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Tiempo de calidad logra el vínculo de los hijos con sus padres

INformando con Ale DienerDesempeñarse como padres con el vínculo, es una prioridad.

Ante la importancia de profundizar sobre el vínculo familiar y el trabajo que tenemos que hacer como padres con los hijos, voy a hablar ahora sobre esta prioridad: buscar cómo vincular a nuestros hijos a nosotros mismos, porque siempre hemos escuchado que ser amiguero, que tener muchos cuates es bueno, ¿pero hasta dónde?

Dicen los especialistas que, en realidad, no es tan bueno. Si nos dejáramos guiar por la secuencia natural del desarrollo, nuestras prioridades quedarían claras: la primera sería el vínculo, la segunda la maduración y la tercera la socialización.

Cuando percibimos algún problema con nuestro hijo, lo primero que debemos buscar es enderezar la relación, que es lo mismo que conservar el contexto de la maduración; nunca hacernos a un lado, nunca mandarlo con otra persona, porque eso, repito, genera una sensación de abandono. Sólo después nos ocuparemos de la regla social, o sea, del comportamiento del niño, no antes de estar seguros de que las dos primeras prioridades quedaron satisfechas.

Vamos a proceder a la tercera. Aceptar esta disciplina en nuestro trato con nuestros hijos, nos mantendrá en armonía con el plan de desarrollo y nos ayudará a vivir en armonía con nuestros compromisos fundamentales. Eso es lo que tiene de especial la paternidad, hacer todo lo posible para nuestros hijos, hacer aflorar lo mejor de nosotros, ejercer como padres. Teniendo en mente el vínculo, significa no permitir que nada nos separe del niño, al menos no psicológicamente. Este reto es mucho mayor con un niño orientado hacia sus compañeros, porque algo se ha entrometido entre los padres y el hijo: los compañeros.

No sólo los niños orientados a sus iguales están menos inclinados a vincularse con nosotros, sino que se sienten impulsados a comportamientos que pueden ser dolorosos y enajenantes. Nuestros sentimientos como padres pueden quedar heridos, incluso cuando un bebé no responde a nuestras atenciones. Un niño mayor atrapado en la orientación con sus iguales, puede no solamente ser indiferente, sino ser totalmente odioso e insolente. Es muy doloroso ser menospreciado, ignorado e insultado; es difícil no responder a las miradas de enojo, a la impaciencia en la voz, a la actitud indiferente y a las respuestas insolentes. La arrogancia y deslealtad del niño orientado a sus iguales, viola toda sensibilidad de vinculación de parte de los padres, resalta todo lo negativo; esa conducta nociva, insultante, saca a las personas de quicio, ¿y cómo podría ser diferente?

Sí, es natural; los seres humanos necesitamos del vínculo de los adultos, y de preferencia, de nuestros padres. Si no lo tenemos, buscamos desesperadamente encontrarlo en nuestros pares.

Ahora, ¿qué vas hacer tú, que me estás leyendo, para que ese niño se sienta vinculado a ti? Tiempo, tiempo y tiempo de calidad.

 


Alejandra Diener

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Sitio web – www.informandoyformando.org



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