La sorprendente verdad es que el queso crema Philadelphia no fue creado en Filadelfia sino en el estado de Nueva York.
En 1872 William Lawrence, un lechero de Chester (NY), intentó hacer un queso tipo Neufchâtel y por accidente agregó tanta crema extra que obtuvo un queso mucho más suave y untable.

Esa invención casual se convirtió en el primer queso crema de la historia. Lawrence se asoció luego con el distribuidor A.L. Reynolds para producirlo en cantidad, y en 1880 decidieron envolver cada bloque de queso con la etiqueta “Philadelphia”.
¿Por qué Filadelfia? Porque en esa época se creía que esa ciudad —y sus granjas lecheras de Pensilvania— representaban lo mejor en quesos cremosos. Fue, básicamente, ¡marketing antiguo pero muy efectivo!
Philadelphia de Nueva York a un emblema global

El nombre engañoso pegó fuerte. Con los años el queso crema Philadelphia dejó de ser un secreto local y se transformó en un fenómeno mundial. Hoy se vende en más de 150 países y ofrece unas 30 variedades (¡desde light hasta sabores exóticos!).
Nada mal para un queso que empezó “por error” en Nueva York. De hecho, domina de gran manera el mercado: supera el 60% de las ventas de queso crema en EE. UU.. Quizá es por su textura sedosa o por esa mezcla de sabor ácido y cremoso que encanta a cocineros y postres por igual.

La asociación con la ciudad de Filadelfia terminó beneficiando a todos: más allá de la broma original, hoy ser “de Filadelfia” es un orgullo. La ciudad vivió un renacer cultural (¡hasta ha organizado visitas papales y ganó el Super Bowl!), de modo que el nombre “Philadelphia” suena cada vez mejor.
Incluso en anuncios publicitarios modernos se hace énfasis en cómo “todo sabe mejor con Philadelphia”, enfatizando ese lazo casi emocional entre la marca y el concepto de familia/comunidad. El queso crema nacido en NY se convirtió en un estandarte global y casi un símbolo local, todo gracias a un buen relleno de crema… y a mucha astucia publicitaria.
Alimentos con nombres geográficos engañosos

Resulta que el truco de usar un lugar famoso para vender algo no es único del queso crema. Hay varios productos y platos con nombres que nos hacen viajar mentalmente a sitios lejanos… ¡pero en realidad nacieron donde menos lo imaginamos!
Aquí unos ejemplos sabrosos:
Pizza hawaiana: A primera vista parece un platillo polinesio, pero no lo es. Esta pizza con piña y jamón fue inventada en Chatham, Ontario (Canadá) por el chef griego Sam Panopoulos en los años 60.
Según cuenta, Panopoulos le puso piña “por diversión” –tomada de una lata de “Hawaiian Gold”– para probar un nuevo sabor. El nombre “hawaiana” no significa más que venía en esa lata de piña tropical, no que el plato sea de Hawái. ¡El primer bocado de este mito culinario fue canadiense al 100%!

Papas “a la francesa”: Otro ejemplo clásico. Las french fries (papas fritas) en realidad surgieron en Bélgica, no en Francia. Se cuenta que en el siglo XVII los aldeanos del valle del río Mosa freían papas cuando el río se congelaba y escaseaba el pescado. Al llegar la Primera Guerra Mundial, soldados estadounidenses aprendieron esta receta belga. Como en la región francófona de Bélgica se hablaba francés, los soldados las bautizaron “french fries”. Así que la próxima vez que pidas papas “a la francesa” ¡ten por seguro que tu paladar viaja a Bélgica, no a París!

Salsa “rusa”: Esta salsa cremosa rosa que acompaña al sándwich Reuben suena a algo sacado de la aristocracia de Moscú, pero nada más alejado. Se inventó en 1924 en Nashua, New Hampshire (EE. UU.) por un tendero que mezcló ketchup con mayonesa. ¿Y por qué “rusa”? Hay varias teorías: algunos dicen que era porque se usaba en la ensalada Olivier (ensalada rusa), otros porque antiguamente llevaba caviar. En cualquier caso, la etiqueta de “rusa” es pura fantasía: la receta es totalmente americana. ¡Cero vodka en esta salsa, pero sí mucho orgullo local!
Tarta alemana (German chocolate cake): A simple vista parece un pastel bávaro con chocolate. Sin embargo, su nombre engaña: no es de Alemania, sino de Texas. Se llama así por Samuel German, un chocolatero estadounidense-alemán que inventó un tipo de chocolate oscuro en 1852. Décadas después, en 1957, una receta tejana usó ese chocolate “German’s Sweet Chocolate” y la llamó “German chocolate cake”. En otras palabras: este pastel de coco, nuez y chocolate nació en Estados Unidos y lleva el apellido de un inventor, no de una nación.
Además, el menú de los engaños geográficos sigue y sigue. Por ejemplo, esa conocida bebida “London Fog” (latte de té Earl Grey con leche y vainilla) en realidad fue creada en Vancouver en los 90, no bajo la niebla inglesa. Y pensando en refrescos, “cola mexicana” no siempre viene de México, “sushi california roll” no es sushi tradicional japonés sino un invento de chefs de USA, etc. Con los alimentos geográficamente curiosos, ¡la historia siempre es un viaje sorpresivo!
El queso crema Philadelphia es un gran maestro del disfraz: un invento neoyorquino que se vio vestido con gloria de Pensilvania y que conquistó al mundo. Y si aprendimos algo de estos ejemplos, es que conviene preguntar de dónde vienen los alimentos.
A veces un nombre famoso es sólo buena publicidad… ¡y lo importante es que el resultado sea delicioso!
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