Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
Columna de opinión:

Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
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Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
¿Por qué son tan caras las medicinas en México? ¿Y la Profeco? ¿Y Cofepris?

¿Por qué son tan caras las medicinas en México? ¿Y la Profeco? ¿Y Cofepris?

Por Eddy Warman

Queridas amigas y amigos lectores:

Hay veces que uno empieza una investigación por simple curiosidad y termina francamente molesto. Eso fue exactamente lo que me ocurrió cuando tuve acceso a una receta surtida en España y decidí hacer algo muy sencillo: comparar cuánto cuestan esos mismos medicamentos en México.

Pensé que encontraría diferencias razonables. Tal vez un poco más caros, como ocurre con muchos productos importados. Pero conforme fui avanzando en la investigación me encontré con una realidad difícil de explicar: algunos medicamentos cuestan en México dos veces más, otros cinco veces más y algunos llegan a costar hasta nueve veces más que en España.méxico farmacia

 

Y no estamos hablando de productos distintos.Estamos hablando de las mismas marcas, fabricadas por los mismos laboratorios multinacionales y utilizadas para tratar exactamente las mismas enfermedades.

La primera sorpresa fue Thealoz Duo, un tratamiento oftálmico para el síndrome de ojo seco desarrollado por la firma francesa Laboratoires Théa, que en México es comercializado por Laboratorios Théa México.

En España el frasco de 10 ml cuesta aproximadamente 16.50 euros. En México el mismo producto se vende normalmente entre 650 y 850 pesos.

Después encontré el caso de Eutirox, uno de los medicamentos más utilizados para el tratamiento del hipotiroidismo. Es producido por la farmacéutica alemana Merck y la presentación analizada contiene 50 tabletas.

En España cuesta alrededor de 4.51 euros, equivalentes a poco más de 80 pesos mexicanos. En México esa misma presentación puede venderse entre 600 y 750 pesos.

Aquí vale la pena hacer una precisión importante. Sí existen en México alternativas genéricas de levotiroxina y opciones más económicas disponibles en distintas cadenas farmacéuticas. Pero mi comparación no es entre un genérico y una marca de patente.

Estoy comparando Eutirox contra Eutirox. La misma marca. El mismo laboratorio. La misma presentación. Y aun así la diferencia puede acercarse a ocho veces.

Luego aparece el caso más impactante de todos. En la receta española figura Carduran Neo 4 mg, medicamento a base de doxazosina para hipertensión y crecimiento prostático benigno.

En México esa presentación es conocida simplemente como Cardura. La marca fue desarrollada originalmente por Pfizer y actualmente es comercializada por Viatris, compañía surgida de la integración de Upjohn y Mylan.

En España el precio ronda los 7.27 euros. En México, Cardura se vende alrededor de 1,200 a 1,300 pesos.

Cuando hice la conversión varias veces pensé que había cometido un error. No lo había cometido. La diferencia llega a acercarse a nueve veces. Y todavía falta otro caso extraordinario.

Pristiq, medicamento para el tratamiento de la depresión, fue desarrollado por Pfizer y actualmente es comercializado en México por Viatris Healthcare México.

En España cuesta aproximadamente 20.39 euros. En México la presentación de 28 tabletas ronda entre 2,000 y 2,250 pesos. La diferencia oscila entre cinco y seis veces. Pero la investigación no terminó ahí. También encontré en la receta dos productos que millones de personas consumen todos los días pensando que son simples suplementos alimenticios y que, por lo mismo, no suelen llamar la atención.

Uno de ellos es Auxina E, una presentación de vitamina E elaborada por la farmacéutica española Kern Pharma.

El producto cuesta en España apenas 3.51 euros por una caja de 30 cápsulas. Aunque no encontré evidencia de comercialización formal de esa misma marca en México, los productos equivalentes de vitamina E se venden a precios considerablemente mayores dependiendo de la marca, el canal de distribución y la presentación.

La diferencia no resulta tan espectacular como la observada en medicamentos de patente, pero vuelve a mostrar que el consumidor mexicano suele pagar más por productos relacionados con la salud.

El otro caso es el de Omega 3, un suplemento ampliamente utilizado para apoyar la salud cardiovascular y ayudar en el control de triglicéridos. La presentación analizada contiene 90 cápsulas y cuesta en España aproximadamente 28.50 euros.

En México productos equivalentes pueden encontrarse entre 300 y 900 pesos dependiendo de la marca, concentración y distribuidor. Aunque aquí la diferencia es menos contundente, también existe una dispersión de precios enorme que dificulta al consumidor saber cuándo está pagando un precio razonable y cuándo está pagando de más.

Para que el panorama quede claro, aquí está el comparativo:

Medicamento Laboratorio / Titular Comercialización o distribución en México España México
Thealoz Duo Laboratoires Théa Laboratorios Théa México €16.50 $650-$850
Eutirox 88 mcg Merck Merck México €4.51 $600-$750
Carduran Neo / Cardura Pfizer (origen) / Viatris (actual) Viatris México €7.27 $1,200-$1,300
Pristiq 100 mg Pfizer (origen) / Viatris (actual) Viatris Healthcare México €20.39 $2,000-$2,250
Auxina E Kern Pharma Sin comercialización formal identificada con esa marca €3.51 Variable
Omega 3 Diversas marcas Diversas marcas y distribuidores €28.50 $300-$900

Cuando terminé de reunir todos estos datos apareció una pregunta inevitable: ¿Quién está cuidando al consumidor mexicano?

Y aquí entra la primera autoridad que considero debería involucrarse mucho más activamente: la PROFECO. La Procuraduría Federal del Consumidor fue creada para defender los derechos de los consumidores, combatir prácticas abusivas, promover información transparente y ayudar a crear mercados más equilibrados. No estoy diciendo que PROFECO deba fijar el precio de las medicinas. Eso no le corresponde. Lo que sí me pregunto es por qué, frente a diferencias tan extraordinarias, no existe una mayor exigencia pública de transparencia.

¿Por qué los consumidores no conocemos con claridad la estructura de costos?, ¿por qué no sabemos cuánto corresponde al fabricante?, ¿cuánto al distribuidor?, ¿cuánto a las cadenas farmacéuticas?, ¿cuánto a los intermediarios?.

Cuando una diferencia alcanza ocho o nueve veces el valor observado en otro país desarrollado, la transparencia deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad.

Y entonces llegamos a la segunda institución: COFEPRIS. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios tiene una tarea fundamental. Registra medicamentos. Autoriza su comercialización. Vigila calidad, seguridad y eficacia. Y gracias a esa labor los pacientes tienen acceso a productos que cumplen requisitos regulatorios y sanitarios.

Pero desde la perspectiva de millones de mexicanos existe una inquietud perfectamente válida. Si COFEPRIS protege la seguridad de los medicamentos, ¿quién protege el acceso económico a esos medicamentos?

Porque una medicina puede ser extraordinariamente segura. Puede tener todos los registros en orden. Puede cumplir todas las normas sanitarias. Pero si una persona no puede pagarla, el problema sigue existiendo. Y es un problema enorme. Particularmente cuando hablamos de enfermedades crónicas.

Una persona con hipotiroidismo necesita su tratamiento todos los días. Lo mismo ocurre con quien vive con hipertensión. Lo mismo ocurre con quien enfrenta un trastorno depresivo. No pueden suspender los medicamentos simplemente porque el mercado decidió encarecerlos.

Mientras investigaba estos precios no podía dejar de hacerme una pregunta: Si Merck, Théa, Pfizer, Viatris y otras compañías pueden vender estos productos en España a precios significativamente menores y seguir siendo empresas rentables, ¿por qué los pacientes mexicanos terminan pagando cantidades tan superiores?

No estoy acusando a nadie. Estoy formulando una pregunta legítima. Una pregunta que creo que merece una respuesta pública. Porque detrás de cada una de estas cajas hay personas reales. Hay jubilados. Hay pensionados. Hay familias. Hay pacientes que dependen de estos tratamientos para mantener su calidad de vida.

Y cuando el mismo medicamento cuesta cinco, seis, ocho o nueve veces más que en otro país, es imposible no preguntarse si algo en la cadena está fallando. Tal vez sea un problema de competencia. Tal vez sea un problema de distribución. Tal vez sea un problema de transparencia. Tal vez sea una combinación de todo lo anterior.

Lo que sí sé es que la conversación prácticamente no existe. Y ya debería existir. Porque la salud no puede convertirse en un privilegio. La salud debería ser un derecho. Y después de revisar todas estas cifras, sigo convencido de algo: No pueden ser los precios de las medicinas en México.

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