
En un país que busca dejar atrás el conservadurismo rancio, las declaraciones de María Estela Ríos, al afirmar que quienes nacen por fecundación in vitro “no forman parte de la familia», suenan a eco del pasado. Más aún cuando la Corte Suprema ha sostenido que la familia es un concepto plural, dinámico y protegido por los Derechos Humanos.
Por: Eddy Warman
En un país que lucha por sacudirse el polvo del conservadurismo rancio, las declaraciones de María Estela Ríos, ex consejera jurídica de la Presidencia, caen como un balde de agua fría de anacronismo y prejuicio.
Afirmar que quien nace mediante fecundación in vitro «no forma part de la familia» no es solo una «opinión personal»; es una agresión frontal a los derechos humanos, a la dignidad de miles de personas y un desplante de ignorancia científica que estremece viniendo de quien tuvo en sus manos la interpretación de la ley.
La postura de María Estela Riós y la familia que no es biología: es voluntad
La postura de Ríos destila un biologicismo fundamentalista. Sugerir que la validez de un vínculo familiar depende de la trayectoria de un gameto por una trompa de Falopio, es reducir la humanidad a una función mecánica.
Bajo ese criterio estrecho y discriminatorio:
- Se deshumaniza al individuo: se le dice a un niño o adulto que su origen tecnológico anula su pertenencia afectiva.
- Se borra la adopción: si el criterio es la «pureza» del proceso biológico, entonces la adopción, el acto más sublime de voluntad familiar, quedaría también fuera del esquema de la funcionaria.
- Se ignora el Derecho: la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sido clara; la familia es un concepto dinámico que se protege desde la diversidad y la pluralidad. La ley no reconoce «familias de probeta» y «familias reales»; reconoce seres humanos con derechos plenos.
El triunfo de la ciencia sobre la fatalidad
Lo que la funcionaria parece ver como una «aberración» o un «no-lugar» social, es en realidad uno de los mayores triunfos de la civilización. La Fecundación In Vitro (FIV) no es una ruptura del orden natural, es la reparación de una injusticia biológica.
Los beneficios de la FIV son incuestionables y profundos:
- El fin del estigma de la infertilidad: para las mujeres con endometriosis o trompas obstruidas, y para hombres con conteos espermáticos bajos, la FIV es el puente entre la soledad y el proyecto de vida deseado.
- La democratización del afecto: ha permitido que mujeres solteras y parejas del mismo sexo accedan a la paternidad, rompiendo el monopolio de la estructura tradicional que Ríos parece añorar.
- Salud pública y prevención: el Diagnóstico Genético Pre implantacional permite que familias con historial de enfermedades hereditarias devastadoras puedan tener hijos sanos. Negar esto es, en la práctica, defender el sufrimiento innecesario.
Conclusión: un salto al pasado
Resulta alarmante que, en el corazón del aparato legal del Estado, aniden pensamientos que parecen extraídos de un manual de bioética del siglo XIX. Retroceder en el concepto de familia es retroceder en libertades.
La familia no nace en un útero o en un laboratorio; nace en el compromiso, en el cuidado diario y en la ley que nos hace iguales.
Querer expulsar de la familia a quienes llegaron al mundo gracias a la ciencia es un acto de crueldad intelectual que la sociedad moderna no puede, ni debe, tolerar. La ciencia avanza, lástima que algunos prejuicios se queden atornillados al suelo.
¿Te gustaría que redactara una carta formal dirigida a una institución de Derechos Humanos, basada en estos puntos para exigir una aclaración pública? Escríbeme a @eddywarman

