Los atardeceres en Marte son azules (y no, no es un filtro)

Los atardeceres en Marte son azules (y no, no es un filtro)

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Si alguna vez pensaste que nada podía superar un atardecer naranja sobre el mar, Marte viene a romperte el corazón… y la paleta de colores. En el planeta rojo, cuando el Sol se despide del horizonte, el cielo no se tiñe de rojos, rosas o dorados, como en la Tierra. Ocurre justo lo contrario: el atardecer marciano es azul. Sí, azul. Frío, eléctrico, casi surrealista. Y no es ciencia ficción, es física pura… con polvo cósmico incluido.

🌍 vs 🔴: cuando el cielo decide cambiar las reglas

En la Tierra, los atardeceres rojizos se explican por la dispersión de Rayleigh, un fenómeno que hace que la luz azul se disperse en todas direcciones cuando atraviesa la atmósfera. Al final del día, cuando el Sol está bajo en el horizonte, la luz debe recorrer más atmósfera y solo sobreviven los tonos cálidos.

Pero Marte juega otro partido.

La atmósfera marciana es mucho más delgada (aproximadamente 100 veces menos densa que la terrestre) y está cargada de finísimo polvo de óxido de hierro —el mismo que le da ese tono rojizo tan icónico al planeta. Ese polvo no solo flota: filtra, absorbe y dispersa la luz de una manera completamente distinta.

El resultado es mágico:

  • Durante el día, el cielo de Marte se ve amarillo, beige o anaranjado.
  • Al atardecer, justo alrededor del Sol, aparece un halo azul que se intensifica mientras el astro se oculta.

Es decir, en Marte el azul sobrevive al final del día.

El polvo que lo cambia todo

El responsable principal de este fenómeno es el tamaño de las partículas de polvo en suspensión. En Marte, estas partículas son casi del mismo tamaño que la longitud de onda de la luz visible, lo que provoca un tipo de dispersión diferente a la de la Tierra, conocida como dispersión de Mie.

¿La consecuencia? El polvo marciano absorbe la luz roja y permite que los tonos azules se concentren cerca del Sol al atardecer. Es como si el cielo se pusiera un filtro inverso al terrestre.

Dato curioso: Durante tormentas de polvo globales, los atardeceres azules pueden desaparecer o verse mucho más tenues, porque el exceso de partículas bloquea incluso la luz azul.

No es teoría: lo hemos visto

No es una hipótesis bonita, es algo que ya fue fotografiado.Las pri meras imágenes de atardeceres azules llegaron en 2004 gracias a los rovers Spirit y Opportunity, pero fue el rover Curiosity, en 2015, quien regaló al mundo las postales más famosas: un Sol pequeño, pálido, rodeado de un resplandor azul intenso, contrastando con un paisaje rojizo y desértico.

Más recientemente, el rover Perseverance, que explora el cráter Jezero, ha confirmado que este fenómeno sigue siendo constante y medible.

Fun fact: Desde Marte, el Sol se ve aproximadamente un tercio más pequeño que desde la Tierra, lo que hace que el atardecer se sienta aún más alienígena.

¿Por qué esto importa más allá de lo bonito?

Los atardeceres azules no solo son un espectáculo visual, también son una herramienta científica clave.

Al analizar los colores y la intensidad de la luz durante el ocaso, los científicos pueden:

  • Estudiar la composición de la atmósfera marciana
  • Medir la cantidad y tamaño del polvo en suspensión
  • Entender mejor los patrones climáticos del planeta
  • Preparar futuras misiones humanas, que dependerán de predicciones atmosféricas precisas

En otras palabras: ese cielo azul marciano es un laboratorio natural.

¿Cómo se vería un atardecer marciano con ojos humanos?

Aquí viene una pregunta fascinante:
¿Las fotos muestran exactamente lo que veríamos?

La respuesta corta es: casi, pero no del todo.

Las cámaras de los rovers ajustan colores para fines científicos, aunque la NASA ha trabajado para recrear versiones “aproximadas a la visión humana”. Según los expertos, un astronauta vería:

  • Un cielo apagado, más bien polvoso y tenue
  • Un atardecer sutilmente azul, no tan saturado como en algunas imágenes
  • Mucho menos contraste que en la Tierra, pero una atmósfera extrañamente hipnótica

Nada de cielos vibrantes como en Instagram, pero sí una belleza… distinta.

Marte nos recuerda que el universo no piensa como nosotros

marte

Los atardeceres azules en Marte son un recordatorio poderoso de que nuestro planeta no es la regla, sino la excepción. Lo que aquí damos por sentado —un cielo azul de día, rojo al atardecer— allá se invierte sin pedir permiso.

Y quizá por eso nos fascina tanto.
Porque Marte, con su cielo polvoso y su Sol pálido, nos enseña que incluso algo tan cotidiano como un atardecer puede convertirse en una experiencia completamente alienígena.

Así que la próxima vez que veas el cielo teñirse de rojo al caer la tarde, piensa en esto:
En algún lugar del sistema solar, el Sol se pone… en azul.

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