
La eliminación de aranceles de hasta el 100% sobre quesos, pastas y mermeladas (y de 99% a productos intercambiables entre la UE y México), es el nuevo Acuerdo Comercial Interino (ACI) al que llegaron la presidente Sheinbaum, António Costa del Consejo Europeo, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Este instrumento comercial entrará en vigor inmediatamente. Entre otras cosas, también aprovecharon para actualizar su relación bilateral en cuanto al diálogo político y cooperación en diversos ámbitos, fuera del comercial.
Muy bien por la ampliación y fortalecimiento de las relaciones comerciales entre México y estos 27 países de Europa: estrecha lazos; pero es casi obvio que esta reacción tiene que ver directamente con esa tensión del entorno geopolítico actual y las políticas arancelarias, bastante agresivas, del gobierno Trump.
¡Qué curioso! México y la UE no se reunían desde hace una década a hablar de este tema. Y es evidente que “cuando el juego se complica”, hay que salir a buscar aliados, y “no poner los huevos en la misma canasta”, como le estaba pasando a México últimamente.
¿O ya no se acuerdan que el año pasado Trump dijo que subiría aranceles generales a 25% y 30% argumentando que las acciones mexicanas contra el tráfico de drogas y migración son muy sosas? Siempre sale con la misma amenaza arancelaria, su herramienta de presión favorita para negociar con México; mientras tanto, a los sectores automotriz, acero y aluminio “les tiemblan las piernas”.
A México ingresarán de manera libre la pasta, que tenía aranceles del 20%; el chocolate y la confitería, que tenía más del 20%; los quesos azules, manzanas y duraznos en conserva, y huevos (¿huevos?) que a propósito, tenían hasta 45% también. Claro que no le veo sentido a comprar huevos belgas.
A los amantes de los derivados del cerdo y los lácteos (me incluyo), les tengo buenas noticias. El acuerdo contempla reducción arancelaria —incluso hasta 0 % en ciertos contingentes— para 13.000 toneladas de porcino, 20.000 toneladas de distintos tipos de quesos y 13.000 toneladas de derivados lácteos, frente a tasas actuales que alcanzan hasta 45 %. Eso sí, no todos los productos con denominación de origen europea entran automáticamente en eliminación total de aranceles: algunos quedan sujetos a cuotas, calendarios graduales o esquemas especiales de protección comercial y sanitaria.
Los vinos de La Rioja, Ribera del Duero o Priorat, así como productos emblemáticos como el Roquefort o ciertos jamones europeos, reforzarán su protección de origen e indicaciones geográficas frente a imitaciones y contrabando con esta modernización comercial.
Por un lado, la Unión Europea es el tercer socio comercial de México, su segundo mercado de exportación y el segundo mayor inversionista’; y por el otro, México es el segundo mayor importador de productos agroalimentarios europeos en Latinoamérica, por valor de 2.700 millones de euros anuales, según datos de la Comisión Europea de 2024. Así que ya era hora de que ellos le bajaran un cachito a los impuestos de entrada de sus productos, ¿no creen?
Sin embargo, la colaboración no hay sido tan recíproca como quisiéramos. El año pasado, las exportaciones mexicanas a la UE representaron apenas 3.6% del total exportado por México, mientras que las importaciones desde el bloque europeo sumaron 9.7% del total. Por supuesto que hay oportunidades en este nuevo acuerdo, pero ojo, porque estamos en desigualdad de condiciones. De ahí que estos comités reguladores deben centrarse en corregir asimetrías y convertir esta “modernización” en un “gana y gana” en todo el sentido de la palabra.
Mientras que el acuerdo anterior protegía ciertos sectores agrícolas con aranceles altos; la nueva versión modernizada elimina casi la totalidad de los aranceles, incluidos los agrícolas mexicanos.
Más comercio, menos dependencia… ¿y más vulnerabilidad?

Por primera vez, México abrirá licitaciones públicas de gobiernos estatales y municipales a corporaciones europeas; y se incorporarán capítulos para agilizar procesos a pequeñas empresas y protocolos de lucha contra la corrupción.
Asimismo, se introducirá un mecanismo para que las empresas transnacionales puedan demandar a los Estados si consideran que normativas ambientales o sociales locales, afectan sus ganancias esperadas.
La mayor ganacia para mi es la diversificación comercial que permite a México reducir su extrema dependencia económica de los Estados Unidos. Pero tienen que trabajarle a la simplificación de tantos trámites burocráticos y aduaneros que facilitan la inserción de pequeñas empresas.
Y no solo eso… hay un riesgo, y es que se pierda la soberanía nacional si se priorizan los derechos de las corporaciones privadas por encima de las leyes públicas del país.
Insisto: México debe cuidar a sus pequeñas y medianas empresas, “no deben quitarles los ojos de encima” porque serán vulnerables si compiten directamente en licitaciones públicas contra estos gigantes transnacionales europeos. Tampoco se puede desproteger (más) el sector agrícola que se les arregla como puede, porque no se puede olvidar que Europa tiene un sector agroindustrial fuertemente subsidiado por sus gobiernos.
Por otro lado la UE es “más verde” y tiene políticas sustentables y medioambientales muy desarrolladas y extrictas, y México tendrá que implementarlas sí o sí, así esté preparado o no, porque puede verse abocado a demandas multimillonarias. A ver, para nadie es un secreto que si va a haber exportaciones a gran escala, se explotará aún más el suelo, se usará más agua y pueden afectar el ecosistema de comunidades, fauna y flora.
Ahora bien, me alegra que los sectores industriales como el automotriz u aeroespacial mexicano, donde la UE tiene fuerte presencia, seguramente seguirá recibiendo flujos de capital. También nos modernizaremos y nos volveremos más internacionales en procesos de comercio y aduanas; pero… estoy muy de acuerdo con lo que expone la Fundación Heinrich Böll y es que esta modernización del acuerdo no puede favorecer de manera desproporcionada a las empresas europeas, porque queramos o no, México tendrá que “ponerse trucha” para que no nos trasgredan.
Por ahora, me voy a servir una copa de Rioja con queso Roquefort y jamón di Parma, pero eso sí, no me vayan a poner a comer huevos belgas.

