Volvimos a la era de los espías, a la atmósfera gélida de la Guerra Fría al mejor estilo de John le Carré, maestro de las novelas de espionaje británico; o de Tom Clancy, escritor de suspenso basado en tecnología militar y espionaje. O de Keith Jeffery que narraban experiencias reales, misiones específicas reales llevadas a cabo por el MI6 en su libro: “MI6: La Historia Secreta del Servicio Secreto de Inteligencia 1909-1949″.
Parece ficción, pero las fuerzas de la OTAN y el Reino Unido se encuentran en máxima alerta por el preocupante incremento de actividades de espionaje ruso, tan gris, burocrático y moralmente ambiguo como siempre.
No lo digo yo, lo dicen las agencias británicas que revelaron que agentes rusos se han infiltrado en diversos países clave de la OTAN, con el objetivo de “minar” infraestructuras críticas.
Parece que se viene una guerra híbrida que involucra tácticas convencionalesque utilizaban en su “época de oro” como “agentes durmientes” colocados en posiciones clave dentro de gobiernos occidentales e infiltración de organizaciones, sumadas a ciberataques y vigilancia de personal militar, que pretenden afectan las comunicaciones, la energía y hasta la actividad submarina, porque ya hay evidencia de que andan bajo el mar.
¿Qué está pasando? Resulta que hace un mes Anne Keast-Butler la jefa del GCHQ británico (Government Communications Headquarters) lo advirtió. También hubo reportes de interceptaciones peligrosas de una aeronave británica de reconocimiento sobre el mar Negro, lo que encaja con una postura rusa de hostigamiento militar y de inteligencia más visible.
Además, Reuters informó que Serguéi Narishkin, jefe del espionaje exterior ruso acusó a la OTAN de “preparar un conflicto a gran escala”, lo que muestra el nivel de hipertensión (y no arterial) retórica y estratégica entre ambas partes.
La estabilidad de Europa está en jaque…mate
En el Reino Unido, un reporte de 2025 ya indicaba que el número de espías rusos era el más alto desde la Guerra Fría. Por otra parte, el MI5 y MI6 han detectado la presencia de submarinos rusos cerca de esos cables transoceánicos que conectan continentes, y que son vitales para la economía global. De ser interrumpidos, ¡ni les cuento que lo que sucedería! Básicamente el sistema financiero y las comunicaciones globales caería como sacos de plomo.
Entonces, a la OTAN no le quedaría de otra que activar la alerta máxima de sus patrullas marítimas y de vigilancia en las estaciones del metro, porque todas estas rutas son altamente vulnerables al ataque de Putin y su gobierno, que tienen “en la mira”, tanto túneles como estaciones relevantes.
La sospecha, al mejor estilo del libro The Spy Who Came in from the Cold de Le Carré, es que estos agentes podrían estar planeando sabotajes (ya no en el corazón de la Alemania comunista) sino en túneles y estaciones estratégicas, sin ser detectados, como lo hicieron alguna vez durante la Guerra Fría; pero en este caso, todo parece indicar que lo que quiere Rusia es “medir” las defensas occidentales, probar tiempos de reacción y debilitar la confianza interna, para ver qué tan preparado está el Reino Unido ante una posible amenaza (¿será que perro que ladra no muerde?)
Vuelve y juega: la OTAN y la Unión Soviética (ahora Rusia)
Parece que la estrategia no será un ataque directo, inmediato, sino desgastar y desgastar al enemigo hasta que baje la guardia. No quiero ni imaginar que la obra hipotética “Red Storm Rising” de Tom Clancy cobrara vida, y que comenzara la Tercera Guerra Mundial entre la OTAN y la Unión Soviética en los años 80 (ahora la Rusia de Putín.)
Seguramente Reino Unido se centraría en su inteligencia militar para retomar ese enfrentamento Este-Oeste redoblado esfuerzos, destinado más recursos al MI5 y GCHQ, para colaborar con las fuerzas de la OTAN.
Por otro lado, qué pensarían Sidney Reilly, “el as de espías”, quien lideró misiones contra los bolcheviques tras la Revolución Rusa; o Oleg Gordiexsky quien trabajó de manera secreta para el MI6, acerca del regreso de los espías rusos como profesión. De pronto estarían evaluando rutas de escape y refugios en túneles, como una medida preventiva simbólica, pero que envía un mensaje muy claro al enemigo: si Rusia se prepara para volver a la Guerra Fría, ¡pues el Occidente también lo hace!
Hay tensión (como los cables de alta tensión) , y aunque cruzamos los dedos para que no haya una invasión, este nuevo panorama de espías obliga a Europa a echarle cabeza a estrategias de defensa, porque querámoslo o no, el viejo continente pasa por una época de vulnerabilidad sin precedentes.
No sé si les parece a ustedes pero a mi el gran apagón de la Península Ibérica en abril de 2025 y el de principios de esta año en el suroeste de Berlín “me huelen” a Borscht y Pelmeni, aunque confieso que no soy fan de los sabores del ex imperio de los zares. Me preocupa que si los rusos comienzan con estos ataques híbridos contra la energía, la estabilidad económica y social, Europa se verá en “jaque mate.”
Asimismo, estoy de acuerdo con The New York Times en que estas operaciones no solo buscan robar información, sino crear incertidumbre, desgaste, vulnerabilidad, caos, para presionar a los aliados sin cruzar el umbral de la guerra convencional. Porque seamos honestos: toda operación encubierta siempre es el preludio de una confrontación. Ahora toca ver si solo es están “enseñando los dientes” o alguno va a dar la mordida feroz y la historia de Le Carré se hará realidad. Por ahora cierro los ojos y me imagino qué locura hará Trump.

