de sus 30 años en el mundo editorial, Salo Grabinsky Steider invitó a Emprendedores a su casa para regalarnos esta entrevista.

¿Quién es Salo Grabinsky?

Un puma de corazón. Mucho de lo que hago, lo hago por la FCA y por la UNAM. Todos los que somos parte de la Universidad Nacional debemos sentirnos muy orgullosos y trabajar por ella. Soy ingeniero químico egresado de la UNAM y tengo dos maestrías de la Universidad de Columbia, una en ingeniería industrial y otra en negocios.

Su participación en “Emprendedores”

Mi participación con la FCA ha sido constante y muy larga. Incluso la obra de mi padre fue en su momento referencia obligada para los administradores. Él fue Nathan Grabinsky y con Alfred Klein escribió el libro “El análisis factorial: guía para estudios de economía industrial”, publicado por el Banco de México.

Recientemente la FCA me editó “Las empresas familiares modernas. Textos prácticos para emprendedores”, para conmemorar los 30 años de mi columna “Del Verbo Emprender”. Es una selección de artículos míos donde explico que las empresas familiares son un sistema que va más allá́ del negocio.

La empresa familiar debe ser parte de un proyecto y a veces los emprendedores se emocionan al ver cómo, a partir de la nada, crece su empresa. Pero están tan ocupados que no advierten cuando pierden facultades ni se preparan para una sucesión.

Estos son los temas que más abordo en Emprendedores. Desde sus inicios, también hace ya casi treinta años, soy colaborador en este proyecto tan importante y que no tiene, hasta donde sé, igual en México.

Su trayectoria

Cuando terminé mis estudios, a mi regreso de Estados Unidos y de España en los años setenta, se me invitó a dar clases de finanzas en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM. Fue entonces que comencé a escribir pequeños artículos para complementar la información que daba a mis alumnos. Después salió́ mi primer libro, “Sistemas Financieros”, en el que fui coautor en 1973. Se vendió todo el tiraje.

Lamentablemente, como trabajaba en Naucalpan y ya entonces trasladarse desde allá́ a Ciudad Universitaria era muy difícil, no pude continuar las clases. Seguí́ con mi carrera y casi 15 años después, en 1986, retomé la escritura con mi columna “Del verbo emprender” en el periódico Excélsior y el año pasado cumplí́ 30 años de incesante actividad como autor. En todos estos años, la FCA ha sido sumamente importante para mí. Por ejemplo, cuando se editó mi segundo libro, “El perfil del pequeño empresario”, todas las ganancias las regalé a la FCA, que en ese momento dirigía el Doctor Alfredo Adam Adam.

Del papel a la empresa

Mi llegada a Excélsior se dio porque en una cena de amigos coincidí con Juan José Kochen, otro puma de corazón. Él trabajaba en el periódico y le di a leer mis “Memorias del pequeño empresario”. Como le gustaron, decidió incorporar mi trabajo a la sección nanciera del periódico y decidió que mi columna se llamaría “Del Verbo Emprender”. Así comenzó mi carrera como periodista de negocios.

Del Verbo Emprender me permite relatar historias y dar consejos sobre casos y situaciones reales a emprendedores, a las pymes y a las empresas familiares. Son estas empresas las que han sido mi área de especialización durante casi treinta años. Escribir esta columna me dio a conocer en infinidad de lugares, no solo a través de Excélsior, sino por otros medios impresos que reproducían mis textos, a veces sin siquiera anotar mi nombre, lo que no me importaba: estaba en mis 15 minutos de gloria y hasta hoy, mientras me publiquen, como me publiquen, soy feliz.

Comencé a dar lo que llamé “Charlas para pequeños empresarios” y se me empezó a llamar como conferencista y asesor. Esto también me trajo problemas, sobre todo con mis socios porque comencé a creerme el rey del mundo. En ese momento yo era el director general de una empresa constructora y decidí dejarla para dedicarme a lo que descubrí era mejor para mí. Vendí mis acciones –las vendí mal, por cierto– y en 1987 abrí mi empresa consultora Grabinsky, Álvarez y Asociados, S.C. Mi socia original, contadora de la UNAM, no siguió con el proyecto. No siempre las personas pueden arriesgar el ingreso que tienen como empleados y dejarlo todo para emprender un negocio propio. Pero quedamos en muy buenos términos y recuperó su inversión inicial en poco tiempo.

Desde entonces hago lo que me gusta: dar consultoría, escribir, editar libros y asesorar empresas. Esto ha sido muy gratificante. He sido publicado en múltiples periódicos y revistas en México y en el extranjero. He conocido muchas historias de éxito y también muchas de muy tristes fracasos.

Ni abogado, ni cura, ni rabino

Una noche, dos años después de iniciarme como consultor, recibí una llamada que fue determinante en mi carrera. En ese momento contaba ya con una cartera de 20 o 25 empresas a las que daba consultoría administrativa y financiera. La llamada era de uno de mis clientes. Él, desesperado porque su esposa lo había abandonado, buscaba mi consejo. Obviamente le recomendé consultar a un abogado, pero él insistió en que quería que yo interviniera para arreglar las cosas con su mujer. Acepté.

Me reuní con ambos y los escuché. Ella, enojada, quería dejarlo en la ruina a como diera lugar. Exigía el negocio del que vivían, aun cuando no contaba con estudios suficientes o conocimientos básicos para mantenerlo a flote.

Eventualmente pude proponerles que se divorciaran, que ella se quedara con la casa y al cuidado de las hijas. Él se quedaría al frente del negocio y le pasaría una cantidad mensual. También seguiría procurando y visitando a las hijas. Aceptaron. Este fue mi primer divorcio, sin ser abogado, cura o rabino. Solo soy un simple ingeniero, pero un ingeniero al que la gente escucha.

Me di cuenta de que todas las empresas que asesoraba eran familiares y que cualquiera de ellas, por problemas ajenos al negocio –a las ventas, a los costos, a la producción, a la liquidez–, podía tronar por un problema familiar: por una situación de mamá y papá, diferencias con los suegros, entre hermanos, entre padres e hijos, con la familia política, peleas, enfermedades y hasta la muerte. Es por eso que extendí mi consultoría para asesorar a estos empresarios en sus asuntos familiares, con relación a sus negocios.

El nacimiento de una empresa editorial

El primer libro sobre empresas familiares hecho por un latinoamericano es “La empresa familiar” y lo escribí yo a partir de mi sentido común y experiencia. Un éxito total con más de 70 mil ejemplares vendidos que publicó de nuevo Nacional Financiera. Fue un libro muy querido y su versión en inglés muy bien recibida, igual que otros de mis libros en Sudamérica. Pero con “La empresa familiar” tomé una decisión: lo publicaría yo y para esto cree mi sello editorial, que también se llama “Del Verbo Emprender” y la fusioné con Salinsky, Alvarez y Asociados. Nuestros libros se venden muy bien. Lo más interesante es que el dinero que se obtiene, se reinvierte para hacer más libros. Solo hago excepciones en casos muy especiales, como cuando la FCA edita mis libros.

Hago las cosas así porque me di cuenta de que solo un papá puede cuida bien a sus hijos. Las personas que escribimos muchas veces padecemos la indiferencia de las editoriales que deciden si nos publican una vez más o no, o que piensan que tienen derecho a cambiar lo que queremos decir. Eso no me gusta y por eso he comprado los derechos de otros libros míos, para editarlos y distribuirlos yo. También edito libros de otros autores, incluida mi esposa.

Una cuestión de estilo

Yo escribo exactamente como hablo, de lo que sé y de cómo veo las cosas. Esto me distingue de otros autores de negocios y pocos pueden afirmar haber visto lo que yo en mi carrera. Siempre uso un lenguaje llano, coloquial. Uso muchos refranes y chistes. Los refranes mexicanos son excelentes para explicar mil cosas. Escribo en primera persona y directamente para mis lectores y esto parece gustarle a la gente. Sobre todo, creo que he entendido y atendido una necesidad que otros no habían visto o no querían ver: hablar de cómo vive, sobrevive, sufre y a veces fracasa, un emprendedor.

Huevos con tocino

Me involucro muchísimo en las asesorías que doy porque solo así funcionan. Hay que estar ahí. Es como los huevos con tocino. En este platillo la gallina participa, pero el cerdito se involucra. Yo me involucro hasta emocionalmente. Esto es difícil porque mi trabajo me ha hecho ser testigo de muchas cosas, entre ellas, la miseria humana.

Además, así he visto cómo es importante que abordemos muchos temas que aunque son fundamentales para el funcionamiento de las empresas, pocas veces se habla de ellos. Por ejemplo, el envejecimiento y padecimientos como la demencia senil o el Alzheimer; que son tristes cuando afectan a un empleado, pero que son gravísimos cuando afectan al emprendedor o empresario y este no se da cuenta de que sus decisiones ya no son convenientes para nadie.

La persona que inicia un pequeño negocio en casa, entre todas las tareas que hace para sacarlo adelante, difícilmente puede imaginar llegar a eso, pero sí pasa y pueden hacerse las cosas bien. Las empresas familiares, desde su inicio, necesitan estructurarse y organizarse para el futuro, pero como esto casi no se hace, la mayoría no sobrevive ni siquiera una segunda generación.

Yo no me ocupo de la etapa del gobierno corporativo pero sí de las dos primeras: la patriarcal -cuando inicia el negocio y su fundador acapara todo el poder y las decisiones y la segunda, la de los hermanos, cuando los hijos se hacen cargo del negocio.

Hombre de familia

Mi familia es fundamental en mi vida. Mi esposa, Gina Zabludosvksy es una gran mujer. La admiro profundamente. Hemos sabido darnos amor, compañía, apoyo y cariño. Nos complementamos. Ella es una universitaria de gran y merecido prestigio. Ha investigado y escrito muchísimo sobre las mujeres y su papel en las empresas en México y Brasil. Aunque no nos es fácil trabajar juntos, lo hemos hecho. En 1993 escribimos el libro “Mujeres y sus empresas”. También dimos juntos una conferencia en París, en la OCDE. Mi mujer y mis dos hijos son lo mejor que me ha pasado. Estoy muy orgulloso de ellos.

Melómano y novelista

Todo lo que hago es un juego que me mantiene tan ocupado como preocupado, pero que también me da mucha variedad. Y sigo aprendiendo, por ejemplo, literatura. Voy a talleres y clases particulares y al Deportivo Israelita. Estudio literatura porque también me gusta escribir novelas y hasta he ganado algunos premios. He escrito “La turbulencia”, “Los audaces” y “De ilusos e ilusiones”.
Cuando enfermé de polio, aprendí a tocar el piano yo solo y de puro oído. ¡Me encanta la música! Mis compositores preferidos son Mahler, Beethoven, Sibelius –su segunda sinfonía es mi favorita por mucho, con esa me voy a morir yo–, Verdi, Bizet. Me gusta la radio por Internet, ahí sigo la ópera desde el Met y muchas cosas más.

Precisamente, Salo Grabinsky nos dio esta charla teniendo como fondo música que él seleccionó, y no nos deja ir sin darnos un último regalo: toca el piano para nosotros.

Mtra. Verónica Torres Sandoval
Académico. Facultad de Contaduría y Administración, UNAM
v@unam.mx

Salo Grabinsky

gzsalo@gmail.com
Tel. oficina: 55 5294 8407
delverboemprender.com.mx



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