
Durante toda su vida, las personas ciegas tenían que lidiar con la idea de que verse a sí mismas era imposible. Puede que supieran que eran bellas por dentro, pero eran conscientes de que no podían verse a sí mismas. Hasta que llegó la inteligencia artificial y les demostró que ya no hacía falta “dejar de ver”.
Ahora les dice que se verían mejor si su mandíbula fuera menos alargada, o si su rostro se pareciera un poco más a lo que se considera “objetivamente bello”. Ahora una máquina, después de haber subido fotos de tu cara y cuerpo, te dice en qué ranking de belleza te encuentras. ¡Bievenido a 2026!
Lo bueno es que las personas con discapacidad visual tienen acceso a toda esta información: pueden observar sus cuerpos, sus rostros y su perfil “griego”; incluso descubren todo “lo que no encaja” con los estándares de belleza, dictaminados por los algoritmos. ¡Como si no bastara con el bullying en la escuela! ¿Quién no recuerda al enano, al gordito, al alto, al de narigón, al flaco?
Al menos agradezco no haber tenido esta tecnología a los once años: ya me imagino a la IA explicándome en tono de burla que mi nariz “ocupa demasiado espacio en mi cara” y que sería recomendable “optimizarla”; o dándole consejos a mi mejor amigo sobre su estatura, que por ejemplo no necesitaba pupitre, porque le bastaba con apoyarse en el marco de la puerta; incluso que pobre IA no alcanzaba a escanearle la cara sino las rodillas, porque el rostro quedaba fuera de cuadro.
Lo cierto es que esta “inclusión tecnológica” trae de añadidura los famosos “complejos” para los que antes no podían verlos… pero me pregunto si a estas alturas necesitamos que un algoritmo nos señale que nuestra piel está seca, arrugada, manchada, o que tenemos uno que otro diente torcido o manchado por tomar vino…
Por un lado, aplaudo que la IA, a través de sus “ojos virtuales”, esté ayudando a las personas ciegas a acceder a retroalimentación sobre su cuerpo; pero, por otro, pienso en las consecuencias emocionales y psicológicas que pueda traer: baja de autoestima, falta de percepción real, inconformidad…
Be My Eyes evalúa la belleza de una persona ciega

Si son curiosos como yo, échenle un vistazo a la app Be My Eyes: es guía que les ayuda en su rutina de belleza, maquillaje, y hasta les hace sesiones de fotos para que vean cómo quedaron. Pero ojo, porque les sugiere (bueno, el algoritmo) lo que deben cambiar en su apariencia. Y eso es delicado y poco inclusivo.
A través del reconocimiento de imágenes, Be My Eyes hace algo más que describir lo que aparece en una imagen: ofrece evaluaciones, comparaciones, consejos, reseñas ¡y hasta críticas constructivas y destructivas! Y crean o no, está cambiando la percepción.
¿Podría decirse que Be My Eyes es un espejo, o “finge ser” un espejo? ¿Estamos preparados o dispuestos a aguantar que la IA nos restriegue que amanecimos con poros dilatados, puntos negros, o con rostro de cristal?
Y si fueras invidente (o tu hijo, tu esposa, tu hermana), ¿no crees que este tipo de calificativos, emitidos por una IA, hacen que se sientan insatisfechos e inseguros con su aspecto?
Envision clasifica de 1 a 10 su nivel de belleza

Envision es otra app que utiliza inteligencia artificial para personas ciegas.
Es un asistente disponible en gafas, web y celular, que interactúa con el mundo visual. Pueden leer cartas y hacer compras, pero curiosamente, los invidentes la utiliza para maquillaje o armar su outfit. Pero de nuevo: la IA los califica según los estándares tradicionales de belleza, los compara con otras personas y les dice qué aspectos de su cuerpo deben cambiar.
Ahora bien, si te pones en los zapatos de una chica que nunca se ha visto al espejo, debe ser muy interesante que la IA te dé todos los detalles de como te ves, pero me sigue causando conflicto que clasifique de 1 a 10 su nivel de belleza. Cuidado, porque esos resultados que ofrecen estas herramientas no siempre son positivos: idealizan y sexualizan cuerpos delgados y con rasgos occidentales, debido a los datos con los que han sido “entrenados”; además, son subjetivas e individualistas.
Dejar tu identidad en manos de una IA tampoco es la salida. No se le puede “dar el control” porque tiene sus preferencias y deseos; y puede que te diga lo que no quieres escuchar y hasta herir susceptibilidades.
Personalmente, no quiero que la tecnología actúe como “mis ojos” y me evalúe, pero entiendo que quienes la necesitan se apoyen en la IA para que les genere fotos “mejoradas” para un perfil en una aplicación de citas, por ejemplo. Es una manera de autoconocerse y de guiarse sobre cómo lucen, y todos tenemos derecho a eso.

