¿Sabías que la Grand Central Terminal en Nueva York es radiactiva?

¿Sabías que la Grand Central Terminal en Nueva York es radiactiva?

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Cuando pensamos en Grand Central Terminal, nos viene a la mente su imponente arquitectura, el reloj icónico de cuatro caras, el bullicio de viajeros, turistas y neoyorquinos corriendo por los pasillos. Lo que pocos saben es que este emblema de la ciudad guarda un secreto fascinante: es radiactiva. Sí, leíste bien. Ese templo del transporte, que cada día recibe a más de 750 mil personas, emite radiación.

Pero antes de que cunda el pánico, vamos a aclararlo: no representa un riesgo para la salud. De hecho, es una de esas curiosidades científicas que hacen aún más interesante la historia del edificio.

¿Por qué la Grand Central Terminal es radiactiva?

La explicación está en los materiales con los que fue construida a principios del siglo XX. Gran parte del edificio, especialmente su estructura y revestimientos, se realizó con granito.

El granito es una roca natural que, además de su belleza y resistencia, contiene uranio y torio en cantidades diminutas. Estos elementos, al desintegrarse, producen radiación. No es exclusiva de la Grand Central: muchas construcciones del mundo hechas con granito, como el Capitolio de Washington o algunos monumentos europeos, también emiten radiación.

En el caso de Grand Central, la cantidad de granito utilizado fue tan grande que, según mediciones realizadas por expertos en radiación, los niveles son superiores a los que emiten algunos sitios con desechos nucleares controlados.

¿Es peligrosa la radiación de Grand Central?

La respuesta corta es: no. La radiación está en todas partes: en el aire, en la tierra, en los alimentos que comemos y hasta en nuestro propio cuerpo. Lo que importa es la cantidad.

Los niveles de radiación en Grand Central Terminal son más altos de lo normal, pero están muy por debajo de los que podrían causar algún daño a la salud. De hecho, según estudios comparativos, pasar una hora en Grand Central expone a tu cuerpo a una dosis similar a la que recibirías en un vuelo de avión corto.

Así que puedes seguir tomando tu tren sin miedo: lo más que te puede pasar es que llegues tarde a tu cita, no que te conviertas en superhéroe de Marvel.

Una broma entre científicos y guías turísticos

La curiosidad de la radiactividad de Grand Central ha sido motivo de bromas y comentarios tanto de científicos como de guías turísticos.

  • Algunos calculan que los guardias de seguridad que pasan largas jornadas en el edificio reciben más radiación al año que un trabajador de una planta nuclear.
  • Otros usan el dato como anécdota divertida para turistas: “Bienvenidos a la terminal donde no solo los trenes irradian energía, también las paredes”.

Esto ha hecho que el mito crezca y que Grand Central se convierta en uno de esos lugares donde la historia y la ciencia se cruzan de forma inesperada.

Radiactividad cotidiana: más común de lo que crees

Para ponerlo en contexto:

  • Un plátano contiene potasio-40, un isótopo radiactivo natural. Comer uno te expone a radiación.
  • Los detectores de humo funcionan gracias al americio-241, un material radiactivo.
  • Volar de Nueva York a Los Ángeles implica recibir una dosis de radiación cósmica mayor que la que obtienes caminando todo un día por Grand Central.

La diferencia está en que la mayoría no asocia su desayuno o un vuelo con la palabra radiactividad. Pero la ciencia nos recuerda que la radiación natural forma parte de la vida.

Grand Central: entre la historia, la ciencia y el mito

La Grand Central Terminal fue inaugurada en 1913 y es un símbolo de la ingeniería, la arquitectura Beaux-Arts y el desarrollo urbano de Nueva York. Sus muros de granito no solo soportan el paso de millones de viajeros, también cuentan una historia geológica de millones de años.

El hecho de que sea radiactiva añade un toque casi poético: el corazón de la ciudad que nunca duerme late con energía que proviene del mismo interior de la Tierra.

¿Turismo radiactivo?

Aunque suene a título de película, lo cierto es que la radiactividad de Grand Central es parte de su atractivo cultural. Es uno de esos datos que sorprenden a cualquiera:

  • ¿Sabías que la estación más famosa del mundo es más radiactiva que algunos depósitos de residuos nucleares?
  • ¿Te imaginas que los policías que la custodian reciben más radiación que un astronauta en órbita baja durante un par de días?

Claro, la diferencia es que en Grand Central nadie necesita un traje protector.

Reflexión final

grand central

En un mundo donde la palabra “radiación” suele generar miedo, Grand Central Terminal nos recuerda que la naturaleza y la tecnología están llenas de paradojas. Un espacio diseñado para conectar a millones de personas con sus destinos resulta ser también un ejemplo curioso de cómo la geología y la ciencia se manifiestan en lo cotidiano.

La próxima vez que camines bajo su impresionante techo azul celeste, con constelaciones pintadas al revés y rodeado de viajeros con prisa, recuerda: estás en un lugar donde la historia, la ingeniería y la radiactividad se dan la mano.

Y no te preocupes: lo único que realmente puede “irradiarte” en Grand Central es la belleza de su arquitectura y el ritmo incesante de Nueva York.

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