jueves 30 de mayo de 2024

Detrás del lujo: la historia de Jorge Manzur en el mundo hotelero

Detrás del lujo: la historia de Jorge Manzur en el mundo hotelero

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Jorge Manzur

El 26 de febrero, Jorge Manzur tendrá la agenda repleta de compromisos, pero hay uno que ese día es ineludible: cocinar para todo el equipo del hotel Anantara Villa Padierna de Marbella, uno de los alojamientos de lujo de referencia de la Costa del Sol.

Créditos: EL MUNDO

«Hago una carbonara de escándalo», bromea con una amplia sonrisa este mexicano al que le chifla ejercer de anfitrión en su hotel, pero también en su casa. «La diseñé con el arquitecto pensando en el disfrute de mis amigos cuando venían». A muchos de ellos, presume, los ha conocido en los hoteles donde ha trabajado.

Hay personas que nacen con un pasaporte de lujo. Qué maravilla cuando en la familia hay una abuela libanesa y otra gallega, tus padres se conocen en México y todo ese bagaje te convierte con los años en un trotamundos insaciable y curioso. Jorge Manzur se esconde detrás de estas pinceladas. «En realidad yo estudié Comunicación y aspiraba a trabajar en la televisión». Llegó a entrar en Televisa, pero el horario acabó con su vocación. «De 1 a 4 de la madrugada». En una comida con amigos, «y más bien por accidente», el destino le situó en otro escenario. «Uno de mis amigos trabajaba en los hoteles Westin y me propuso cambiar de sector». Un jueves hizo la entrevista y el lunes siguiente se incorporada a la compañía hotelera. El plan, en realidad, tampoco le iba nada mal.

En su país inició su carrera y cogió fondo. «En 1997, un headhunter me contactó para que viniera a dirigir Puente Romano -otro sinónimo de lujo- en Marbella». Él fue quien llevó a Dani García a este hotel —allí tenía su gastronómico, con el que logró las tres estrellas Michelin—, también quien creó la plaza, place to be de la localidad malagueña. Su nombre —y su buen hacer— corrieron como la pólvora por el sector. Llegaron las ofertas de la competencia; se puso al frente del hotel Don Pepe, el buque insignia del grupo Meliá. «En esta época viajé mucho y estuve en distintos alojamientos de la cadena».

Jorge Manzur, un hombre sencillo

Nunca le ha movido el dinero a la hora de cambiar de destino profesional. «Cuando llegué a Villa Padierna estaba bastante dejado y muy obsoleto». Relanzar aquello le pareció un reto mayúsculo. «Llegué en verano de 2019 -año de pandemia- y estaba vacío. Sólo había un restaurante en el resort». Esto último, a un foodie reconocido como él —cursó estudios en Le Cordon Bleu—, le chirrió especialmente y ha sido uno de sus retos a la hora de actualizar este palacio toscano de dimensiones espectaculares, con un spa que es lo más parecido —y no es farol— al paraíso y tres campos de golf con vistas al mar. Entre los muchos rostros conocidos que se han alojado en él, los Obama, que han puesto nombre a una de las nueve villas con piscina privada.

Otro frente -quizá el que más de todos-, en el que se ha empeñado a fondo ha sido en el de hacer equipo. «Cuando llegué estaba muy unido, pero completamente desmotivado». Le llamaban don Jorge, algo que no era de su agrado. «Yo soy Jorge, uno más aquí, soy un tipo normal», al que le gusta hablar con las personas, saber qué les preocupa y que no se lleva bien con el teletrabajo. «Es fundamental el trato con la gente». Eso es la base para que los resultados lleguen al cliente que entra por la puerta. «La experiencia tiene que ser brutal por lo que cobramos», reflexiona en alto. Cada semana, chequean las redes sociales y el empleado más mencionado es premiado. «También elegimos al trabajador del año; en 2023 fue una persona del equipo de limpieza. No se lo creía».

Las flores frescas que inundan todas las dependencias del hotel llevan también el sello del director. «Nos gastamos entre 7.000 y 8.000 euros al mes». Una de las primeras cosas que hizo aquel verano del 19 fue quitar las flores falsas y reducir el caviar en el menú. «Había demasiado», cuenta con sorna.. La obsesión por el detalle la aplica a todo. «Realmente, el lujo de un hotel como éste es el equipo humano. Ellos son los que hacen sentir al huésped especial», comenta junto al carrito de las tartas que acompaña el afternoon tea, otro de sus logros. Uno más, pero no el último.

La pasión por la gastronomía se la inculcaron a Jorge Manzur sus abuelas, cada una desde su cultura. «El primer restaurante que abrí en Anantara fue el 99 sushi bar, un referente de la mejor cocina japonesa». Después llegó La Loggia, con una apuesta por la gastronomía local a mediodía y por la italiana por la noche. «Traje a mis amigos italianos a probar la carta hasta que dimos con lo que buscábamos». Para relanzar La Veranda, el buque insignia gastro del hotel, investigó cartas antiguas. «Aquí trabajó Berasategui», dice orgulloso Jorge Manzur. Busca cada producto que ofrece, desde las aceitunas hasta las patatas fritas, pasando por las mieles o las verduras. El desayuno del lugar es una maravilla.

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