El “Black Friday”: cuando significaba ausencias laborales y no ofertas irresistibles

El “Black Friday”: cuando significaba ausencias laborales y no ofertas irresistibles

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Cuando escuchamos hoy la expresión “Black Friday”, es casi imposible no pensar de inmediato en largas filas a las puertas de grandes tiendas, descuentos espectaculares y el inicio no oficial de la temporada de compras navideñas.

Sin embargo, esta frase tan común en el vocabulario comercial moderno no siempre tuvo el significado que hoy le atribuimos. Mucho antes de que las promociones inundaran los correos electrónicos y los escaparates, “Black Friday” era una expresión que utilizaban policías, administradores y supervisores para describir un fenómeno muy distinto: la oleada de empleados que se reportaban enfermos el día después de Acción de Gracias.

Un origen menos glamuroso

black friday

Durante mediados del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias se celebraba como hoy en día un jueves. Aunque era un feriado nacional, el viernes posterior no lo era, por lo que muchas personas veían ese día como la oportunidad perfecta para extender el descanso, aprovechar para visitar a familiares o simplemente descansar de una semana que ya incluía una jornada festiva.

El resultado era predecible: ausencias masivas. Las empresas y oficinas se encontraban con personal insuficiente, y quienes sí acudían debían compensar la carga laboral. La expresión “Black Friday” era empleada de manera interna para describir la frustración y el caos organizativo que esto generaba. Era, en definitiva, un término laboral, no comercial. En algunos sectores ,sobre todo en fábricas y empresas con producción continua, los supervisores observaban que el ausentismo aumentaba drásticamente ese viernes en comparación con cualquier otra fecha del año.

Aunque oficialmente se declaraban “enfermos”, muchos empleados simplemente buscaban convertir un fin de semana largo en unas pequeñas vacaciones de otoño. Para la administración, gestionar esta situación se convertía en un auténtico reto.

De la ausencia laboral al caos urbano

Otro componente que contribuyó a la transición del significado del término proviene de Filadelfia. A finales de los años 50 y principios de los 60, la policía de la ciudad empleaba la frase “Black Friday” para describir el caos vial y el tumulto que ocurría el día después de Acción de Gracias. Miles de visitantes llegaban para asistir al tradicional partido de fútbol americano entre la Marina y el Ejército, lo que saturaba las calles, dificultaba el tránsito y generaba un desorden considerable.

Los comerciantes de la zona, al principio, detestaban este término porque asociaba negativamente a la ciudad con el descontrol. Incluso intentaron cambiarlo por “Big Friday” (“Gran Viernes”), pero la expresión original ya había calado demasiado, y con los años terminó normalizándose.

Black Friday, la transformación comercial

La transición desde el caos urbano y laboral al concepto de temporada de compras no ocurrió de la noche a la mañana. En la década de 1980, minoristas y grandes cadenas empezaron a ver la oportunidad de convertir ese día —que ya generaba un flujo considerable de personas en las calles— en una jornada dedicada al consumo.

Aprovechando el simbolismo del inicio de la temporada navideña y la disposición de los consumidores a adelantar compras, los comerciantes comenzaron a ofrecer descuentos especiales. Fue entonces cuando las grandes campañas promocionales transformaron por completo el significado del “Black Friday”.

A partir de este momento, el término adquirió una connotación positiva desde el punto de vista empresarial: ventas masivas, aumento de ingresos y un impulso extraordinario para la economía.

Curiosamente, algunos minoristas incluso promovieron la idea, hoy desmentida, de que “Black Friday” se refería al momento en que las cuentas de las tiendas pasaban “de rojo a negro”. Aunque esta explicación es atractiva, no tiene base histórica real, pero sí contribuyó a suavizar y rebrandear un término que originalmente evocaba problemas, no oportunidades.

El impacto cultural y la globalización del concepto

Con la expansión del comercio digital y la influencia cultural estadounidense, el “Black Friday” se globalizó. Países que no celebran Acción de Gracias comenzaron a adoptar la fecha como parte de su calendario comercial.

Esto generó un curioso fenómeno: una festividad que nació de un contexto cultural estadounidense terminó asociándose, de manera independiente, a un evento de consumo mundial.

Hoy en día, el concepto se ha extendido incluso más allá del viernes. Existen campañas que comienzan semanas antes, que continúan durante el fin de semana y que culminan con el “Cyber Monday”, dedicado exclusivamente a compras en línea. Lo que alguna vez fue un simple día de ausencias laborales ahora representa uno de los picos comerciales más importantes del año a nivel mundial.

Un término que revela más de lo que parece

Lo interesante del “Black Friday” es que su evolución refleja cambios profundos en la cultura del trabajo, el consumo y la comunicación. Pasó de ser una expresión de molestia entre supervisores a un símbolo de euforia colectiva por las compras. Su significado se transformó por completo gracias a factores sociales, económicos y mediáticos que resignificaron el término y lo convirtieron en una tradición comercial.

Hoy pocos recuerdan o incluso conocen que en su origen, ese “black” no hacía referencia a ofertas irresistibles, sino al humor sombrío de jefes y policías tratando de manejar el caos posterior al Día de Acción de Gracias.

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