Esta tercera entrega de Diseñando Impacto que celebra los 10 años de Agenda28 está dedicada a Barakat Bundle, una organización que trabaja para reducir la mortalidad infantil y maternal en el sur de Asia. Su historia es también una de las lecciones más profundas —y más humildes— que hemos aprendido en Agenda28 sobre lo que realmente significa diseñar con impacto.
Por: Valerie Kramis, emprendedora, autora y conferencista mexicana, experta en innovación social. Fundadora de Agenda28
Cuando hablamos de innovar e impacto social, es inevitable no hablar de metodologías de innovación social.
Desde hace décadas, enfoques como Human-Centered Design, Design Thinking, diseño colaborativo o UX han insistido en una idea fundamental: el usuario final importa. Y no solo importa: es el punto de partida, porque cuando olvidamos diseñar con el usuario en mente, los resultados suelen ser desastrosos.
Diseñar centrado en el humano no se trata de hacer investigación secundaria ni de redactar user personas desde una oficina. Es una disciplina mucho más exigente. Implica inmersión, escuchar sin prejuicios, tratar cada idea como una hipótesis —nunca como una verdad absoluta—, prototipar, equivocarse y ajustar. Una y otra vez. Con humildad.
La oportunidad de trabajar con Barakat Bundle en los primeros años de Agenda28 nos dejó aprendizajes tan profundos que, hasta hoy, siguen guiando cada proyecto que hacemos.
Barakat Bundle: innovar para reducir la mortalidad infantil

En 1938, Finlandia enfrentaba una realidad devastadora: 65 de cada 1,000 bebés no sobrevivían. Frente a esa problemática, el gobierno decidió implementar una iniciativa para cambiar el rumbo.
El programa consistía en entregar a las familias un paquete con alrededor de 60 productos esenciales para el cuidado del recién nacido. Lo más interesante es que la propia caja, que incluía un colchón, estaba pensada para convertirse en la primera cuna del bebé.
El programa fue un éxito. En las décadas siguientes, la mortalidad infantil disminuyó de forma significativa y el äitiyspakkaus o paquete de maternidad en español, se convirtió en una tradición nacional que persiste hasta hoy.
En 2013, un artículo de la BBC sobre este programa se volvió viral. De pronto, gobiernos y organizaciones de distintos países quisieron replicar el modelo para reducir la mortalidad infantil; las cajas comenzaron a distribuirse en comunidades de alta vulnerabilidad… pero no siempre con éxito.
En muchos casos, las cajas se humedecían rápidamente en casas sin piso de cemento; los productos incluidos no resultaban útiles y, en el peor de los escenarios, los padres vendían el contenido para obtener dinero.
El problema era evidente: se estaba intentando replicar un programa diseñado para Finlandia —donde la principal causa de mortalidad infantil era la hipotermia— sin entender que las causas, los contextos y las vidas no eran las mismas en cada lugar del mundo.
Barakat Bundle nació con el objetivo de reducir la mortalidad infantil y maternal adaptando la idea finlandesa del paquete para bebés y mamás al contexto del sur de Asia.
Su fundadora, Karima Ladhani, entonces estudiante de Harvard, reconoció rápidamente que el problema que habían tenido otros países no era la intención, sino el diseño. Entendió que antes de implementar cualquier solución, era indispensable pasar por un proceso riguroso de Human-Centered Design. Para ello, decidió trabajar con Agenda28.
Diseñar e innovar con el usuario final en mente

Barakat Bundle se convirtió en uno de los primeros proyectos formales de Agenda28 y en una oportunidad única para poner en práctica las metodologías que tanto habíamos estudiado.
El reto era claro: diseñar una cuna que fuera más que una caja de cartón, que pudiera sobrevivir a la vida diaria en hogares de pobreza extrema y que pudiera producirse a bajo costo.
Comenzamos con una investigación extensa: analizamos tendencias de diseño globales en cunas y productos para bebés, las prácticas de cuidado neonatal, y las principales causas de mortalidad infantil en el sur de Asia. A partir de ahí, desarrollamos tres prototipos que serían probados con usuarios reales en la India.
Uno de esos prototipos nos tenía especialmente entusiasmadas. Inspirado en las últimas tendencias de diseño, era un producto con tres funciones en una: cuna, bañera y cambiador. Además, era plegable, fácil de transportar y económico de producir.
El prototipo fue presentado en Harvard Innovation Labs y en MassChallenge Boston, donde recibió una respuesta muy positiva. Tanto así, que comenzamos a explorar su producción, hasta el punto de viajar a la India con tres prototipos, y convencidas de que uno de ellos sería el ganador. Pero no sabíamos lo que estaba por venir…
Una lección de humildad
El viaje a India estaba planeado para siete semanas. El objetivo era realizar focus groups, entrevistas e inmersiones; después, dejar los prototipos con familias reales y regresar al final del periodo para evaluar cambios en el cuidado de los bebés, y así poder innovar.
El primer día, comenzó con un taller de Human-Centered Design con estudiantes en la Universidad de Ahmedabad, en donde presentamos con orgullo los tres prototipos. Entonces, alguien levantó la mano y dijo: “Ninguno de estos prototipos sirve en la India”.
La afirmación fue contundente. Y rápidamente fue secundada por el resto del grupo.
-¿Cómo? ¿Ninguno?. ¿Pero si estaban basados en investigación, en las mejores tendencias, en alta funcionalidad?-
La respuesta fue simple y devastadora: una cuna que no se mece no sirve de nada.
En comunidades de muy bajos recursos en la India, las madres no ponen a dormir a sus bebés en cunas por la noche. Duermen con ellos abrazados, como una estrategia de supervivencia: para darles calor y para facilitar el acceso a la leche materna.
La cuna se utiliza durante el día, mientras la madre realiza las labores del hogar. Pero si no se mece, el bebé no se duerme. Y si no se duerme, la cuna no sirve.
Aprender esto el primer día de un trabajo planeado para siete semanas fue un balde de agua fría. Y, al mismo tiempo, una de las lecciones de humildad más importantes de la historia de Agenda28.
A partir de ahí, dejamos de aferrarnos a nuestras ideas y empezamos a escuchar. A escuchar de verdad. A sumergirnos en la vida cotidiana de las familias, a entender sus tradiciones, sus miedos y sus objeciones. Porque solo cuando se vive la realidad del usuario en carne propia, se entiende realmente el problema.
Aprendimos que en esa región de India se utiliza tradicionalmente el Ghodiyu: una especie de hamaca que se mece suavemente y calma al bebé con un movimiento que imita el útero. Se utiliza desde el nacimiento hasta los tres años y suele heredarse de generación en generación. Las familias con más recursos tenían Ghodiyus finamente labrados en madera; las más vulnerables, no tenían ninguno.
Poco a poco, también se hizo evidente que muchos bebés en pobreza extrema no usan pañales y que muchas casas no tienen acceso constante a agua para bañarlos. Por lo que nuestro prototipo de tres funciones estaba completamente fuera de lugar.
La decisión fue clara: diseñar un Ghodiyu

Al final, la decisión fue clara: diseñar un Ghodiyu, utilizando materiales locales como bambú, cumpliendo estándares internacionales de seguridad y, sobre todo, que pudiera mecerse.
Esta cuna se acompañó de elementos sencillos, al entender que el 80% de las muertes infantiles en India son prevenibles con intervenciones de salud pública simples, como un jabón para prevenir la diarrea —principal causa de mortalidad infantil—, un mosquitero contra la malaria, un termómetro para detectar fiebre, suplementos de hierro para combatir la anemia en las madres, entre otros.
Ese fue el verdadero giro del proyecto. No diseñar más, sino diseñar mejor. No imponer una solución importada, sino construir desde la realidad de las familias.
Este proceso nos enseñó que el impacto no se mide por la sofisticación de lo que creamos, sino por la profundidad con la que entendemos a quienes lo van a usar.
Aprendizajes que permanecen
La cuna de Barakat Bundle terminó siendo mucho más que un objeto funcional. Se convirtió en un símbolo de confianza. En una razón para que las madres se acercaran a los centros de salud, escucharan pláticas sobre el cuidado del recién nacido y se llevaran a casa algo que valía la pena conservar, cuidar y transmitir.
Hoy, Barakat Bundle celebra diez años de trabajo continuo reduciendo la mortalidad infantil y maternal en el sur de Asia. Pero su mayor legado no es solo lo que ha distribuido, sino cómo decidió diseñarlo.
Para Agenda28, este proyecto marcó un antes y un después. Nos recordó que el verdadero diseño centrado en el humano no se logra desde la distancia ni desde la certeza, sino desde la humildad radical.
No basta con investigar, ni con tener buenas intenciones, ni siquiera con crear soluciones técnicamente impecables. Diseñar impacto exige vivir la realidad del otro, cuestionar nuestras propias suposiciones y tratar cada idea como una hipótesis frágil, siempre dispuesta a ser transformada.
Diseñar impacto, al final, no es crear para otros. Es aprender a diseñar junto con el usuario final.
¿Qué te deja esta historia? ¿Qué ideas tendríamos que soltar para poder diseñar con verdadera humildad? Me encantará leerte en: [email protected]



