Los corchos de champagne pueden volar a 80 km/h: la ciencia detrás del “pop” más famoso del mundo

Los corchos de champagne pueden volar a 80 km/h: la ciencia detrás del “pop” más famoso del mundo

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Los corchos de champagne puede salir disparado a una velocidad de hasta 80 kilómetros por hora. Sí, tan rápido como un automóvil circulando en ciudad… o incluso más.

Abrir una botella de champagne es un ritual universalmente asociado con celebración, lujo y momentos especiales. El sonido del “pop”, el ligero estallido de burbujas y el corcho saliendo disparado forman parte del imaginario colectivo. Sin embargo, detrás de ese gesto aparentemente inofensivo se esconde un dato sorprendente.

¿Por qué el corcho sale tan rápido?

La clave está en la presión interna de la botella. El champagne, al igual que otros vinos espumosos, contiene dióxido de carbono (CO₂) disuelto que se genera durante la segunda fermentación, proceso que ocurre dentro de la botella. Esta fermentación produce una presión interna de aproximadamente 5 a 6 atmósferas, lo que equivale a tres veces la presión que tiene un neumático de coche.

Cuando se retira la jaula metálica (muselet) y se libera el corcho, toda esa presión acumulada busca una vía de escape inmediata. El resultado es una liberación súbita de energía que impulsa el corcho a velocidades que pueden alcanzar entre 40 y 80 km/h, dependiendo de factores como la temperatura del líquido, el ángulo de apertura y el estado del corcho.

Un proyectil inesperado

corcho

A esa velocidad, el corcho deja de ser un simple tapón de corcho natural y se convierte en un proyectil potencialmente peligroso. De hecho, estudios médicos y reportes de urgencias han documentado lesiones oculares causadas por corchos de champán, algunas de ellas con consecuencias permanentes.

La fuerza con la que puede impactar es suficiente para romper un vidrio delgado o causar daño en el ojo humano, especialmente si la botella se abre apuntando directamente al rostro. Por esta razón, los expertos recomiendan nunca abrir una botella de champán apuntando hacia personas, mascotas o ventanas.

La temperatura importa (y mucho)

Un dato curioso es que la temperatura del champán influye directamente en la velocidad del corcho. Cuando el vino espumoso está caliente, el CO₂ se expande más, aumentando la presión interna. Esto significa que una botella tibia es mucho más peligrosa que una bien fría. Por eso, los sommeliers aconsejan enfriar el champán a unos 6–8 °C antes de abrirlo. No solo mejora la experiencia sensorial y el control de las burbujas, sino que también reduce considerablemente la violencia con la que el corcho puede salir disparado.

¿Por qué el champán usa corcho y no tapa de rosca?

El corcho no es una elección estética ni romántica: es una solución técnica. Su estructura porosa y elástica permite sellar la botella herméticamente, resistir altas presiones y, al mismo tiempo, adaptarse al cuello de la botella sin romperse.

Además, el característico “hongo” del corcho de champán no tiene esa forma al principio. Al ser insertado, es recto; con el paso del tiempo y la presión constante del gas, la parte inferior se comprime mientras la superior se expande, dando lugar a su silueta inconfundible.

El “pop” no siempre fue elegante

Contrario a lo que muchos piensan, el fuerte estallido al abrir una botella no siempre fue deseado. En las casas productoras de champán más tradicionales, abrir una botella en silencio es considerado un signo de elegancia y técnica correcta.

El método ideal consiste en sujetar firmemente el corcho, girar suavemente la botella (no el corcho) y permitir que el gas se libere lentamente, produciendo apenas un suspiro en lugar de un estallido. Esto no solo es más seguro, sino que conserva mejor las burbujas y aromas.

Un símbolo de celebración… con ciencia detrás

corcho

El vuelo del corcho se ha convertido en un símbolo de triunfo: podios deportivos, bodas, Año Nuevo y grandes logros personales. Sin embargo, detrás de ese gesto hay física pura: leyes de los gases, presión, elasticidad y energía cinética trabajando en perfecta sincronía.

De hecho, el champán ha sido objeto de numerosos estudios científicos. Investigadores han analizado la trayectoria del corcho, la formación de burbujas y hasta el sonido del “pop”, que ocurre cuando el gas comprimido se expande a una velocidad supersónica a pequeña escala.

La próxima vez que abras una botella…

La próxima vez que tengas una botella de champán en las manos, recuerda que no solo estás sosteniendo una bebida festiva, sino también un pequeño experimento científico. Un objeto capaz de liberar energía acumulada durante años y lanzar un corcho a velocidades que pocos imaginarían.

Así que celebra, brinda y disfruta… pero abre siempre con cuidado. Porque detrás de cada burbuja hay historia, química, física y un corcho que, literalmente, puede salir volando a 80 km/h

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