Siempre he pensado que hay cosas que no tienen precio: la pasión por un equipo, el gol en el último minuto, el estadio lleno y ese momento en el que uno está convencido de que este año, ahora sí, nos toca. La ilusión es gratis. El deporte, definitivamente, no.
Hace unos días me puse a revisar algunos números del negocio deportivo mundial y casi se me cae el café. Porque resulta que mientras en México hablamos de las grandes fortunas que representan nuestros clubes, en Estados Unidos hay franquicias cuyo valor hace que nuestros números parezcan, digamos, de otra división.
Si juntamos a algunas de nuestras joyas de la corona —América, Chivas, Rayados y los Diablos Rojos del México— estamos hablando de alrededor de mil millones de dólares. Una cifra nada despreciable.
Hasta que aparece Jerry Jones con sus Dallas Cowboys. La franquicia de la estrella solitaria ronda los 13 mil millones de dólares.

Para que quede más claro, echemos un vistazo al ranking:
Las 10 franquicias deportivas más valiosas del mundo
| # | Franquicia | Liga | Valor estimado |
| 1 | Dallas Cowboys | NFL | ~$13,000 M |
| 2 | Golden State Warriors | NBA | ~$11,000 M |
| 3 | Los Angeles Rams | NFL | ~$10,500 M |
| 4 | New York Giants | NFL | ~$10,100 M |
| 5 | Los Angeles Lakers | NBA | ~$10,000 M |
| 6 | New York Knicks | NBA | ~$9,750 M |
| 7 | New England Patriots | NFL | ~$9,000 M |
| 8 | San Francisco 49ers | NFL | ~$8,600 M |
| 9 | Philadelphia Eagles | NFL | ~$8,300 M |
| 10 | New York Yankees | MLB | ~$8,200 M |
Valores estimados en millones de dólares.
¿Por qué existe semejante abismo financiero? La respuesta no está en si los atletas sudan más o corren más rápido, sino en la arquitectura de un ecosistema que convirtió el deporte en una máquina implacable de monetización. Y antes de que alguien diga que los estadounidenses simplemente tienen mejores equipos, aquí está el detalle: el secreto no está en la cancha, está en el modelo de negocio. Y ahí sí tenemos mucho que aprender.
● Los contratos de transmisión mandan: En las grandes ligas estadounidenses, los derechos de televisión y streaming no se negocian por pedacitos; se firman en paquetes
multimillonarios centralizados que reparten miles de millones al año equitativamente. En México, cada club negocia sus pantallas por su cuenta entre tele abierta, cable y
plataformas dispersas.
Traducido al español financiero: ellos venden el pastel completo; nosotros todavía estamos discutiendo quién se queda con qué rebanada.
Después están los estadios.

● Catedrales del consumo, no solo estadios: El AT&T Stadium o el SoFi Stadium no son únicamente lugares donde se juega. Son auténticas máquinas de entretenimiento. Funcionan durante todo el año, reciben conciertos y eventos, tienen palcos vendidos por largos periodos y generan ingresos mucho más allá del boleto del partido.
Y luego está algo que puede parecer poco deportivo, pero que para un inversionista es música para los oídos: la certeza.
El modelo de franquicias cerradas elimina el fantasma del descenso. El dueño sabe que su equipo no va a perder categoría y que, con ello, no se va a desplomar de un día para otro el valor de su activo.
Eso también tiene precio. Y bastante.
Para entender mejor la distancia entre ambos mundos, basta con ponerlos frente a frente:
El Olimpo global vs. el mercado mexicano
| Mercado | Franquicias representativas | Valor estimado | Comparación |
| Cima Global (NFL / NBA) | Cowboys, Warriors | $11,000 M – $13,000 M | ~35x a 40x frente al top de Liga MX |
| Cima Béisbol Global (MLB) | Yankees, Dodgers | $6,800 M – $8,200 M | ~150x a 180x frente al top de LMB |
| Élite Fútbol Mundial | Real Madrid, Manchester United | $6,000 M – $6,750 M | ~20x frente al top de Liga MX |
| Top Fútbol México | Chivas, América, Rayados | $300 M – $350 M | Referencia nacional |
| Top Béisbol México | Diablos Rojos, Sultanes | $35 M – $55 M | ~10% del valor de un club top de Liga MX |
Los números son bastante elocuentes.
Pero tampoco hay que confundir una diferencia de valuación con una falta de potencial. México tiene algo que vale muchísimo: una afición enorme y profundamente apasionada.

Tenemos clubes históricos, marcas reconocidas, estadios, audiencias y millones de personas dispuestas a pagar por vivir la experiencia de su equipo.
La pregunta es qué hacemos con todo eso.
Porque una cosa es tener aficionados y otra muy distinta es construir una industria capaz de monetizar esa afición durante todo el año.
Ahí está la verdadera diferencia.
El deporte estadounidense convirtió al aficionado en espectador, al espectador en consumidor y al consumidor en parte de un ecosistema comercial gigantesco.
Nosotros todavía tenemos camino por recorrer.

Y quizá ese sea uno de los grandes pendientes del deporte mexicano: dejar de pensar únicamente en cómo ganar el próximo partido y empezar a pensar en cómo construir franquicias que ganen dinero durante los próximos 30 años.
Porque el deporte dejó de ser un simple juego hace mucho tiempo.
Hoy es entretenimiento. Es contenido. Es una plataforma publicitaria.Es un negocio inmobiliario. Es una marca. Y, sobre todo, es un activo financiero.
Así que la próxima vez que alguien me diga que el futbol, el beisbol o el basquetbol son solamente un juego, le voy a pedir que eche un vistazo a estas cifras.
Después podemos seguir hablando de pasión.
Pero primero, hablemos de negocios.
Y ahora sí, la pregunta inevitable:
Si tuvieran la chequera abierta sobre la mesa, ¿qué franquicia comprarían?
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