Un nuevo descubrimiento marca el antes y el ahora del origen de la energía. Se trata de un pozo de litio de cinco kilómetros de profundidad, hallado en Cornwall, al suroeste de Inglaterra, famoso por la minería.
Según los expertos, el pozo de Cornwall a producir el litio necesario para fabricar 250.000 coches eléctricos al año, ya genera electricidad constante para 10.000 hogares y pronto calentará 3.800 viviendas con una red de calefacción de distrito, todo al mismo tiempo.
Viéndolo de esa manera, la industria petrolera ya perdió… ¡pero aún no lo sabe! A partir de ahora, el debate energético ya no girará alrededor de si ocurrirá una transición, sino sobre la velocidad con la que el petróleo perderá relevancia geopolítica y económica.
Así que buscábamos la pieza que le faltaba al rompecabezas para destruir el principal argumento de los combustibles fósiles, ¡ya la hemos encontrado!
Para quienes no tienen muy claro qué es el litio más allá de haberlo visto en la tabla periódica en la escuela (ojo: no es carbonato de litio, que es el que recetan los psiquiatras para regular el trastorno bipolar, episodios de manía, depresión severa recurrente y, en algunos casos, para reducir el riesgo de suicidio), es un metal extremadamente ligero y reactivo, considerado hoy uno de los recursos más estratégicos del planeta porque permite almacenar energía de forma eficiente, ligera y compacta, por lo cual es clave para fabricar baterías recargables.
Básicamente, gracias al litio funcionan celulares, laptops, relojes inteligentes, sistemas de almacenamiento solar y eólico y, por supuesto, vehículos eléctricos. Y lo mejor es que se encuentra de manera natural en salares subterráneos, roca volcánica y aguas geotérmicas calientes.
Ante este nuevo escenario, creo yo, la industria de los combustibles fósiles no tiene absolutamente ninguna posibilidad de sobrevivir al siglo XXI. El petróleo y el gas pasarán de activos estratégicos a “lastres”.
Estamos “en manos” del subsuelo
Parece que ahora estamos “en manos” del subsuelo, porque la energía geotérmica ya se está desplegando en Europa. Ya verán que dentro de muy poco vendrán más descubrimientos. ¿Recuerdan que hace poco Groenlandia estaba “bajo el ojo del huracán” con su mina de criolita, el mineral esencial para fundir aluminio?
Lo bueno es que el funcionamiento de la energía geotérmica es relativamente más sencillo, porque el calor viene del magma, aunque la clave es conseguir llegar a la profundidad en la que la roca está suficientemente caliente. Se me viene a la mente la película Armageddon (1998), con Bruce Willis, Ben Affleck y Liv Tyler, en donde envían al espacio a un equipo de perforadores petroleros para que taladren un enorme asteroide que viene hacia la Tierra e introduzcan una bomba nuclear para detonarlo desde dentro y así desviar su trayectoria.
Seguramente tendrán que trabajar en perfeccionar su técnica de perforación gracias a la tecnología para poder extraer el litio geotérmico y que no cueste un ojo de la cara; porque antes, acceder a este calor a gran escala (seguramente ahora podremos acceder a los nueve círculos del infierno de los que habla Dante Alighieri en La Divina Comedia) sólo era posible en algunos sitios como Islandia, que puede generar una buena parte de su electricidad y calentar el 90% de sus edificios simplemente cosechando el calor de su propia tierra.
Una vez detectaron el pozo en Cornwall, cuentan los expertos que cavaron cinco kilómetros, hasta donde la roca y el agua están muy calientes. ¡Hablamos de 190 grados centígrados de temperatura constante! Es ahí donde el agua tiene altas concentraciones de litio.
Cuando logran hacer subir a la superficie esta agua, el vapor que emite mueve unas turbinas y genera electricidad de forma constante, tal y como funciona la central nuclear en donde trabaja Homero Simpson.
Luego, gracias a un proceso fisicoquímico a cielo abierto, le extraen el litio al agua; y, por otro lado, ese calor residual que queda lo pueden usar para alimentar una red de calefacción de fábricas, casas ¡y lo que quieran! Pero eso no es todo: luego devuelven el agua a un segundo pozo que se conecta con el primero y el ciclo vuelve a empezar, una y otra vez.
Definitivamente, “la nueva fiebre del oro” está bajo tierra… y ya no es petróleo. Europa ya lo entendió: “giró el timón del barco” hacia la energía geotérmica, de ahí que está acelerando tecnologías energéticas estratégicas, mientras que a Latinoamérica, teniendo recursos gigantescos, le falta despabilar, porque sí que andamos atrapados desde hace siglos en discusiones ideológicas, burocracia, corrupción o dependencia de los combustibles fósiles.
Ahora Cornwall tiene una mina de litio que genera menos impacto ambiental y gana doble: electricidad y calor constante. Y lo más triste de todo es que siempre ha estado ahí, bajo tierra, y lo único que había que hacer era “conectarnos” a ella para sacar provecho; nada de tener que construir Chernóbil, Fukushima o Three Mile Island, en Estados Unidos, que, a propósito, sufrieron accidentes nucleares famosos que dejaron consecuencias nefastas para la sociedad y el medio ambiente.
Bueno, pero el litio no solo está en Inglaterra, también en Francia y EE.UU

El proyecto se llama Ageli y en 2030 tendrá la capacidad de generar el litio necesario para producir 250.000 baterías al año. Y eso no es todo. Ya están mapeando un corredor de litio geotérmico, compuesto por 33 puntos hasta ahora (pero se prevé que se detecten 200), entre Francia y Alemania, y que generará el litio necesario para fabricar 1,2 millones de coches eléctricos al año. El potencial es enorme, pero hay que tener los ojos encima en el competidor, porque ya están produciendo baterías de ion-sodio que no necesitan litio. ¿Será que por ahí se abrirá otro camino?
De hecho, el mayor fabricante de baterías del mundo, CATL, calcula que el sodio reemplazará entre el 30 y el 40% del mercado mundial de baterías, porque funcionan muy parecido a las de litio; además, este elemento químico es más abundante en la naturaleza, más económico, más fácil de conseguir y está en los océanos, las minas de sal y, lo más importante: no depende de reservas tan limitadas como es el caso del litio. Y en cuanto a generación de electricidad, ¡su potencial también es enorme!
Bueno, y como la geotermia está de moda, en Utah, Estados Unidos, ya están construyendo una planta que saca calor de la roca y que generará 500 megavatios de energía constante, que es la mitad de un reactor nuclear convencional.
Y en España se estima que el subsuelo es una de las zonas térmicas más prometedoras de Europa, con un potencial de varios gigavatios de energía eléctrica, sobre todo en Galicia, Castilla y León, Andalucía y Cataluña. De hecho, ya se están “cocinando” proyectos ambiciosos que favorecerán a Madrid. Eso sí, son más costosos que la energía solar y la eólica, aunque la idea de todos estos proyectos alrededor del mundo no es sustituir al resto de fuentes renovables; pero sí son hasta dos veces más económicos (y mil veces menos riesgosos) que la energía nuclear, e incluso pueden llegar a igualarse algún día, en precio, con el gas.
¿Será que ya hemos conquistado la soberanía energética que tanto anhelábamos como sociedad? ¿Que ese futuro de energías renovables ya es un presente en donde no hay exceso de huella de carbono? ¿Será que el agua caliente alimentada por la energía de la Tierra era “el secreto” para proveer ciudades enteras de energía y calor?
Imaginen la cara de los países petroleros cuando descubran que la humanidad finalmente entendió que tal vez no era una idea brillante quemar dinosaurios licuados durante siglos para poder bañarse con agua caliente.
Mientras unos siguen peleando guerras, subsidios y discursos patrióticos alrededor del barril de crudo, otros simplemente perforan cinco kilómetros, conectan una tubería y convierten el calor natural de la Tierra en electricidad, calefacción y litio. Sin humo, sin chimeneas y, peor aún, sin pedirle permiso a la geopolítica.
Resulta que el “milagro energético” no estaba en el fondo del Golfo Pérsico sino literalmente bajo nuestros pies. Y pensar que durante décadas nos convencieron de que la única forma de sobrevivir al invierno era “prender fuego” a algo.

