Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
Columna de opinión:

Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
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Cabrón, chispa y casual

Por: Eddy Warman
Wall Street se cansó de pagar la fiesta de la inteligencia artificial

Wall Street se cansó de pagar la fiesta de la inteligencia artificial

Wall Street

Queridas amigas y amigos lectores, les voy a contar qué pasó este fin de semana con la lana, qué pasó con las inversiones y por qué hay tanta gente queriendo saltar del balcón porque perdió mucha lana.

Abran una buena botella, sírvanse una copa y pónganse cómodos, porque lo que vimos el viernes en Wall Street no necesita un analista engolado de corbata apretada; necesita sentido común, tantita memoria y una dosis generosa de humor negro. Seguro ya vieron las noticias con titulares catastróficos: que si el Nasdaq se desplomó casi 3%, que si el S&P 500 se fue al piso casi 2%, que si el Dow Jones se despeinó… en fin, el peor día bursátil desde junio. Medio mundo anda hiperventilando como si el lunes fuéramos a amanecer en la Edad de Piedra.

Tranquilos. Nadie se va a morir de hambre por esto, pero el berrinche que hicieron los inversionistas estuvo digno de museo. ¿Qué fue lo que realmente pasó? Muy sencillo: a Wall Street le dio una resaca monumental y por fin se dio cuenta de que lleva dos años aplaudiéndole como foca a una sarta de chamacos con chaleco de plumas que solo saben pronunciar dos palabras mágicas: «Inteligencia Artificial».

Hasta hace apenas unos días, el libreto en Silicon Valley era un chiste: salía cualquier director general a dar su conferencia de prensa y decía: «Miren, todavía no sé bien cómo voy a cobrar esto, pero me voy a gastar el presupuesto de tres países enteros construyendo bodegas con servidores para que una IA les dibuje perritos astronautas o les escriba correos que nadie va a leer». Y allá iban todos los fondos de inversión, vueltos locos, a bañarlos en billetes y a inflar las acciones como si no hubiera un mañana.

Pues les tengo noticias: el mañana llegó este viernes. El mercado se despertó con dolor de cabeza, tocó a la puerta de las oficinas de cristal y dijo: «A ver, mis genios, muy bonitos sus algoritmos, pero ¿dónde está la lana contante y sonante? Enséñenme el billete verde».

Y cuando voltearon a revisar las carteras… ¡sorpresa! Están más secas que un mezcal sin botana. En Wall Street le dicen muy elegantemente «flujo de caja libre negativo», pero entre nosotros, en cristiano y sin rodeos, significa simplemente que están gastando carretadas de dinero más de lo que son capaces de meter al cajón. Es exactamente igual al compadre que llega en un deportivo último modelo a la comida, pide la champaña más cara para impresionar a la mesa, y a la hora en que llega la cuenta te susurra al oído que si le prestas porque no le pasa la tarjeta de crédito.

Por si la borrachera no estuviera ya lo bastante fea, el señor de la Reserva Federal en Estados Unidos anda en modo aguafiestas absoluto. Olvídense del regalito de Navidad de que bajen las tasas de interés; el mercado ya le apuesta más del 70% de probabilidad a que las van a subir en diciembre. Traducido: pedir dinero prestado para seguir alimentando los juguetitos de inteligencia artificial va a salir carísimo.

Y para acabarla de amolar, el rincón de las criptomonedas metió su propio circo de tres pistas: unos hackers de Corea del Norte se metieron a Binance —la casa de cambio cripto más grande del planeta— y se volaron nada más y nada menos que 6.300 millones de dólares en una sentada. ¡El robo más grande de la historia! Mientras tanto, el Bitcoin se fue de boca abajo de los 77.000 dólares, cuando a principios de mes andaba campante arriba de 86.000. (Eso sí, allá en Colombia ni se enteraron del drama: el dólar cerró plácido en $3.194, la bolsa local plana y la gente tomándose un café mirando el incendio mundial desde la barrera).

Ahora sí, acompáñenme a ver la autopsia con nombres y apellidos, porque aquí es donde se nota quién estaba nadando sin traje de baño:

  • Intel (−28,58%): Cuando te llueve sobre mojado… y te cae un rayo. Se pegaron el peor porrazo de su historia desde 1974. Salieron a decir que para fin de año van a vender más de mil millones de dólares menos de lo que habían prometido. Y el chiste se cuenta solo: ¡la misma Inteligencia Artificial los está ahorcando! Como los centros de datos se están tragando toda la memoria que existe en el planeta, armar una computadora normalita para la casa o la oficina se volvió carísimo. ¿Y qué pasa cuando armar computadoras se encarece? Que nadie compra PCs nuevas, que es justo el pan de cada día de Intel. Y para rematar el cuadro, se les incendió una planta en Israel y tuvieron que pararla. De verdad, a estos pobres les pasó un tren por encima.
  • Los consentidos del silicio: AMD (−10,88%) y Nvidia (−4,22%). Aquí la cosa fue puro chisme y paranoia de pasillo. El mercado pensó: «Si los grandulones ya no van a tirar dinero a lo idiota en servidores de IA, pues le van a dejar de comprar procesadores a estos dos». Y mucho ojo con Nvidia: cayó «apenas» un 4%, pero como hoy en día vale una salvajada y pesa tanto en el índice S&P 500, con ese tropezón le arrancó más puntos a la bolsa que ninguna otra empresa. Así que si ustedes tienen por ahí guardado algún fondo de retiro indexado al mercado gringo, les aviso que el viernes cooperaron para pagarle la fiesta a Nvidia sin haberse tomado ni una copa.
  • Amazon (−1,41%): Mucha bodega, cero billete en la bolsa. Se aventaron la gracia de meter 77.300 millones de dólares en inversiones en apenas tres meses, cuando los analistas esperaban bastante menos. Sí, claro, su negocio de la nube creció al 39%, pero crecer quemando billetes de cien dólares lo hace cualquiera. Su flujo de caja de los últimos doce meses quedó en un aterrador hoyo de menos 42.400 millones de dólares. En la mañana la acción llegó a hundirse un 7% del puro pánico, hasta que entraron los despistados de siempre a pescar ofertas.
  • Google (−1,40%) y Meta (−1,53%): La cruda de los gigantes. Google ya venía de un jueves negro terrorífico donde perdió medio billón de dólares en un solo día (sí, con «b» de barbaridad, el peor día de su historia) porque enseñó un boquete en la caja tres veces peor de lo que se calculaba. Y Mark Zuckerberg en Meta no canta mal las rancheras: más de 2.100 millones de dólares en números rojos en el trimestre. Mucho visor futurista, mucha realidad virtual, mucho monito animado, pero la chequera de la empresa ya está sacando chispas.
  • Microsoft (~ −1,5%): El único adulto en la guardería. Fíjense qué maravilla: mientras Google y Meta se desangraban perdiendo 17% y 15% en el mes de octubre, Microsoft terminó el mes ganando lana (+1,78%) y presumió más de 18.600 millones de dólares de flujo de caja positivo. La lección que nos deja no es ninguna física cuántica: el mercado te perdona muchas cosas, pero ya no te tolera que tires la plata a la basura sin tener la menor idea de cuándo la vas a recuperar.
  • Nu Holdings (−3,65%): El susto que venía de Brasil. Lo del viernes en la empresa de la tarjeta morada fue por pura inercia de la corriente. El trancazo feo se lo acomodaron el lunes, cuando se desplomó casi 17%. ¿Por qué? Se reeligió Lula en Brasil, a los mercados locales les dio un ataque de histeria por el gasto público, la bolsa brasileña cayó 18% en la semana y a Nu le tocó pagar los platos rotos simplemente porque allá vive la gran mayoría de sus clientes. Si tu mercado principal tiembla, no hay aplicación bonita que te salve del temblor.

Para que no se me hagan bolas cuando platiquen esto con sus amistades este fin de semana, quédense con estas cuatro conclusiones de sobremesa:

  • El asalto en el mundo cripto: Que no les vengan con cuentos chinos. A la tecnología de Bitcoin nadie le hizo ni un rasguño; la red está intacta. A los que bolsearon fue a Binance, que es una empresa privada común y corriente. Si ustedes dejan su patrimonio en manos de un intermediario sin saber cómo guarda la llave de la bóveda, no se quejen cuando unos hackers norcoreanos se vayan de compras millonarias con sus ahorros.
  • Esto no es el fin del mundo: El Nasdaq cerró su peor mes desde principios de 2025, es verdad, pero las señoras y señores del Dow Jones —empresas de la economía real que venden cosas tangibles que la gente de a pie sí usa todos los días— terminaron octubre en verde. La economía no se rompió; lo que se reventó fue la fantasía infantil de que el dinero era gratis e infinito.
  • La trampa de los índices: Cuando un grupito de cuatro o cinco tecnológicas pesan tanto que mueven a toda la bolsa como si fuera títere, tú juras que estás «diversificando» tus centavos, cuando en realidad tu patrimonio está atado a los caprichos y berrinches de cuatro fulanos que juegan a ser semidioses desde Silicon Valley.

Amigas y amigos lectores, lo que se nos viene: Vamos a ver a muchos directores ejecutivos tragándose su soberbia en las próximas semanas. Se acabaron los discursos mareadores de ciencia ficción. A partir de hoy, o demuestras con números fríos que tus computadoras inteligentes generan más dólares limpios de los que tragan en electricidad, o la bolsa te va a seguir pasando la factura sin ninguna misericordia.

Así están las cosas, queridas mías y queridos míos. El dinero inteligente no desapareció de la faz de la tierra; simplemente le dio flojera seguir pagando berrinches futuristas y decidió regresar a la realidad.

La pregunta que les dejo sobre la mesa: ¿creen que los señores de la tecnología por fin van a entender la lección y se van a apretar el cinturón, o van a seguir quemando billetes en el casino de la inteligencia artificial hasta que no quede un solo centavo?

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