
¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Quién podrá salvarnos si no regalamos o no nos regalan (que es peor), jamón ibérico o Jabugo en esta temporada de fin de año? ¡Porque diciembre en México sin jamón español es como una posada sin piñata!
La medida de las que les voy a platicar perjudica de sobremanera la venta de fin de año de lugares como La Europea, La Castellana, La Naval, El Palacio de Hierro, Liverpool, City Market, Fresko, Chedraui, Soriana y Bodegas Alianza porque habrá un desplome colectivo de todos los departamentos de delikatessen.
Y no sólo hablamos del jamón, también incluyen carne de cerdo, salchichas, despojos, alimento para mascotas y casi cualquier cosa que alguna vez haya tenido contacto con porcinos. ¡Hasta perros y gatos se quedarán sin sus croquetas gourmet!
Ahora… sin jamón

La culpable de esta interrupción de nuestra dieta emocional de época de fiestas tiene nombre y apellido: peste porcina africana (PPA). Una enfermedad viral, muy contagiosa, letal para cerdos y jabalíes, y que los mata en cuestión de días…
El brote comenzó en Cerdanyola del Vallès, Cataluña, donde unos jabalíes silvestres portadores del virus les dio por “aparecer” justo ahora, cuando todos andábamos pensando ir de vacaciones de España y regresar con maletas cargadas de viandas como jamón de bellota de Guijuelo o Extremadura, jamón serrano de Teruel, chorizo de vela, lomo embuchado, salchichón, fuet, sobrasada de Mallorca o paté ibérico, entre otros.
Les apuesto los oficiales de inspección en el aeropuerto nos los van a quitar sin piedad, para luego terminar… ¡comiéndoselos!
Pero, un momento: ¿qué le sucedería al oficial si consumiera jamón contaminado de PPA? Bueno, para que estemos tranquilos nada, no se enfermaría; porque el virus no se transmite a las personas, ni por contacto directo con el animal ni por consumo de carne contaminada.
Los protocolos que activaron AGRICULTURA y Senasica (como debe ser) acerca de suspender la importación de todos los productos de origen porcícola procedentes de España son para proteger la cadena productiva de producción porcícola nacional de posibles riesgos zoosanitarios. Así que el drama de fin de año es más sanitario que gastronómico.

El verdadero problema es para la industria porcina mexicana porque si ingresa un producto contaminado podría reinfectar a los cerdos, y eso sí sería un desastre en serio. También el virus puede viajar pegado a ropa, equipaje, vehículos, equipos…
Así que tranquilos: nosotros los humanos estamos a salvo, pero podemos ser portadores del virus y perjudicar los cerdos mexicanos.
Así que por ahora (y hasta nuevo aviso) todo parece indicar que habrá que resignarse en esta temporada decembrina. No habrá pata de jamón de bellota debajo el árbol, ni fuet en la cena del 24.
Eso sí: si ven a los oficiales del aeropuerto sonreír más de lo normal… ya sabrán por qué.

