Por: Carolina Riaño
*Escritora, periodista, reportera, storyteller culinaria y docente. Cuento historias sobre el fascinante mundo de la cultura gastronómica, los vinos y los licores. IG @errederiano
¿Paella o Wiener Schnitzel?, ¿bacalhau o peka?, ¿fondue o cuscús? Cuando veo los países que se enfrentarán hoy por los dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, es inevitable pensar en sus fragantes platos tradicionales, enfrentándose cara a cara en la mesa…
Tenemos servido sobre el césped a España vs. Austria, Portugal vs. Croacia y Suiza vs. Argelia. Y aunque muchos de los platos típicos de estos hermosos países no he tenido el honor de probarlos, sí me atrevo a recomendarles dónde he probado los mejores y cómo encuentro perfección en ciertos platos.
Paella o Schnitzel

Comenzando por la paella de marisco de La Llotja en El Nacional, o cualquiera en Casa Benigna en Madrid; eso sí: si voy a ver un partido del Madrid en el Santiago Bernabéu, siempre va a saber mejor, antes y después. Lo que sí tengo claro es que una buena paella, que es considerada como un arte, se mide por la calidad del arroz, del fondo, el punto de cocción preciso y el equilibrio de sabores. Siempre espero sobre mi plato granos enteros, separados pero firmes, con un buen socarrat caramelizado y ligeramente tostado, con ese amarillo dorado, ligeramente ámbar propio de un buen azafrán.
Ahora bien, quien va a Viena y no disfruta de una Wiener Schnitzel de ternera con ensalada de papa en el Figlmüller Schnitzel, considerada «la casa del Schnitzel»; y de una Sachertorte con crema batida sin azúcar y un café vienés en el Café Sacher Wien, se ha perdido uno de los mejores manjares de la capital austriaca.
El tamaño del schnitzel es enorme, extremadamente delgado y sobresale del plato, lo cual considero que es el sello distintivo del restaurante. Además, el empanizado ligero y crujiente hace que el crust quede aireado, estilo «soufflé». En cuanto a la Sachertorte, estamos de acuerdo con que es mucho más que un pastel de chocolate porque su receta cuenta con 200 años de tradición histórica, cuando un joven aprendiz de 16 años, Franz Sacher, tuvo la enorme responsabilidad de preparar un pastel para un banquete organizado nada más y nada menos que por el canciller Klemens von Metternich. Inconfundible su relleno con mermelada de albaricoque y su cubierta de glaseado brillante de chocolate.
Veredicto: ¡gana paella!
¿Bacalhau o peka?

En cuanto a Portugal, siendo honesta, la Casa Portuguesa del Parque Lincoln, con sus preparaciones de bacalhau, nada tiene que envidiarle a un restaurante de Lisboa. Con natas; con papa, cebolla, ajo, aceite de oliva y perejil; desmenuzado con papa paja y huevo: todas son preparaciones reconfortantes y clásicas del país del gran Cristiano Ronaldo.
Sobre la comida croata de la costa de Dalmacia no he tenido el placer de probar; sé que su plato más representativo es la peka, a base de cordero, ternera o pulpo cocinados lentamente bajo una campana de hierro cubierta con brasas; y que se acompaña con papas y vegetales. Pero siempre le voy a Lukita Modrić.
¿Lukita o Cristiano? ¡Gana el bacalhau!
Fondue o cuscús

Ahora bien, ¿a quién no le gusta el fondue?: el símbolo nacional de Suiza, que ejemplifica cómo una receta humilde puede convertirse en ícono; porque su origen se remonta a las zonas rurales de los Alpes en el siglo XVII, cuando en los inviernos pastores y campesinos solo disponían de queso curado, pan duro y vino blanco. De ahí vino la idea de derretirlo en una olla de hierro y sumergir los trozos de pan para así aprovechar los alimentos disponibles. Lo disfruto mucho haciendo una mezcla entre gruyère y raclette, en tanto papas cocidas, pepinillos, salchichas y manzana verde no pueden faltar.
El gran fondue se enfrenta contra el cuscús, de sémola de trigo duro, que se humedece y trabaja hasta formar bolitas que luego se secan. No he probado la versión argelina, pero sí la marroquí y la etíope en un restaurante en Nueva York que no recuerdo, aunque sé que también está presente en estos países. ¿Sabían que este platillo fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la región de Magreb, que comprende Marruecos, Argelia y Túnez? Eso sí: debe estar suelto y jamás grumoso, sentirse ligero en boca y ser cocinado al vapor, para luego ser enriquecido con mantequilla o aceite de oliva. En cuanto a la sazón, me gusta aderezado con azafrán, limón y un toque de jengibre. Me han contado que el cuscús argelino lleva salsa roja a base de jitomate y ras el hanout: una mezcla propia entre comino, cilantro, cúrcuma, jengibre, canela, pimienta de Jamaica, nuez moscada y hasta puede contener 40 especias más.
Me parece que este partido queda a favor del fondue, no cabe duda.
Un delicioso enfrentamiento
Con estos partidos, también me imagino un mano a mano líquido, entre un Albariño y un Grüner Veltliner; un Vinho Verde contra un Malvazija Istarska, uva blanca propia de Istria, en Croacia, con aromas a pera, manzana verde y durazno blanco; o entre aguardientes como el Boukha, a base de higos, contra el Kirsch, de cerezas, secos y aromáticos, ni tan agresivos como la grappa, ni tan neutros como un vodka.
Y de postre, ni hablar: ¿ganarán los churros con chocolate o la Sachertorte?, ¿los pastéis de nata cremosos o una Rožata?, ¿chocolate suizo o un Makroud de sémola relleno de dátiles?
A propósito, tampoco he probado la Rožata, pero quienes lo han hecho me dicen que se asemeja a un flan español, que es una crema firme pero sedosa cubierta con caramelo, aunque con un ingrediente único: el rozolin, un licor elaborado con pétalos de rosa.
En cuanto al fútbol, «la paella» llega como número 2 del ranking FIFA y con una racha invicta de 34 partidos; además, no ha concedido gol en 429 minutos. El riesgo: que el Wiener Schnitzel pueda encerrarse en bloque bajo, tener mucha posesión y dominar el balón. Entonces, ¿acaso ganará España, así sea con pocos goles?
Entre el bacalao y la peka, Portugal y Croacia, la mesa del fútbol se ve más pareja. Portugal está 5.º en el ranking FIFA y Croacia, 11.º, así que deberíamos inclinarnos más por los pastéis de nata, pero no de forma aplastante, porque la Rožata puede competir muy bien en eliminatorias y llevar el partido a tiempo extra.
Por otro lado, el Kirsch suizo es más ordenado que el Boukha argelino, pero este sí que tiene buena defensa. Yo le apuesto a que queda Suiza 2, Argelia 1. Así que el fondue avanza.
Al final, puede que ni acierte el marcador de estos dieciseisavos de final, pero yo siempre voy a sentir que cada Mundial también es una excusa para viajar sin salir de la mesa. Termino con más ganas de hacer la maleta que de mirar el resultado del partido.
Más allá del mítico balón Trionda, hay siglos de historia, familias, tradiciones y recetas que sobreviven generación tras generación. Que en la cancha gane el mejor, pero en la mesa ojalá nunca tengamos que escoger, porque la verdadera victoria está en entender que la gastronomía, al igual que el fútbol, une culturas y despierta emociones que no se juegan en la cancha, pero sí en la mesa.


