Entre el detox y la culpa: así comemos en enero

Entre el detox y la culpa: así comemos en enero

Comparte esta noticia

detox

Cada enero repetimos el mismo ritual: castigarnos por diciembre a punta de detox y dietas. Es hora de detenernos y ver lo que la ciencia y la experiencia dicen de por qué el equilibrio funciona mejor que la prohibición. Así que elimina la palabra «elimina» de tu plan alimenticio. 

Por: Carolina Riaño 

*Escritora, periodista, reportera y storyteller culinaria. Cuenta historias sobre el fascinante mundo de la cultura gastronómica, los vinos y los licores. IG @errederiano

Ya estamos a casi mediados de enero, y seguramente, ya estás haciendo una dietas para deshacerte de esos “kilos de más” ganados en diciembre. Google anda saturado de búsquedas sobre la dieta de la manzana verde, la de la piña, la de la avena, de smoothies y tés detox; sobre la Military Diet de tres días o la Scardale, en donde comes toda la zanahoria y el apio que quieras, durante todo el día.  #Dieta es tendencia en redes sociales, confundiendo aún más a  nuestra sociedad que, entre culpa y urgencia, busca soluciones rápidas.

Alguna vez, consulté un gastroenterólogo egresado la Universidad de Tokio. El tratamiento para Helicobacter consistía de antibióticos muy potentes y un supuesto de un plan alimenticio, poco equilibrado para mi gusto. Eliminó de mi dieta, de la noche a la mañana, frutas amarillas, chocolate,  carnes, lácteos, vino, café, cerveza, alcohol, harinas, arroz, papa, pan, tortilla; y me puso a tomar té verde sencha, que es diurético, quemador de grasa y estimulante del metabolismo, todo el día (entre seis y ocho tazas); además, debía diluir dos cucharadas de fibra natural a base de pitahaya, té verde, linaza y germen de trigo en un vaso con agua y tomarlo antes de cada comida. En cuatro meses, bajé cinco kilos pero…no era feliz.

Y esta no es una experiencia aislada, porque al ciencia de la nutrición ha demostrado que esas dietas restrictivas, especialmente aquellas que eliminan grupos completos de alimentos, tienden a funcionar solo a corto plazo.

La Organización Mundial de la Salud y la Escuela de Salud Pública de Harvard coinciden en que más del 80% de las personas que siguen este tipo de dietas recuperan el peso perdido en menos de dos años, además de desarrollar una relación tensa con la comida, marcada por ansiedad, culpa y bastante frustración.

Ahora veamos los efectos secundarios y devastadores de la palabra “eliminar”, porque privarnos de cualquier alimento o bebida nos resta felicidad. Comer no es solo nutrir: es placer, cultura, memoria y disfrute. Así que negarnos así sea un bocado o sorbo nos empuja al extremismo y, por experiencia propia, tanto los extremos como los excesos, siempre llevan al fracaso. Así que el éxito está en el balance, incluso cuando el objetivo es bajar de peso.

Por otro lado, conceptos tan populares como el “detox” son cada vez más cuestionados por organismos médicos internacionales, que sostienen que el cuerpo humano ya cuenta con órganos altamente eficientes para desintoxicarse, como el hígado, los riñones y el sistema digestivo; por lo que vivir a punta de líquidos y/o eliminar por completo alimentos sólidos, no aporta beneficios comprobados,  y lo sí puede provocar son muchas deficiencias nutricionales.

Detox, eliminar o equilibrar

En ese orden de ideas, lo que sucede con la conversación global sobre «salud» es que cada vez se aleja del castigo y más bien se acerca a la conciencia.

Un ejemplo de esta  visión es el vegetarianismo semanal, en el que evitamos consumir carnes rojas de lunes a viernes, y los fines de semana disfrutamos de un buen corte, una hamburguesas o unas costillas, sin culpa (léase bien: sin culpa).

Ahora bien, si se te antoja un poco de chocolate al día, permítete disfrutar de una pastilla de cacao al 70-75%, en lugar de comerte la barra entera. Tampoco tiene tiene nada de malo que aceptes que si te hace feliz el helado, no el bote de litro completo;  o unas papas a la francesa, no agrandadas por supuesto: ambos los puedes consumir una vez a la semana, no todos los días. Porque el consumo moderado de alimentos placenteros, reduce episodios de atracones y mejora la adherencia a planes de alimentación equilibrada a largo plazo.

¿Ahora si entiendes por qué mindful eating, o alimentación consciente, muestra beneficios claros no solo en el control de peso, sino también en la salud emocional y mental?  Comer con atención y sin prohibiciones rígidas, nos ayuda no solo a reconocer señales reales de hambre y de saciedad, sino a reconciliarnos con la comida desde un lugar menos castigador, sancionador, represivo…

Te pregunto de nuevo: si crees que vas a ser feliz adelgazando cinco, seis, siete kilos a través de dietas extremistas, tarde o temprano descubrirás que el verdadero secreto de una figura saludable y sostenible no está en eliminar, sino en equilibrar (comida y ejercicio, porque ejercitarse es vital).

Que nuestro propósito de enero sea comer con intención, saber cuándo nutrirnos y cuándo disfrutar, y entender que la perfección no existe. El propósito del primer mes del año no puede ser castigarnos por los excesos de diciembre, sino reconciliarnos con la comida. Nuestro cuerpo y mente nos agradecerán.

Suscríbete a nuestra lista de envíos
Recibe en tu casilla de correo las últimas noticias y novedades de nuestro portal.

Compartí esta noticia

Artículos relacionados

Últimas noticias

También puede interesarte

La producción de tequila y mezcal en México depende de un aliado insólito: los murciélagos magueyeros. ...
Si alguna vez te has preguntado qué diferencia a un flat white, un capuchino y un latte, la respuesta ...
El pozole no solo es uno de los favoritos de las mesas en todo el país, sino que también ...
En el México prehispánico, cuando el oro no era símbolo de riqueza, hubo una semilla oscura y pequeña que ...

¡Te invito a suscribirte a mi Newsletter!

Recibe noticias y artículos exclusivos sobre todo lo que te interesa: tecnología, estilo de vida, ciencia, automovilismo, vinos, y por supuesto, ¡gastronomía deliciosa!