El día en que Maduro cayó

El día en que Maduro cayó

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La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un punto de quiebre para Venezuela y para la política internacional. Nicolás Maduro, quien durante más de una década gobernó el país sudamericano, fue capturado por fuerzas estadounidenses en un operativo militar sin precedentes y trasladado bajo custodia a territorio de Estados Unidos.

En cuestión de horas, el poder en Caracas quedó en suspenso y el mundo entró en una nueva fase de tensión diplomática.

Desde 2020 el Departamento de Justicia de EE. UU. acusó formalmente a Maduro (y otros funcionarios) de “narcoterrorismo” y tráfico de drogas, y la administración Trump desconoció su legitimidad (reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino).

Además, en meses recientes EE. UU. intensificó acciones encubiertas en la región: la CIA lanzó ataques con drones contra puertos venezolanos vinculados al narcotráfico y Trump amenazó repetidamente con intervenir militarmente para “combatir” esas actividades. Este contexto de presiones militares y sanciones unilaterales creó una escalada de tensión que precedió al operativo.

OPERACIÓN MILITAR Y CRONOLOGÍA DE LA CAPTURA

En la madrugada del 3 de enero de 2026: aviones de combate, helicópteros y unidades especiales golpearon simultáneamente varias posiciones en Caracas y sus alrededores. Por ejemplo, en el puerto de La Guaira quedaron contenedores destruidos tras las explosiones, y helicópteros rugieron sobre el cielo de la capital, obligando a la población a correr a refugios.

Las imágenes satelitales y de prensa mostraron el complejo militar del Fuerte Tiuna ardiendo en llamas por los bombardeos. Según el Pentágono, la operación fue denominada “Absolute Resolve” y consumó meses de planificación interagencial. Tropas de fuerzas especiales estadounidenses (Delta Force, Marine Raiders, etc.) ensayaron entradas a un “búnker” réplica del refugio de Maduro, mientras agentes de la CIA operaban en el terreno desde agosto de 2025.

Se reportó un despliegue masivo: portaaviones, más de 150 aeronaves de ataque y unos 15.000 soldados en la región. El mismo Trump siguió en directo la operación desde su residencia en Florida.

A las 4:21 AM (hora de Florida), el presidente Trump anunció en su cuenta de Truth Social que EE. UU. había capturado a Maduro y a su esposa y los había “trasladado fuera del país” tras la acción militar. Horas después (alrededor de las 11:00 AM local), ofreció una conferencia de prensa junto a líderes civiles y militares de su gabinete. Allí Trump describió el ataque como “una operación extraordinaria” ejecutada contra un bastión militar de Caracas para llevar “ante la justicia” al “dictador pirata Nicolás Maduro”.

Afirmó que ambos capturados enfrentarán cargos federales en EE. UU. por narcoterrorismo y otros delitos (acusaciones derivadas de la denuncia de 2020). El presidente mostró una fotografía (difundida en prensa) de Maduro esposado a bordo del buque USS Iwo Jima, confirmando que estaba bajo custodia estadounidense.

REACCIONES EN VENEZUELA

En Caracas la noticia desató conmoción y caos. El gobierno de Maduro denunció inmediatamente un “ataque militar imperialista” contra la soberanía nacional. La vicepresidente Delcy Rodríguez anunció que asumía el Poder Ejecutivo de conformidad con la Constitución ante la “desaparición forzada” de Maduro, y exigió al gobierno de Trump una prueba de vida “inmediata” de él y de Cilia Flores. Horas más tarde, funcionarios chavistas informaron que los líderes habían sido capturados en su residencia dentro de Fuerte Tiuna.

Nahum Fernández – dirigente del partido de gobierno – declaró a AP que Maduro y su esposa estaban en el búnker de ese complejo militar cuando fueron detenidos, describiendo el hecho como un “secuestro” del Presidente y la Primera Dama. Estos reportes – sumados a rumores y las propias palabras de Trump – generaron confusión sobre el destino de Maduro.

En las calles de Caracas hubo reacciones mixtas. En barrios leales al régimen varios grupos armados (milicias revolucionarias) salieron a “defender la revolución”, mientras que en zonas neutrales la gente parecía atónita o alarmada. Algunos vecinos reportaron explosiones y cortes de electricidad, y solo después de varias horas empezó a saberse de manera extraoficial la captura. Entre los civiles, parte de la población chavista realizó manifestaciones públicas contra EE. UU., mientras la oposición histórica (y una parte de la sociedad civil) vio con esperanza el fin del gobierno madurista. En el exilio y la diáspora venezolana, muchos opositores celebraron la noticia. Por ejemplo, comunidades venezolanas en Miami salieron a la calle con pancartas de “Libertad” y gritos de júbilo. En plazas de ciudades europeas y latinoamericanas, grupos de migrantes venezolanos con banderas celebraban lo que consideraban la caída de un déspota

En el bando opositor local también hubo iniciativas políticas inmediatas. La dirigente María Corina Machado – reconocida en algunos sectores como líder anti-Maduro – llamó públicamente a Edmundo González Urrutia (ex candidato presidencial) a que “asuma de inmediato” la presidencia según su mandato constitucional, y exhortó a las fuerzas armadas a no ofrecer resistencia y facilitar una transición pacífica. En resumen, el vacío momentáneo de poder dejó al país en una situación incierta, con la vicepresidenta interina rogando pruebas de vida y el gobierno paralelo reunido llamando a la movilización.

REACCIONES INTERNACIONALES

La acción estadounidense desató condenas y respaldos contrapuestos en la comunidad internacional. De entrada, organismos multilaterales expresaron alarma. El portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, dijo que el Consejo de Seguridad “debería reunirse de inmediato”: EE. UU. había perpetrado “una agresión militar muy grave”, sentando “un precedente peligroso” en materia de derecho internacional.

En América Latina hubo polarización política: gobiernos conservadores y aliados de EE. UU. aplaudieron la captura, mientras que fuerzas progresistas la repudiaron por injerencista. Colombia y Brasil, por ejemplo, fueron de los primeros en condenarla. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó el hecho de agresión contra la soberanía de Venezuela y la región, y convocó al Consejo de Seguridad de la ONU.

El presidente brasileño Lula da Silva alertó que bombardeos y detenciones cruzaban “una línea inaceptable” del derecho internacional. Chile se dividió: el Presidente saliente Gabriel Boric condenó las acciones y urgió una solución pacífica, mientras que el presidente electo José Antonio Kast (líder de derecha) las celebró como “una gran noticia para la región”.

México, fiel a su doctrina de no intervención, rechazó con vehemencia el ataque. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que “México condena la intervención militar” y citó el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad de cualquier Estado. Otros países como Panamá (por su cercanía estratégica) limitaron su reacción a elevar la seguridad en el Canal de Panamá y mantener “neutralidad activa” para proteger rutas comerciales. Regímenes aliados de Venezuela (Cuba, Bolivia, Nicaragua, etc.) denunciaron el acto como “terrorismo de Estado” y amenazaron con medidas contra Washington.

Organismos como la OEA también intervinieron: su Secretario General convocó sesión extraordinaria del Consejo Permanente, afirmando que la operación podría interpretarse como una invocación del principio de “responsabilidad de proteger” ante denuncias de crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

En el mundo extra-regional, potencias influyentes criticaron la acción como intervención unilateral; por ejemplo, fuentes diplomáticas citadas por medios señalaron que el Kremlin y Pekín vieron con “honda preocupación” el precedente para la soberanía de estados. Así, la captura de Maduro quedó enmarcada como un hecho de alcance global, generando tensiones internacionales inéditas en la región.

CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS, DIPLOMÁTICAS Y LEGALES

El arresto de un jefe de Estado por la fuerza plantea profundas incógnitas legales y geopolíticas. En derecho internacional, la operación viola el principio básico de no intervención y la Carta de la ONU (prohibición de la fuerza contra la integridad territorial). Analistas la calificaron de “acto de agresión” que abre un peligroso precedente: si prima la ley del más fuerte, advierten, se socava el multilateralismo. El mismo gobierno de EE. UU. tuvo cuidado de presentar la captura como “operación conjunta con fuerzas de seguridad” y basarla en acusaciones legales (narco-terrorismo), pero aún así retar a la norma diplomática de extradición internacional. Las imágenes divulgadas fueron cuestionadas por verificadores (se difundieron fotografías de la detención que resultaron ser montajes con inteligencia artificial).

Políticamente, esta acción proyecta un renovado protagonismo de EE. UU. en América Latina. Como señaló un experto, confirma el regreso de Washington al rol de “gendarme regional” del siglo XX.

En la práctica, EE. UU. asumió control de partes del territorio venezolano (al menos aéreo y naval) con el discurso de “supervisar” una transición ordenada, lo cual tensiona las relaciones con otros países. A corto plazo, puede aumentar la inestabilidad: ya se reporta mayor militarización de fronteras (Colombia subió alerta, Brasil cerró pasos fronterizos).

Maduro

A mediano plazo, esto reconfigura la geopolítica regional. Potencias extrarregionales (China, Rusia, Irán) habían ganado influencia económica y política en Venezuela; la captura de Maduro enfría esa influencia y refuerza a gobiernos de derecha aliados en la región, al tiempo que radicaliza a la izquierda. Organismos internacionales podrían discutir sanciones o condenas formales, aunque EE. UU. tiene veto en la ONU. Legalmente, la situación de Maduro en custodia estadounidense es inédita: un dictamen internacional suele requerir procedimiento judicial y extradición, pero aquí el líder fue puesto a disposición sin esos pasos.

Se anticipan debates legales sobre inmunidad de jefes de Estado y posible juicio en EE. UU. por los cargos federales. También habrá repercusiones en los mercados energéticos (Venezuela es productor petrolero), en la migración regional y en la agenda de seguridad hemisférica.

En suma, la captura de Nicolás Maduro por EE. UU. el 3 de enero de 2026 representa un hito de alto impacto global. La operación, planificada por meses e impulsada bajo la administración Trump, desató una crisis multilateral: consolidó divisiones geopolíticas en América Latina, suscitó un debate sobre la legalidad del uso de la fuerza y puso en jaque normas diplomáticas.

Mientras sus promotores la celebran como el fin de un “régimen criminal”, sus detractores la ven como una violación flagrante de la soberanía de Venezuela, con consecuencias que marcarán el equilibrio regional en los años venideros.

También puedes leer: El laberinto de 2026: radiografía del nuevo orden económico

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