viernes 21 de junio de 2024

Un misterio llamado Steely Dan: La banda más grande de las ‘menos famosas’ del rock norteamericano

Un misterio llamado Steely Dan: La banda más grande de las ‘menos famosas’ del rock norteamericano

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Se anunció la remasterización de parte de los nueve álbumes en estudio de la banda Steely Dan,  liderada por Walter Becker y Donald Fagen. Su música desafió las etiquetas convencionales del rock y rock transformó el panorama musical, dejando una huella imborrable en la historia del rock norteamericano. 

Por Jacobo Celnik*

*Escritor, editor, docente, asesor editorial y periodista colombiano. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Ha publicado 11 libros, entre ellos: Melómanos: Historias de una obsesión (2020), El pintor de Auschwitz (2021), y Guerra y Paz en Irlanda del Norte.

FB, IG y Spotify: @jacobocelnik Podcast Sonidos del Mundo 

Cuando salió al mercado Can´t Buy a Thrill en noviembre de 1972, álbum debut de Steely Dan, la prensa no entendió de qué se trataba. Y me refiero, particularmente, a la dificultad que tuvieron los medios para encontrar el adjetivo perfecto que definiera la música de la banda.

El problema estaba en que no era un álbum de hard rock, rock and roll, jazz rock, ni de rock progresivo, pese a ciertos arreglos sofisticados que daban la impresión de ello. Tampoco eran exponentes del pop, el soul o del soft rock, muy popular en aquellos años en Estados Unidos, gracias a bandas como Bread, America, los Doobie Brothers, Blood Sweat & Tears, Seals & Crofts, entre otros.

Y aunque tres canciones de ese álbum debut funcionaron bajo el paraguas del pop rock, había algo en la forma como estuvo concebida la música que generó algunas dudas. ¿Qué era, entonces, Steely Dan y por qué cambiaron el curso del rock?

Si se oye con atención las mediáticas “Only a Fool Would Say”, “Dirty Work” y “Do It Again” (la más exitosa y luminosa del álbum, número 6 en Billboard) por un instante, parece que nos estábamos enfrentando a la evolución del Santana más experimental de Caravanserai, con lo más pop y digerible del segundo álbum de Chicago.

Sin embargo, había algo mucho mas complejo que hacía de la música de Steely Dan algo fascinante: los arreglos imperceptibles del jazz. Y es que las canciones más sonadas del álbum debut se nutrieron del latín Jazz tan de moda en Nueva York en aquellos años.

Antes de seguir leyendo, comparto este playlist  Steely Dan para principiantes , para que lo escuchen en Spotify mientras leen este artículo.

Steely Dan: Historia de Becker y Fagen

A inicios de la década de los setenta, el guitarrista y bajista Walter Becker y el teclista y cantante Donald Fagen formaron el grupo en Nueva York, con la premisa de crear música inteligente, cerebral, arriesgada, sofisticada, con intensas conexiones al jazz de Miles Davis, John Coltrane, Charles Mingus y Herbie Hancock, pero sin alejarse de las posibilidades que ofrecía el rock experimental.

Establecieron una marca que fue complicada de comprender para una crítica que necesitaba todo masticado y masticable, para que el oyente y el lector asimilarán pronto el sentido de su música.

Les sucedió algo similar a los problemas que enfrentaron los artistas que transitaron por estilos como la psicodelia o el rock sinfónico, a finales de los sesenta; y cuyo arte en más de una oportunidad, fue complicado de describir. No me imagino lo que sintió el redactor de NME cuando recibió el álbum debut de King Crimson. ¿Cómo se describe esa amalgama de estilos y sonidos cuando quien escribe no sabe de teoría musical?

La propuesta de Becker y Fagen se remonta a la ruptura de paradigmas en el rock. La nueva década, que empezaba con la inesperada disolución de The Beatles, les mostró a los artistas que el estilo convencional de bajo, batería y guitarra, en tempo de cuatro cuartos; había entrado en unos terrenos fascinantes de exploración con la música clásica y el jazz gracias a los avances en composición, grabación y producción.

Por supuesto que The Beatles dieron el primer paso, como la mayoría de grandes cambios que vivió el rock, pero otros músicos reinterpretaron ese camino. La explicación es mucho más amplia y compleja y se sale del sentido de este artículo. Sin embargo, nos conecta hasta los días de la psicodelia de Sgt. Pepper´s (1967), y la aparición de los artistas que crearon rock sinfónico británico como Procol Harum, The Nice y The Moody Blues.

Con el paso de los años, el rock encontró nuevas y más diversas fuentes para evolucionar. En 1969, King Crimson cruzó la línea y llevó los alcances del sincretismo sonoro mucho más lejos que simples arreglos de Bach en el rock con su majestuoso álbum debut, que de paso creó un nuevo estilo: el rock progresivo. Eso les abrió la mente a los artistas para explorar y experimentar más.

Ahora el jazz con elementos del rock, estaba a la orden del día gracias a Soft Machine, Nucleus y National Health, exponentes luminosos de otro nuevo estilo en el Reino Unido conocido como jazz-fusión. Chicago y Blood, Sweat & Tears en Estados Unidos, también siguieron ese camino.

Becker y Fagen estaban al tanto de la ruptura de fronteras en el rock y parte de esa experimentación fue lo que buscaron en sus primeros discos, sin descuidar lo que la gente quería oír en la radio. Las letras profundas y bien elaboradas, con la canción intelectualmente concebida, fueron el sello de su particular estilo.

Álbumes de Steely Dan

 

Can’t Buy a Thrill fue justamente un gran ejemplo de lo anterior. Parte del encanto de los primeros álbumes musicales del grupo estuvo en los músicos que Fagen y Becker utilizaron: los mejores músicos de sesión, para darle vida a todas las ideas avanzadas que querían desarrollar; muy en la línea de lo que hizo Miles Davis en Kind of Blue, reivindicado a inicios de los setenta con el majestuoso Bitches Brew.

Los primeros cinco álbumes de Steely Dan, no solo cumplieron con la experimentación y la acertada elección de los músicos de sesión. Fueron piezas excelsas de arte que invitaban al oyente a vivir el equivalente a ser testigos de la creación del “David” de Miguel Ángel, perfección absoluta sin trozos sueltos o escarpados que pusieran en duda su grandeza.

Prueba de ello, son las canciones inagotables que siguen haciendo parte de la educación sentimental de toda una nación como“Rikki Don´t Lose that Number”, “Show Biz Kids”, “Any Major Dude Will Tell You”, “Black Friday”, “Your Gold Teeth”, “Bad Sneakers”, “The Fez” y “Kid Charlemagne”; canciones que aparecieron en sus trabajos editados entre 1972 y 1976.

Pero lo mejor estaba por llegar en 1977 con su sexto trabajo, la obra que lo cambió todo, que demarcó los alcances del rock en antes de Aja y después de Aja. Elegir solo una canción del álbum sería como tratar de explicar El jardín de las delicias de El Bosco, haciendo énfasis en solo uno de los detalles del tríptico.

Becker y Fagen se mantuvieron firmes con la idea de utilizar músicos de sesión para moldear sus canciones. Durante las sesiones de grabación del álbum en estudios de Nueva York y Los Ángeles, circularon más de cuarenta músicos, especialmente de la escuela del jazz, además de viejos reconocidos rockeros como Michael McDonald de los Doobie Brothers y Timothy B. Schmit de los Eagles.

Cada una de las siete canciones del álbum rebosan de arreglos y cambios sofisticados en su estructura, que brillan con tal intensidad que impiden ver la totalidad de sus capas y esencia. Y es que no existe un álbum en la historia del rock, que se de el lujo de decir que buena parte de sus momentos memorables fueron ejecutados por músicos como el saxofonista Wayne Shorter o el teclista Victor Feldman, formados con Miles Davis en los años sesenta; bajistas excelsos como Chuck Rainey que trabajó con Aretha Franklin y Quincy Jones; y el supremo baterista Steve Gadd que venía de quintetos de jazz neoyorquinos, y que con los años, se convirtió en pieza clave de las obras de Paul Simon y Eric Clapton.

Justamente Gadd, es el responsable de parte de la genialidad de este disco, por cuenta de un solo doble de batería en la canción que le dio el nombre al álbum y que ha sido elegido por críticos y revistas especializadas como una “gran lección de talento y versatilidad”. Ha sido utilizado, además, en clínicas, simposios y documentos teóricos sobre la batería del jazz. Si quieren saber y comprobar de qué hablo basta con escuchar la canción del minuto 4:42 al 5:02.

Aja: un álbum obsesivo y perfeccionista

Crédito: Amazon.

Aja es un álbum obsesivo y perfeccionista como los dos cerebros que concibieron sus canciones. Ambos, en sus mentes, sabían lo que querían, pero no siempre los músicos de sesión captaron la esencia. De ahí la cantidad de intérpretes que fueron necesarios para los arreglos.

Hay un documental del año 2000, sobre la grabación del álbum, en el que se puede apreciar a Becker rechazar varias veces, la ejecución del solo de guitarra de “Peg”, hasta que el guitarrista Jay Graydon dio en el clavo. Perfección al límite. Y es que un disco con tal nivel de sofisticación, en el auge del punk, difícilmente encajaba en la cultura de masas.

Pero la industria del sonido de alta fidelidad, descubrió en ese álbum una pieza clave para mostrarle a oídos entrenados los alcances de un buen sistema de audio. Y nada de eso hubiese sido posible sin el nivel de exquisitez que lograron Fagen y Becker.

A pesar de todos los puntos luminosos que tiene Aja, no todo fue bueno para los negativos de siempre. Cierto sector de la prensa musical no entendió su concepto. Para muchos, ese álbum amplificó la esencia de las críticas a los trabajos anteriores y creó cierta confusión sobre su obra.

Michael Duffy de la revista Rolling Stone escribió: “Aja seguirá alimentando el argumento de los puristas del rock de que la música de Steely Dan carece de alma y, por su naturaleza calculada, es antitética a lo que debería ser el rock”.

Parte de las críticas feroces al grupo se sustentaban, además, por el abandono del concepto simplista de lo que es una banda estable de rock, por el hecho de preferir dinámicas más asociadas al jazz con cambios constantes en su estructura. Sin embargo, estos argumentos, menores, no lograron sostenerse en el tiempo, a diferencia de un álbum que hoy en día es considerado como una gran lección magistral de creación e ingeniería de sonido y su reedición, tan esperada y anhelada por sus seguidores es prueba de ello.

Tras semejante obra maestra como Ajá, Becker y Fagen se tomaron un año para repensar sus ideas y entender cómo encararían la nueva década.

Gaucho: un álbum clásico de Steely Dan

Crédito: Amazon.

La música disco, la irrupción del punk, el postpunk y el new wave intimidó a más de una banda legendaria. Un ejemplo de esa situación fue la debacle del rock progresivo, del que pocos lograron sobrevivir como Genesis y Yes, que se reinventaron para no morir. Ese no fue el caso de la dupla de Steely Dan que se mantuvo fiel a su estilo. Lo que pasó con el álbum Gaucho en noviembre de 1980 es digno de un tratado.

Para grabar el álbum, Fagen y Becker contrataron a más de cuarenta músicos de sesión. Aparecen entre otros: Mark Knopfler, los hermanos Porcaro de Toto, el saxofonista David Sanborn, Steve Gadd, Michael McDonald, entre otros. Cada uno de ellos contribuyó con aportes esenciales en el resultado final del álbum. Las extensas jornadas de grabación sobreexcedieron el presupuesto asignado por MCA y algunas tensiones entre la disquera y la dupla creativa salieron a flote. Sin embargo, una vez el disco salió al mercado se convirtió en un clásico. Fue nominado a varios premios Grammy, logrando en 1982 el galardón por Mejor Ingeniería de Grabación de música No Clásica.

A pesar de los éxitos y la excepcional calidad musical de canciones como “Babylon Sisters”, “Glamour Profession” y “Hey Nineteen”, el disco no estuvo exento de polémicas por cuenta de una denuncia de plagio de Keith Jarrett.  Argumentó que el tema “Gaucho” era una copia de su memorable “Long As You Know You’re Living Yours” de 1974. La pelea se resolvió incluyendo al célebre pianista en los créditos de la canción.

Gaucho fue un parteaguas en la historia de la música sofisticada de Steely Dan gracias al uso de atmósferas y grooves más cercanos al pop, sin descuidar la influencia del jazz en su música. También supuso una pausa en la historia del grupo por casi veinte años en los que Fagen y Becker se dedicaron a proyectos en solitario y a producir a otros artistas (varios de los trabajos de Fagen son obras maestras como The Nightfly de 1982).

Two Against Nature y Everything Must Go

A inicios de 2000, Fagen y Becker regresaron con Two Against Nature, un álbum fiel a su estilo y fórmula, aunque sin la magia de lo que edificaron entre 1972 y 1980.

El álbum los llevó de gira por Estados Unidos y Canadá del que quedaron algunos registros en vivo en formato Bootleg que han circulado ampliamente. Un último álbum en estudio editado en 2003 (Everything Must Go) selló la suerte de Steely Dan, aunque durante varios años se mantuvieron activos en giras.

En 2017 Becker murió de cáncer, aunque eso no supuso el final del grupo. Desde entonces, Fagen se ha mantenido activo y en giras constantes, manteniendo vivo entre sus seguidores una música maravillosa e irrepetible que merece ser apreciada en vivo, una y otra vez.

La obra de mediados y finales de los setenta de Steely Dan fue fundamental para artistas como Toto (su hijo más legítimo, a mi modo de ver), 38 Special, Ambrosia, Eddie Money, Loverboy, Boz Scaggs, Billy Squire, Serú Girán y parte de la obra de Charly García en solitario, entre otros.

También fueron determinantes para la consolidación de un subgénero conocido como Yatch Rock: un estilo que mezcló R&B, pop y jazz); y para el enfoque que tuvo la obra en solitario de Michael McDonald desde su debut en solitario en 1982. Asimismo, en la música de finales de los setenta de los Doobie Brothers, banda por la que pasó McDonald, también se siente mucho del legado de ese enigma maravilloso llamado Steely Dan. La banda más grande de las menos famosas del rock norteamericano.

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