martes 5 de marzo de 2024

Piratas: ¿héroes o villanos?

Piratas: ¿héroes o villanos?

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¿Quiénes fueron realmente estos hombres? ¿Eran simplemente criminales de agua salada o estaban motivados por ideales de justicia y libertad demasiado desafiantes para su tiempo?

Por: Ivana von Retteg Nolan Instagram: @ivana_von_retteg y X: @IvanavonRetteg

Valentía, traición y tesoros ocultos. La leyenda de los piratas del Caribe nos ha contado de sus aventuras desde la literatura hasta la pantalla grande; podemos escuchar el chocar de las espadas y el rugido de los cañones, podemos imaginar aquella bandera negra ondeando temible desde lo alto de un mástil al ponerse el sol en mar abierto.

Pero ¿quiénes fueron realmente estos hombres? ¿Eran simplemente criminales de agua salada o estaban motivados por ideales de justicia y libertad demasiado desafiantes para su tiempo?

La era dorada de la piratería

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Crédito: Unsplash

La era dorada de la piratería comienza al término de una guerra de doce años entre Inglaterra y España conocida como La Guerra de Sucesión Española o La Guerra Mundial Cero.

Inglaterra salió victoriosa, España herida y su oro esparcido por los mares del Caribe y, en el medio del caos y los escombros, se gestaba una revolución que cambiaría el curso de la historia para siempre.

Terminada la guerra, aquellos marineros y navegantes que se bañaron en la gloria a través de sus patentes como corsarios eran ahora hombres desahuciados y hambrientos sin propósito de vida y abandonados por la corona en todos los sentidos.

El desempleo era masivo con miles y miles de antiguos mercenarios a la deriva. La Marina Real pagaba tarde y miserablemente, sin un contrato por escrito que pudiera exigir responsabilidad.

Esas eran las reglas, y para estos hombres jugar bajo las reglas sencillamente ya no era rentable. Uno por uno comenzaban a encontrarse como faros en la niebla; Benjamin Hornigold, Charles Vane, Jack Rackham, Stede Bonnet, Edward Teach, Sam Bellamy.

Tenían todo en común; estaban enojados, sabían pelear, sabían navegar y necesitaban mucho, pero mucho dinero que por las buenas no habían recibido y solo quedaban las malas.

El nacimiento de una hermandad de piratas

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Bucanero. Crédito: TheWayofPirates.com

Fue así como una noche de brisa salina en la isla de Nassau, la hermandad nació. Romperían absolutamente todas y cada una de las reglas impuestas por una sociedad injusta y desequilibrada y reescribirían las propias en un código que, sin saberlo todavía y en una lucha por sobrevivir, hizo de estos rebeldes de altamar pioneros en derechos humanos. Democracia, el capitán sería elegido o destituido por los votos de la tripulación.

Paga justa, desde el capitán hasta el grumete el botín sería repartido en partes iguales a excepción del médico, quien sería el único tripulante en ganar poco más.

Compensación monetaria al estilo de un seguro de gastos médicos o seguro de vida, los piratas hacían una indemnización económica ante la pérdida de algún miembro del cuerpo; desde un ojo hasta una pierna, y, si dicho pirata perdía la vida el monto proporcional iría para su familia.

Igualdad social y diversidad cultural, en las palabras del historiador Kenneth Kinkor “la cubierta de un barco pirata era el lugar más empoderador para los afroamericanos dentro del mundo del hombre blanco del siglo XVIII”.

Casi la mitad de la tripulación pirata común estaba conformada por afroamericanos que habrían huido de las fauces de la esclavitud y eran ahora hombres libres con los mismos derechos.

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Pintura de 1920 del último enfrentamiento de Barbanegra contra Robert Maynard en 1718. Crédito: Wikipedia

Toda clase social, preferencia sexual, género y nacionalidad era bienvenido. Derecho al matrimonio homosexual, la sociedad pirata se tomaba tan en serio las relaciones homosexuales que crearon rituales y prácticas legales llamadas “matelotage” donde en una ceremonia la feliz pareja expresaría su voluntad de compartir sus propiedades, derechos sobre las mismas e incluso heredar.

Feminismo, las reinas de la piratería Anne Bonny y Mary Read entre muchas otras, feministas empedernidas y de fiera reputación que desafiaron la sociedad vistiendo pantalones y disparando pistolas bajo la bandera negra.

Se levaron las anclas y los piratas fijan curso al horizonte preparados para asaltar buques españoles y británicos por igual en busca de oro, atacando como un mismo cuerpo bajo los lineamientos de la familia a la que pertenecían. Hazañas extraordinarios, aventuras sorprendentes.

Edward Teach se convirtió en el legendario Barbanegra, Sam Bellamy se convirtió en Black Bellamy y Jack Rackham se convirtió en Cálico Jack.

Piratas: una fuerza imposible de detener

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Crédito: Pexels

Hacia 1717, la piratería había tomado tanta fuerza que la propia corona se reconoció amenazada económica y moralmente, sería una fuerza imposible de detener y es así como un 5 de septiembre el rey Jorge I de gran Bretaña, impulsado por el gobernador de Virginia Alexander Spotswood, ofrece el Acto De Gracia, un perdón real que prometía el indulto a aquellos piratas que se entregasen e inclusive una recompensa por entregar a sus colegas ante la ley.

Para entonces los piratas del Caribe ya disponían de una república perfectamente bien fundada en Nueva Providencia, también conocida como La República de Los Piratas, donde algunos decidieron continuar luchando por sus ideales y otros cedieron con tal de vivir en paz.

Sería imposible decir que los piratas no eran seres violentos capaces de tortura y asesinato, existían en un contexto histórico de sangre e intimidación, como también es justo decir que existieron piratas degenerados y sin honor. Sus métodos no siempre fueron diplomáticos, ¿pero luchaban por una causa equivocada?

 

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