El cero absoluto: el punto donde el frío desafía las leyes del universo

El cero absoluto: el punto donde el frío desafía las leyes del universo

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Imaginar el frío suele ser sencillo: hielo, nieve, el aliento convirtiéndose en vapor. Pero existe un límite extremo, un punto donde el frío deja de ser una sensación y se convierte en un concepto fundamental de la física. Ese límite se llama cero absoluto, y no solo es la temperatura más baja posible: es una frontera que redefine cómo se mueve la materia y cómo entendemos el universo.

¿Qué es el cero absoluto?

El cero absoluto es la temperatura más baja teóricamente alcanzable y se define como 0 kelvin (0 K), equivalente a –273.15 grados Celsius o –459.67 grados Fahrenheit. A esta temperatura, el movimiento térmico de las partículas alcanza su mínimo posible.

En términos simples: los átomos dejan de vibrar casi por completo. No están “congelados” en el sentido cotidiano, pero su energía térmica es prácticamente nula.

Este concepto surge de la termodinámica, una rama de la física que estudia el calor, la energía y el trabajo. Según sus leyes, no es posible llegar exactamente al cero absoluto, solo acercarse infinitamente a él.

¿Por qué no se puede alcanzar?

Aquí entra en juego la tercera ley de la termodinámica, que establece que es imposible reducir la temperatura de un sistema hasta el cero absoluto mediante un número finito de procesos físicos.

Cuanto más frío está un objeto, más difícil es extraerle energía. Cada intento de enfriamiento adicional requiere un esfuerzo exponencialmente mayor. Es como intentar vaciar por completo una piscina usando una cucharita… cuando ya casi no queda agua.

Hasta ahora, los laboratorios más avanzados han logrado temperaturas de fracciones de nanokelvin, es decir, una milmillonésima de grado por encima del cero absoluto. Más allá de eso, la física simplemente no lo permite.

El cero absoluto y el movimiento de la materia

 

 

A temperatura ambiente, los átomos y moléculas vibran constantemente. Ese movimiento es lo que percibimos como calor. A medida que la temperatura baja, la vibración disminuye.

Cerca del cero absoluto ocurre algo fascinante:

  • Los efectos cuánticos dejan de ser microscópicos.
  • La materia comienza a comportarse de formas extrañas y contraintuitivas.

Uno de los ejemplos más sorprendentes es el condensado de Bose-Einstein, un estado de la materia predicho por Albert Einstein y Satyendra Nath Bose en 1924. En este estado, los átomos se comportan como una sola “superpartícula”, perdiendo su individualidad.

Este fenómeno solo puede observarse muy cerca del cero absoluto.

Datos duros que sorprenden

 

  •  Temperatura más baja lograda en laboratorio: alrededor de 38 picokelvin (0.000000000038 K), alcanzada en experimentos con átomos ultrafríos.
  •  La temperatura promedio del universo: aproximadamente 2.7 K, debido a la radiación cósmica de fondo, lo que significa que el espacio profundo está solo a unos grados por encima del cero absoluto.
  • El hielo no es tan frío: el hielo a 0 °C está todavía 273 grados por encima del cero absoluto.
  • A 0 K la entropía es mínima, lo que convierte al cero absoluto en una referencia clave para medir el orden en sistemas físicos.

¿Existe el frío “más frío que el cero absoluto”?

Sorprendentemente, sí… y no.

En algunos sistemas cuánticos se han observado temperaturas negativas, pero no porque estén más fríos, sino porque el sistema tiene un comportamiento energético invertido. En estas condiciones, los objetos con temperatura negativa son, técnicamente, más calientes que cualquier temperatura positiva, incluido el infinito.

Este concepto rompe la intuición cotidiana y solo puede existir en sistemas muy controlados, como ciertos arreglos de átomos o espines magnéticos.

El cero absoluto y la tecnología moderna

cero

Aunque no podemos alcanzarlo, acercarnos al cero absoluto ha revolucionado la tecnología:

  • Resonancias magnéticas (MRI): utilizan superconductores que funcionan a temperaturas cercanas al cero absoluto.
  •  Superconductividad: a temperaturas extremadamente bajas, algunos materiales conducen electricidad sin resistencia, lo que abre la puerta a redes eléctricas más eficientes.
  •  Computación cuántica: muchos qubits deben operar a temperaturas cercanas al cero absoluto para evitar interferencias térmicas.

Sin estas temperaturas extremas, muchas de las tecnologías más avanzadas simplemente no funcionarían.

Un límite que define el universo

Más que una temperatura, el cero absoluto es un límite fundamental de la naturaleza. Nos recuerda que el universo tiene fronteras claras, incluso para la ciencia más avanzada. No es un lugar al que podamos llegar, sino una referencia que nos ayuda a entender cómo fluye la energía, cómo se comporta la materia y hasta dónde podemos empujar las leyes físicas.

En ese punto donde el calor casi desaparece, la física no se apaga: se vuelve más extraña, más elegante y más profunda. Y quizá por eso, el cero absoluto sigue siendo uno de los conceptos más fascinantes jamás concebidos.

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