El laberinto de los decibelios y la sordera de los políticos: ¿me escuchan?

El laberinto de los decibelios y la sordera de los políticos: ¿me escuchan?

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Quiero que nos dejen dormir, que las autoridades reaccionen ya mismo y regulen los decibelios ante la contaminación sonora que vivimos. Entre el claxon, el camión y el vecino, la CDMX se volvió el festival del ruido 24/7. Y no, subir las multas económicas no alcanza, tal vez la tecnología sea el único oído que no se hace el sordo.

 Si el Nobel de literatura Octavio Paz viviera hoy, quizá escribiría El laberinto del ruido en vez de El laberinto de la soledad, porque la CDMX ya no duerme, no porque sea cosmopolita precisamente sino porque entre el camión con escape libre, la moto tuneada, la construcción de al frente y el claxon que parece más una alarma nuclear, el silencio se ha convertido en un lujo. ¡Percibir un minuto de silencio total de día o de noche en la ciudad, cuesta más que una Birkin!

No importa dónde estés, ya no descansamos profundamente, creo que ya ni llegamos al estado de REM porque la ciudad es sumamente ruidosa; y el problema persiste y persiste afectando nuestra calidad de vida, ¡díganme si no!

Cuando la ley es opcional (y la mordida obligatoria)

En algún momento, “alguien trató de hacer algo” para remediarlo: se implementaron multas, leyes de tránsito y de vialidad, pero se extinguieron… ¡así como respetar al otro!

Supuestamente el Reglamento de Tránsito prohíbe el ruido excesivo, pero todos “le dan el avión”. ¿Por qué no hay suficientes inspectores ambientales o agentes de tránsito dotados con sonómetros para realizar operativos masivos?, ¿por qué la policía de tránsito sigue y sigue en “modo corrupción”, a punta de mordidas y sobornos?, por qué tanta burocracia cuando se denuncia el ruido excesivo y jamás se ven las infracciones?

Entonces, como no hay autoridad ni multas, todo el mundo opera con impunidad. Porque la ley se ha convertido en una sugerencia, en una opción, no en una obligación.

De camiones, coches deportivos, motos y fiestas en la madrugada: el despertador favorito de la CDMX

En casa tuve que poner vidrios dobles, y aveces escucho los camiones de basura, de carga que vienen de Interlomas o de Cuajimalpa; me despiertan en la madrugada con su “grrrrr, grrrrr, grrrrr…” además del humo y del ruido de la campana… (Preferiría que me despertaran con un beso, o con el Claro de Luna de Debussy)

¿Será que los alcaldes Carlos Orvañanos Rea y Romina Contreras están enterados de que los camiones de carga de materiales y cascajos circulan de noche por sus localidades porque sacan o llevan material a escondidas, y por lo tanto deberían exigirle a los policías que los detengan, multen o retengan? ¡Ay no!, seguro que se las arreglan con unas «mordidas»!

 Al caos auditivo se suma el grito herido de “se compran colchones, refrigeradores…”, el de “tamales oaxaqueños, calientitos”, o el silbato de los plátanos fritos y camotes…

Y como si no fuera poco, a la disfonía de la voz de la CDMX se suma el ruido de los escapes de alto rendimiento de ciertas motos (como los populares Yoshimura, Akrapovič Evolution Line, Bassani Radial Sweepers, S&S Slip-On Exhausts y SC-Project CR-T); y el estruendoso motor de pista a máxima revolución de los autos deportivos de lujo que conducen en las noches, “cuando nadie los ve”, pero cuando todos los oímos ¡porque nos despiertan!

No entiendo que sucede porque los escapes modificados de esas motos y coches, que exceden los niveles de ruido deben ser sancionados según el Reglamento de Tránsito (Artículo 38).

Ahora bien, ¿cuando no puedes dormir por culpa de los vecinos, es contaminación sonora? Una amiga que vive en Polanco se ha mudado tres veces por culpa del ruido…

La primera, porque debajo de su edificio había un estacionamiento de camiones que llegaban a descargar mercancía en la madrugada, y cada uno activaban el particular pitido que avisa que están dando reversa: ¡pi, pi, pi!

La segunda y la tercera fueron por culpa de los vecinos de su edificio ubicado en las calles Aristóteles y Lamartine, que llegaban a la madrugada a armar fiesta y peda durante la semana, y no respetaban los decibeles permitidos. Incluso, uno de ellos le dijo alguna vez: “Señora, váyase a vivir a un pueblo porque en Polanco no va a encontrar silencio.” Mi amiga se quejó ante la administración y fue a la alcaldía de Miguel Hidalgo, (típico), pero nada pudo hacer porque “ellos eran propietarios y mi amiga, inquilina.”

¿Fábricas reguladas según la ley o según tus oídos?

 Bueno, ¿y qué sucede con las cementeras, por ejemplo, que producen ruido? Están reguladas?  Supuestamente la Ley Ambiental de Protección a la Tierra se encarga de prevenir y controlar el ruido que generan, estableciendo límites máximos permisibles para emisiones sonoras tanto de fábricas fijas como de móviles. Esta regulación está basada en normas oficiales como la NOM-081-SEMARNAT-1994.

Y entonces, quién vigila y hace que se apliquen estas leyes?

Parece que la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), en cabeza de Julia Álvarez Icaza , a través de la Dirección General de Evaluación de Impacto y Regulación Ambiental (DGEIRA), liderada por Amado Ríos Valdez.

En cuanto a quienes atienden las denuncias ciudadanas relacionadas con ruido, lo hace la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), dirigida por Mariana Boy Tamborrell. Dicha entidad está en su derecho de imponer medidas precautorias y sanciones a los que no cumplan.

Creo que todos los mencionados anteriormente,  están dormidos o son inexistentes porque no hacen nada de nada. ¿Acaso no trabajan?

¿Me escuchan? O el ruido ya los dejó mudos

Bueno, el caso es que toda esta contaminación acústica “que nos tragamos a diario” es un problema de salud pública que nos trae alteraciones de sueño y de descanso, que llevan a más agresividad, más estrés, más ansiedad y más depresión… A ver si nos está leyendo el doctor  David Kershenobich Stalnikowitz , Secretario de Salud…

¿Acaso la solución es aguantarnos “este Laberinto de decibelios” en el que se ha convertido la ciudad, que de lejos supera los estándares internacionales, revelando el complejo entramado de desafíos tecnológicos, regulatorios y sociales al que nos enfrentamos?

Alcaldes de las 16 delegaciones encabezados por la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Clara Brugada: ¿ME ESCUCHAN? O se quedaron sordos por culpa de la polución sonora, de los niveles de sonido perjudiciales que provienen del tráfico, de las industrias, de las construcciones, de la música a alto volumen?

Para qué los límites de ruido de la OMS, si aquí venimos a romper récords

Para contextualizar sobre la gravedad del problema en la Ciudad de México, hay que conocer lo que dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre límites de ruido, basados en la protección de la salud humana.

En zonas residenciales, el ruido equivalente diurno no debería exceder los 55 dB; y para la noche, el límite recomendado es de 45 dB, crucial para que los vecinos puedan descansar. Ahora bien, en áreas de tráfico rodado, recomiendan un nivel de 53 dB, mientras que en escuelas y hospitales aconsejan un nivel no mayor a 35 dB, para facilitar la concentración y el descanso.

Obviamente aquí nadie hace caso a la OMS porque el promedio en la ciudad supera los 80 dB. Rebasamos todos los límites, ¡como siempre!

El daño es silencioso porque nadie habla de las consecuencias de la contaminación acústica…y va mucho más allá de decir que el ruido me molesta.

Mis queridos lectores: tarde o temprano, los altos niveles de decibeles a los que sometemos todos los días nuestros oídos nos van a dañar las células sensoriales del oído interno, ¡y nos vamos a quedar sordos!

Sumémosle a la “receta para la sordera” el estrés constante, el aumento de la presión arterial, los picos de cortisol y adrenalina; la fatiga crónica y la disminución del rendimiento cognitivo y físico de quienes no pueden dormir bien por culpa del ruido.

¿Cómo enfrenta el mundo a las ciudades que rugen?

Pero, ¿acaso somos los que más sufrimos del “mal del estruendo urbano”? Por supuesto que no.  Hay otras peores que nosotros…

Acompáñenme a este viaje por otras de las ciudades más ruidosas del planeta, que además sufren como nosotros de un crecimiento urbano no planificado y de falta de regulación por donde se les mire.

¿Sabías que Dhaka, en Bangladesh, es la ciudad más ruidosa de todas? ¡Sus niveles de decibelios superan los 100 decibelios! Les recuerdo que nosotros vamos en 80…

Y qué decir del caos vehicular, el descontrol en la construcción y alta densidad de población de Mumbai y Calcuta. En El Cairo tampoco la cosa es “color de rosa”, todo por culpa de la planificación urbana que separa las zonas residenciales de las industriales, sumado otra vez al tráfico caótico. Aquí, los decibelios llegan a 90. A a lista se suman Río de Janeiro y Sao Paulo, ambas son de lo más ruidosas, sobre todo por los escapes de las motos y los timbres ring ring, beep beep de las mismas.

Ya les dije al inicio de esta columna que necesitamos más que sanciones,  multas y leyes que no se cumplen, para eliminar el ruido vehicular, el uso indebido del claxón, el ruido en establecimientos y domicilios.  Pagar una multa económica no sirve.

Se que las comparaciones son odiosas pero, ¿y si vemos cómo lo hacen otras ciudades?

En París y Ginebra, por ejemplo, implementaron radares de ruido o «cámaras acústicas»; estos sistemas usan micrófonos para medir el nivel de decibelios de los coches; y cuando estos sobrepasan el límite, pues les toman una foto de la matrícula y emiten una multa de forma automatizada, que te llega a la casa.

O quizás implementar las “zonas tranquilas” como lo ha hecho Londres, y usar»ruidómetros» móviles que permiten a la policía detectar y sancionar a los coches, camiones de carga y transporte público, que cuentan con escapes modificados.

¿Cómo la ven alcaldes y jefa de gobierno? Fíjense que dejando la aplicación de la ley, la regulación y la fiscalización en manos de la tecnología que sí es estricta, sí es constante y no vive de “mordidas”, sí se puede lograr una ciudad armoniosa.  Ya verán que si “le echan ganas”, tendremos un camino hacia la tranquilidad, saludable para vivir; y no solo para ustedes y para sus hijos y amigos, sino de pasadita, para nosotros.

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